Carmen Arlene Castillo Flores recuerda las palabras que una madre le dijo hace años, cuando le agradeció la atención que recibía su hijo en el Círculo Infantil de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Después de 21 años como educadora, ha acompañado a distintas generaciones de niñas y niños durante sus primeras etapas de desarrollo.
Su trabajo transcurre entre lactantes y maternales, donde las actividades cotidianas incluyen desde la alimentación y el aprendizaje del lenguaje hasta los primeros pasos. Para sus familias, ese tiempo representa también la posibilidad de cumplir una jornada laboral mientras sus hijos permanecen bajo el cuidado de personal especializado. El Círculo Infantil de la BUAP atiende actualmente a alrededor de 300 menores, desde los 45 días de nacidos hasta los seis años, de acuerdo con su directora, Margarita Trujillo Landa. La institución cuenta con 93 trabajadoras y ofrece un horario de servicio de 7:00 a 17:30 horas, diseñado para atender las necesidades del personal académico y administrativo universitario.
El modelo tiene dos componentes. Por una parte, constituye una prestación laboral que permite a las familias distribuir las responsabilidades del trabajo y la crianza. Por otra, desarrolla un programa educativo con actividades adaptadas a las distintas etapas de la primera infancia, apoyado por servicios médicos, nutricionales y psicopedagógicos. De una necesidad de las trabajadoras a una prestación universitariaLa historia del Círculo Infantil comenzó en el Hospital Universitario de Puebla, donde las necesidades de cuidado de las hijas e hijos de trabajadoras universitarias dieron origen a un espacio de atención infantil.
El 30 de abril de 1975 se formalizó el Círculo Infantil de la Universidad Autónoma de Puebla. La institución inició sus actividades con influencia del modelo educativo cubano y posteriormente incorporó otros planteamientos pedagógicos. En 1984 adoptó el currículo HighScope como base de su programa educativo. También puedes leer: Desde el Congreso, Luis Figueroa pide abrir guarderías en universidades “El Círculo Infantil es un servicio educativo que está orientado para los hijos e hijas de los trabajadores universitarios. Es una prestación contractual”, explicó la directora Margarita Trujillo Landa.
La directora explicó que pueden presentar solicitudes tanto trabajadores administrativos como académicos, incluidos docentes por horas que cumplan los requisitos establecidos en la convocatoria. Según Trujillo Landa, desde hace más de cuatro años, como parte de las políticas de la rectora Lilia Cedillo Ramírez, se ha conseguido asignar un espacio a todos los menores cuyos familiares han solicitado ingreso.
El esquema incluye alimentación, actividades educativas y acceso a atención médica, nutricional y psicopedagógica. Su horario permite que los menores permanezcan en las instalaciones mientras sus familiares desempeñan sus labores universitarias.
Para Juan Carlos Leal, trabajador de la Dirección de Administración Escolar, ese aspecto ha sido determinante. Su hija ingresó cuando tenía seis meses y actualmente cursa preescolar.
El trabajador explicó que tanto él como su esposa laboran en la BUAP, aunque sus horarios no siempre coinciden. La disponibilidad del Círculo Infantil les permite organizar quién lleva y recoge a su hija, sin depender exclusivamente de familiares.
La situación es parecida para Mayra Sánchez Cruz, académica de la Facultad de Ciencias Químicas y madre de un niño que egresó del Círculo Infantil. En su experiencia, el horario extendido le permitió cumplir sus actividades laborales. Al incorporarse su hijo a una escuela particular, identificó diferencias en los servicios incluidos y en los gastos que debía asumir.
Además, señaló que ahora debe preparar los alimentos que anteriormente recibía su hijo dentro del Círculo Infantil.
También puedes leer: STU BUAP, el gigante de la movilidad que conecta, cuida y mueve a más de 15mil estudiantes diario Un modelo educativo que comienza desde los primeros mesesLa atención de los menores en el Círculo Infantil está organizada a partir del currículo HighScope, una metodología de aprendizaje activo que permite a los niños participar en la selección de materiales y actividades, interactuar con su entorno y reflexionar sobre sus experiencias. Este modelo surgió en Estados Unidos durante la década de 1960 y posteriormente se incorporó a distintos sistemas de educación inicial. La BUAP lo adoptó en 1984 y lo mantiene como base de su programa pedagógico.
Uno de sus componentes es el periodo de elección, durante el cual los menores deciden qué materiales utilizarán y qué actividades realizarán. Las educadoras intervienen para acompañar ese proceso, favorecer las interacciones y orientar el aprendizaje.
