Puebla es un territorio lleno de riesgos, pero no de precauciones

Solo 38 de los 217 municipios del estado de Puebla cuenta con un Atlas de Riesgos, herramienta útil para prevenir desastres.

Puebla es un territorio lleno de riesgos, pero no de precauciones. Lo primero es una situación inevitable, cualquier lugar en el mundo se encuentra expuesto a múltiples amenazas de origen natural o antropogénico —derivadas de las actividades humanas— que pueden provocar en el momento menos esperado un desastre; pero lo segundo es una clara falla y omisión por parte de los gobiernos estatal y municipales.

Aunque la labor de estos últimos —a través de sus respectivas áreas de protección civil— también consiste en actuar para salvaguardar la integridad de las personas una vez que ocurre un desastre, su principal tarea es prevenir y disminuir los riesgos por dichas amenazas a los que están expuestos los pobladores de un lugar.

Para esto se requiere de instrumentos como los Atlas de Riesgos, los cuales le ofrecen a las autoridades encargadas del ordenamiento territorial y la planeación urbana una visión sobre las amenazas presentes en un territorio. 

Esto para tener en cuenta que en esas zonas construir una edificación o establecer un asentamiento humano puede representar múltiples riesgos.

Puebla carece de esos instrumentos de prevención, y no porque no exista la necesidad o porque falten los recursos humanos o económicos, sino por falta de voluntad política

En el estado menos del 20 por ciento de los municipios cuenta con un Atlas de Riesgos —y la mayoría de estos desactualizados—, pese a ser un instrumento indispensable para que la población habite un lugar de la manera más segura posible.

 

En Puebla las amenazas no sólo son naturales, también son antropogénicas

Según el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), una amenaza es un “peligro latente que representa la probable manifestación de un fenómeno físico [...] que se anticipa puede producir efectos adversos en las personas, la producción, la infraestructura y los bienes y servicios”.

Cuando una amenaza deja de ser un riesgo y se manifiesta en un territorio se convierte en un desastre. La dimensión de este último puede variar entre región y región, pues su impacto depende del grado de vulnerabilidad socialeconómica medioambiental que enfrente el lugar; y claro, de la importancia que las autoridades locales le otorguen a las medidas de prevención.

Existen tres tipos de amenazas, señala la Doctora en Geografía y Maestra en Ordenamiento del Territorio Lorena Cabrera Montiel: las naturales —surgidas de las condiciones geológicas y meteorológicas—, las antropogénicas —generadas a partir de las actividades humanas— y las mixtas —casos en las que las dos primeras convergen—.

Dentro de las antropogénicas, apunta la especialista, también se considera la intencionalidad. Una amenaza antropogénica intencionada puede ser un acto bélico o un acto de terrorismo; una no intencionada puede ser un incendio o una explosión derivada de una falla tecnológica en una planta nuclear o en una refinería de petróleo. 

Por otro lado, una amenaza mixta puede ser un accidente vial en medio de una fuerte tormenta, en el que se pueden conjuntar los riesgos de esa condición meteorológica desfavorable y la imprudencia de los automovilistas al conducir.  

Debido a las diversas características geológicas y meteorológicas en su territorio, Puebla es un estado expuesto a varias amenazas naturales: sismos, inundaciones pluviales y fluviales, erupciones volcánicas, deslizamientos de laderas, tormentas de granizo, sequías, heladas, hundimientos, tornados, ciclones tropicales, entre varios más.

Algunos de estos fenómenos naturales están más presentes o tienen un mayor impacto en unas regiones que en otras.

Por ejemplo, de acuerdo con el estudio “Riesgos y peligros regionales por fenómenos naturales” —realizado por el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal (IGAVIM)—, los sismos tienen un mayor impacto en municipios que forman parte de las regiones de Tehuacán y Sierra NegraValle de Atlixco y Matamoros y la Mixteca.

Pero las amenazas a las que está expuesta Puebla no son únicamente naturales, también hay varias antropogénicas

Al respecto, el IGAVIM resalta en su análisis los incendios forestales, el almacenamiento de sustancias inflamables, la presencia de empresas de alto riesgo, el robo de gas o de combustible y la contaminación del agua, del suelo y del aire.

Cabrera Montiel agrega a ese tipo de amenazas las condiciones de inseguridad que se viven en el estado, la presencia del crimen organizado, los riesgos viales e incluso la desmedida expansión urbana.

