Jueves 08 Enero 2026

Aunque enero tiene los mismos 31 días que otros meses del año, para una gran parte de la población se percibe como más largo, pesado y emocionalmente demandante. Especialistas en psicología, economía y ciencias sociales coinciden en que esta sensación no es fortuita, sino resultado de una combinación de factores cognitivos, financieros y contextuales.

El impacto del regreso abrupto a la rutina

Tras un diciembre marcado por vacaciones, celebraciones y una reducción de la carga laboral, enero implica un retorno inmediato a horarios estrictos y responsabilidades acumuladas.
La Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha señalado en diversos análisis sobre estrés laboral que los cambios bruscos de rutina alteran la percepción del tiempo, haciendo que los días se vivan como más largos y exigentes.

Este fenómeno ocurre porque el cerebro requiere un periodo de adaptación ante nuevas demandas, lo que incrementa la conciencia del paso del tiempo y la sensación de desgaste.

La cuesta de enero y el estrés financiero

A la carga emocional se suma la presión económica. Deudas acumuladas por gastos decembrinos, pagos pendientes y ajustes de precios caracterizan la llamada cuesta de enero.
De acuerdo con análisis de economía del comportamiento difundidos por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, la preocupación constante por la estabilidad financiera incrementa los niveles de ansiedad, lo que influye directamente en la percepción temporal.

Cuando el estrés económico es alto, las personas tienden a experimentar los días como más largos debido a un estado de alerta permanente.

Menos estímulos sociales y clima adverso

Enero también se distingue por la ausencia de festividades relevantes y una reducción de actividades recreativas. A ello se suman factores como el clima frío y los días más cortos.
La American Psychological Association (APA) ha documentado que la monotonía y la falta de estímulos positivos disminuyen los “marcadores emocionales” que ayudan al cerebro a organizar el tiempo, provocando la sensación de lentitud.

La presión simbólica de los propósitos

A diferencia de otros meses, enero concentra una fuerte carga simbólica: es el inicio del año y el momento de cumplir propósitos. Especialistas advierten que la autoexigencia temprana —bajar de peso, ahorrar, cambiar hábitos— puede generar frustración desde las primeras semanas, reforzando la sensación de cansancio y prolongación del mes.

No es el mes, es el contexto

Desde el punto de vista científico, enero no dura más. Lo que cambia es el entorno emocional, económico y social en el que se vive.

Estrés financiero, regreso abrupto a la rutina, menor convivencia social y presión por cumplir metas convergen para que, año con año, enero se perciba como el mes más largo del calendario.

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