Lunes 31 Diciembre 2018

Cada año, en los municipios de Tecamachalco y Yehualtepec se lleva a cabo la tradición de la quema del viejito, el cual días previos al fin de año es colgado al exterior de las casas en puertas o techos para que en los último minutos del 31 de diciembre, el muñeco que es rellenado con paja, trapos y cohetes, se le prenda fuego y se quemen los momentos malos que se vivieron durante los 12 meses del año que concluye; para otros, significa despedirse y agradecer por lo bueno y malo.

En entrevista, Alfonso Camacho Rosas, un habitante del municipio de Tecamachalco, señaló que desde niño sus padres le enseñaron a celebrar la llegada del Año Nuevo con este ritual.

Silvestre Becerra Díaz, otro ciudadano, platicó que el viejito simboliza el año que termina y en su familia es más que una tradición, pues cada integrante participa colocando alguna prenda de vestir que ya no usa, pues el objetivo es llegar para el Año Nuevo con prendas nuevas.

Los entrevistados comentaron que antes de la medianoche se tiene que hacer una fogata para comenzar a bailar cada integrante de la familia con el muñeco que estuvo sentado en una silla con una botella de licor al lado y un cigarro; al llegar la hora se rompen las botellas en el asiento y se coloca un nuevo muñeco como símbolo de la llegada del nuevo año que comienza.

En otros municipios también se vive la tradición de la quema del viejito con cantos y poemas, tal es el caso de la junta auxiliar de San Gabriel Tetzoyocan, localidad del municipio de Yehualtepec, donde las familias desde las 20 horas salen a recorrer las calles bailado; la tradición consiste en recorrer 12 casas antes de la medianoche para juntar 12 monedas de la misma nominación que representan cada mes del año.

Rosa María Ortiz Casimiro agregó que se debe colocar desde la mañana del 28 de diciembre y tras quemarlo, la familia se reúne para deleitarse con una cena para festejar el Año Nuevo.