En el área de lactantes y maternales, las actividades se adaptan a las necesidades de cada etapa. El personal educativo trabaja aspectos relacionados con la comunicación, el movimiento, la exploración del entorno y el reconocimiento de rutinas.
Castillo explicó que el acompañamiento requiere observar los avances individuales de cada menor, identificar sus necesidades y establecer actividades que permitan continuar su desarrollo.
Conforme los niños avanzan hacia preescolar, la rutina incorpora actividades grupales y ejercicios de mayor autonomía. El programa contempla música, danza, expresión corporal, psicomotricidad, cultura física e inglés, además de las actividades pedagógicas dentro del salón. Andrea Soriano Soriano, educadora titular de tercero de preescolar, explicó que uno de los principios del modelo consiste en compartir con los menores las decisiones sobre el desarrollo de su jornada.
Las actividades también consideran las distintas formas de aprendizaje y crianza con las que los menores llegan a la escuela. Soriano señaló que el trabajo del personal docente incluye establecer acuerdos de convivencia y promover el respeto entre los integrantes del grupo.
En ese proceso, las familias participan mediante reuniones y comunicación constante con las educadoras. La sección de preescolar cuenta, además, con reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública. Al concluir tercero, los menores reciben la documentación correspondiente para continuar su formación en primaria. También puedes leer: Generaciones fitness: así entrenan hoy las juventudes universitarias Los resultados desde la experiencia de las familiasMayra Sánchez Cruz observó cambios en el desarrollo de su hijo durante los tres años que permaneció en el Círculo Infantil. De acuerdo con su testimonio, egresó con habilidades de lectura y escritura y logró incorporarse a primaria sin mayores dificultades.
Isis López, trabajadora de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de la BUAP, también tuvo a sus dos hijos inscritos desde maternal. En su caso, destacó la autonomía adquirida por los menores, así como su capacidad para relacionarse con otras personas.
López señaló que, al ingresar su hija a primaria, pudo observar su disposición para comunicarse con los docentes y pedir ayuda cuando la necesitaba. Salud, alimentación y seguridad dentro de la jornadaEl Círculo Infantil incorpora servicios especializados que acompañan las actividades educativas. Cada mañana, los menores pasan por un filtro de salud antes de incorporarse a sus salones. El procedimiento está a cargo de personal médico y de enfermería, que revisa sus condiciones al momento del ingreso. Cuando se identifican síntomas de enfermedad, el personal puede canalizar al menor a consulta dentro de las mismas instalaciones. Según la directora, la atención también permite proporcionar una receta médica que las familias pueden utilizar en las farmacias universitarias, conforme a sus prestaciones.
Para Juan Carlos Leal, la disponibilidad de ese servicio forma parte de las razones por las que considera seguro el espacio donde permanece su hija.
La alimentación está supervisada por personal de nutrición. Los menores reciben desayuno, comida y colaciones, de acuerdo con los horarios y las necesidades de cada etapa.
La institución realiza seguimiento trimestral de peso y talla, además de ajustes en los menús cuando existen necesidades alimentarias específicas, como alergias o intolerancias. Trujillo Landa informó que el servicio de comedor cuenta con el Distintivo H, relacionado con las prácticas de higiene en el manejo de alimentos. También señaló que la institución dispone de protocolos de protección civil y un sistema contra incendios. Otro componente es el Departamento de Psicopedagogía, que proporciona acompañamiento a menores con distintas necesidades de desarrollo y aprendizaje. De acuerdo con la dirección, el servicio atiende también a niños con autismo, síndrome de Down y otras condiciones que requieren apoyos específicos.
La atención especializada representa una diferencia respecto de esquemas de cuidado que requieren que las familias contraten estos servicios por separado.
El cuidado también se construye en el aulaLas responsabilidades del personal educativo incluyen acompañar a menores durante varias horas del día, atender sus necesidades y mantener comunicación con las familias. En el caso de los lactantes, buena parte del trabajo consiste en observar las primeras formas de comunicación y responder a sus necesidades de atención. Carmen Arlene Castillo considera que los avances de los menores pueden identificarse incluso antes de que comiencen a hablar.
Andrea Soriano, quien ha trabajado durante años con generaciones de preescolar, explicó que la convivencia cotidiana también produce vínculos entre educadoras y estudiantes.
“Yo paso ocho horas con sus pequeños”, señaló al explicar la relación que establece con las familias y la responsabilidad compartida durante el ciclo escolar. Ese acompañamiento continúa en la comunicación con madres y padres. Las educadoras informan sobre las actividades realizadas, las dificultades observadas y los avances de cada menor. |