En la zona de La Junta, ubicada en el norte de la ciudad de Puebla, uno de los principales problemas que denuncian los vecinos y trabajadores es la falta de medidas para regular la velocidad de los vehículos que pasan por el lugar. A su vez, la falta de luminarias que no funcionan de manera correcta detona un problema de delincuencia que se refleja en el robo a transeúntes y la sustracción de autopartes. Reinaldo Gaona de León trabaja en una taquería de la zona y considera que la principal carencia de la colonia es la falta de topes y semáforos, pues asegura que a la hora de la salida de las escuelas, la zona se vuelve un caos y el riesgo de que haya un atropellamiento es latente. Confirmó que sólo el mes pasado, dos niñas que estudiaban en la escuela primaria "Roberto Cañedo Martínez" fueron arrollados por un auto que no bajó su velocidad. La Junta se encuentra en el cruce por la avenida Forjadores y el bulevar Esteban de Antuñano. En el recorrido que hizo esta casa editorial por la zona se comprobó que cruzar las calles es muy complicado, pues el flujo de vehículos privados y del transporte público es constante y sólo existe un puente peatonal. El único puente se encuentra en un estado lamentable, pues las rejas que sirven de protección se encuentran oxidadas y en varios tramos ya fueron destruidas. Al cruzar dicho puente se encuentra una gasolinera que es administrada por Uriel Rivera Pérez. En su caso, el mayor problema que tiene la zona es la indigencia, afirma que al expendio de combustibles se acercan muchas personas sin hogar para ir al baño o sólo a pedir dinero a los clientes. El encargado declara que en ocasiones los indigentes van ebrios y se vuelve peligroso su cruce, pues existe el riesgo que los automovilistas los atropellen. Aunque la gasolinera ha sido atracada en dos ocasiones durante 2016, para el despachador del establecimiento, la delincuencia no es un problema, pues dice que las patrullas ya van más seguido y los ladrones piensan para robar ahí. Caso contrario comparte Vianey Bonfil, dueña de un expendio de productos de limpieza. Su negocio se encuentra del otro lado de la gasolinera y dice que la falta de luminarias hace que al momento de salir del trabajo se vuelva un suplicio, pues señala que los policías se estacionan en la gasolinera, pero nunca se dan la vuelta por las calles de la colonia. Agregó que al registrarse un acto delictivo o choque, los vecinos llaman a las autoridades; sin embargo, éstas se tardan como mínimo 40 minutos en arribar. Junto a la tienda de la señora Vianey vive José Rodríguez; su casa se encuentra frente a la escuela primaria en la que fueron atropelladas las niñas. Esta vialidad sobresale por las líneas peatonales y un tope medio destruido, así como la cantidad de baches. José Rodríguez manifestó su preocupación por las luminarias de esa calle en particular. Dice que cuando el sol se mete eso se vuelve "la cueva del lobo", pues no se ve absolutamente nada y eso ha generado que en tan solo dos años le hayan robado ya tres veces las llantas y el estéreo. Al caminar sobre Forjadores, el panorama no cambia mucho. Debajo del puente vehicular, los grafitis son el lugar común y se puede encontrar a varios indigentes que duermen bajo la vía de comunicación. El camellón de la avenida se encuentra con el pasto bien crecido y la basura se vuelve una decoración frecuente. Los peatones no usan el puente para cruzar y al momento de atravesar la calle tienen que "torear" a los vehículos. Junto a un puesto de periódicos se encuentra un joven checador de tiempos de los camiones que no quiso dar su nombre. Trabaja ahí por las tardes y considera que los problemas de tráfico son los que llegan a desquiciar la zona, culpa al puesto de tacos que hay en la avenida y a la escuela primaria. Afirma que la indigencia es común, pero descarta que las personas en esa situación sean violentas. Declara que lo que urge son agentes que agilicen el tráfico, no obstante, cada cinco minutos va a darle el tiempo a los camiones y en ocasiones se queda platicando con ellos; cuando eso sucede, los automovilistas que se encuentran detrás comienzan a tocar el claxon; sin embargo, a los choferes y al checador poco les importa; el congestionamiento vial se agudiza y los agentes de tránsito nunca se aparecen. |