Lunes 07 Septiembre 2026

A un año de haber asumido la rectoría de la Universidad Iberoamericana Puebla, Alejandro Guevara Sanginés se mueve en un terreno donde la academia -o al menos la Ibero, a diferencia de la mayoría de las casas de estudio que han preferido mantenerse al margen- no puede ni quiere ser ajena al estira y afloje del poder.

En el marco de su primer informe de labores, el economista y académico jesuita reflexiona para El Popular, periodismo con causa, sobre la pedagogía ignaciana que promueve la institución -aquella que exige formar mentes competentes pero con corazón y manos abiertas a la realidad-, una fórmula que hoy cobra particular relevancia ante el horizonte electoral de 2027 y la reconfiguración del poder en Puebla.

 

Para Alejandro Guevara, la universidad es un espacio privilegiado para “organizar la esperanza”, pero también una trinchera desde la cual se debe observar de cerca el ejercicio del poder público.

El rector dejó en claro que la universidad no será una espectadora pasiva: vigilará de cerca cada decisión pública, cada proyecto y cada presupuesto que se gestione desde el gobierno estatal y los municipios.

La Ibero Puebla, explica, pondrá el acento crítico directamente en la agenda gubernamental, empezando por la crisis de seguridad y los más de 2,700 desaparecidos en la entidad.

“Entendemos que los índices delictivos han caído, pero la cifra de desaparecidos es muy grande a nivel nacional. Y en Puebla no es insignificante, son 2,700 personas que buscan algún familiar. Nosotros estamos por la labor de denunciar lo que sucede, pero también estamos en el ánimo de acompañar”.

Una postura que incomoda en los pasillos oficiales, pero donde la universidad ha decidido presionar no solo desde la denuncia, sino sirviendo de puente para que el Estado se siente a dialogar con las madres buscadoras.

 

A los grandes problemas estructurales como las personas desaparecidas en el estado, el ordenamiento territorial y el deterioro ambiental de la Cuenca del Atoyac, el economista añade una preocupación central para el futuro cercano de Puebla: el riesgo de un estancamiento económico.

Las señales de alerta en el sector automotriz, particularmente con la situación en la planta de Volkswagen y su efecto multiplicador en la cadena de suministros, exigen, desde su perspectiva, políticas públicas de contención, seguridad jurídica y el fomento urgente de empleo digno, el único mecanismo sostenible para combatir la desigualdad estructural.

“Hay una labor interesante de políticas públicas en decir qué como estado, qué como federación, qué como municipios podemos hacer para fomentar empleos y tiene que ver con temas de infraestructura, de incentivos, de una serie de cosas y de seguridad jurídica. Estamos a tiempo para poner las condiciones para que no sean escenarios peores”, recalca.

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¿Ha percibido un gobierno abierto, sensible y con ganas de cambiar las cosas?

El rector no maquilla la realidad política: la apertura es selectiva, responde cuando se le cuestiona si ha encontrado un gobierno abierto o cerrado en su primer año al frente de la Ibero Puebla.

 

Explica que mientras en algunos temas hay disposición al diálogo, en aquellos proyectos que la administración estatal considera prioritarios o “de mucha defensa” la cerrazón se impone.

El caso del cablebús es el mejor ejemplo. Aunque el gobierno intentó proyectarlo como una obra estrella, la Ibero Puebla cuestina su costo-efectividad y demuestra con argumentos técnicos que ampliar la línea 2 del metrobús ayudaría a más gente con el mismo dinero, exigiendo transparentar los estudios de impacto ambiental que las autoridades han mantenido bajo reserva.

“Celebro que el gobierno invierta recursos en el tema de movilidad, que es muy importante en Puebla. El cablebus es una solución de muchas otras que hay, es una solución que puede ser efectiva, pero, por ejemplo, ampliar la ruta 2 del metrobus es mucho más costo efectivo y apoyaría con el mismo dinero a mucha más gente. Es algo que queremos poner sobre la mesa”, asegura.

Un proceso electoral viciado desde el origen

Frente al escenario político que ya comienza a dibujarse rumbo a 2027, el rector advierte sobre los peligros de un proceso viciado desde el origen. La proliferación de bardas pintadas, lonas colgadas y campañas adelantadas en la entidad es, a su juicio, una “mala señal” que atropella la equidad.

La democracia formal en Puebla, sostiene, requiere con urgencia regresar a los principios básicos: un piso parejo donde lo que gane sean las propuestas, el debate riguroso y no la simulación ni el despliegue de dinero.

“Si quisiéramos construir una sociedad más democrática, más plural… debe haber piso parejo y que ganen verdaderamente las propuestas y no el dinero metido en las campañas ni la anticipación ni tener campañas simuladas”, asegura.

Cuando se le cuestiona sobre los riesgos de un partido hegemónico y la falta de contrapesos al gobierno en turno, Alejandro Guevara apela a la analogía de los tiempos del PNR y el PRI: en un escenario donde una sola fuerza concentra el poder, las verdaderas pugnas terminan dándose al interior de la estructura dominante, entre los distintos grupos y corrientes de pensamiento.

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¿Las universidades están llamadas a asumir el rol de verdadero contrapeso social en Puebla?

Ante el vacío de contrapesos tradicionales, surge la interrogante sobre el papel de las universidades como un contrapeso social en la entidad.

El rector es categórico al desmarcar a la Ibero Puebla de cualquier pretensión partidista, pero reafirma de forma tajante su vocación crítica y propositiva. La universidad no busca ocupar el rol de un partido, aclara, pero sí el de ser una casa con las puertas abiertas para señalar las injusticias y poner la evidencia científica al servicio del bien común.

“La universidad tiene una función social, de denunciar las injusticias, de dar su voz crítica, de contribuir con lo mejor del análisis académico a lo que está viendo. No es el rol de la universidad ser un partido político”, aclara el economista.

Esa firmeza para opinar no ha sido gratuita. Alejandro Guevara reconoce abiertamente que mantener una postura valiente y crítica frente al poder en distintas épocas le ha cobrado facturas a la universidad, pero es un costo institucional que asumen con convicción bajo la premisa de que “la verdad nos hará libres”.

 

Por último, para la juventud -atrapada entre la hiperconexión digital, la soledad y cierto desencanto por la política tradicional-, el mensaje del rector se sintetiza en un llamado a no perder la capacidad de transformar la realidad y a mantener la convicción de que un mundo mejor es posible.

“Chicos y chicas, crean -al igual que yo-, que un mundo mejor es posible. Tengamos esperanza y un mecanismo muy importante de ser mejores personas, de realizarse interiormente, contactando con su espiritualidad, pero también con la alegría de la vida y si pretenden ser gente competente, exitosa, para transformar el mundo, vayan a la universidad”.