Al igual que con las amenazas naturales, con las antropogénicas también hay zonas en las que tienen un mayor impacto. En ese sentido, el estudio antes citado refiere que en la entidad las regiones en donde existe un mayor riesgo de que ocurra un incendio forestal son las de Sierra NorteSierra Nororiental Angelópolis.

 

Identificar los riesgos para prevenirlos

Los riesgos en un lugar se agravan cuando en el mismo existen condiciones de vulnerabilidad, asegura Lorena Cabrera; cuando, por ejemplo, en un lugar la población enfrenta un alto grado de marginación social o económica, cuando no tiene acceso a la salud, a la educación o a los medios de comunicación.

Asimismo, cuando no puede acceder a una casa con materiales resistentes o cuando esa edificación se encuentre establecida en una superficie inestable o peligrosa, cuando en un lugar no hay una adecuada planeación urbana o cuando no existen los instrumentos necesarios para la gestión y prevención de riesgos; de ahí la importancia de que en un territorio se puedan identificar esas vulnerabilidades a través de instrumentos como los Atlas de Riesgos.

Estos instrumentos, dice Cabrera Montiel, sirven para identificar las problemáticas, las dinámicas territoriales y los fenómenos que pudieran ocurrir en una demarcación; esto para que las autoridades puedan tomar las decisiones adecuadas, no sólo en el momento de los desastres, también para prevenirlos. 

Dicha Gestión Integral del Riesgo, explica la también coordinadora de la Especialidad en Gestión Integral del Riesgo de la Universidad Iberoamericana Puebla, está compuesta por varias etapas:  la prevención, la identificación de los riesgos, la evaluación de las posibles amenazas, las proyecciones de los riesgos y las probables formas de actuación y de reconstrucción que podrían surgir. 

A pesar de la importancia de este instrumento, Puebla presenta un claro déficit en los Atlas de Riesgos municipales. De acuerdo con el IGAVIM, sólo 38 de sus 217 municipios cuentan con ese instrumento —la mayoría de estos desactualizados—.

El Atlas Nacional y el Atlas Estatal de Riesgos contienen información acerca de las amenazas presentes en los municipios poblanos —el IGAVIM se basó en el documento nacional para realizar el estudio sobre los peligros regionales—; sin embargo, esa información es insuficiente, pues no se muestra tan a detalle como en una versión municipal, menciona Lorena Cabrera.

Por otra parte, varias legislaciones estatales en México establecen que dicho instrumento se debe actualizar al menos cada tres años —algunas incluso reducen ese periodo a un año o a seis meses—; en Puebla la mayoría de los Atlas de Riesgos municipales existentes rozan los 10 años.

Actualizar este instrumento es fundamental, pues en los últimos años ha habido una evolución en los contenidos, cada vez se consideran más elementos y conceptos, afirma Cabrera Montiel.

Si vemos los Atlas de hace 10 años algunos no consideran la identificación de amenazas antropogénicas. Y si vemos algunos más recientes, de a lo mejor hace cinco años, ya lo consideran. Los primeros se centraban mucho en las amenazas naturales, en las que tiene que ver con las condiciones hidrometeorológicas y geológicas”.

Los Atlas de Riesgos, subraya la especialista, deben ir de la mano con otros instrumentos de ordenamiento territorial planificación urbana, como los Planes de Desarrollo Urbano Municipal, -deben ser paralelos-, para tener una visión y gestión completa de la dinámica territorial.

En ese sentido, la entidad poblana también presenta un panorama desalentador. Según el estudio ¿Planeación urbana sin riesgos? Una moda deficiente del IGAVIM en la entidad sólo 11 de los municipios que cuentan con un Atlas de Riesgos tienen un Plan de Desarrollo Urbano Municipal. 

Para elaborar un Atlas de Riesgos se requiere de un conocimiento técnico de profundidad de las diversas áreas involucradas. 

Es una labor compleja, refiere Lorena Cabrera, pues al considerar varios tipos de amenazas y factores requiere de un trabajo interdisciplinario y multidisciplinario, con la participación de geólogos, meteorólogos, sociólogos, antropólogos, entre otros tantos especialistas.

Aunque es una tarea complicada, no es imposible, y mucho menos cuando se cuentan con los recursos suficientes, enfatiza la especialista: "Profesionales sí hay, la necesidad sí existe y dinero también hay, lo que falta es voluntad política".

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