Miércoles 04 Febrero 2026

En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero, especialistas advierten que existen diversas sustancias y alimentos de consumo cotidiano que contienen componentes vinculados con un mayor riesgo de cáncer, muchos de los cuales pasan desapercibidos en la dieta diaria. En la mayoría de los casos, el peligro no radica en el alimento en sí, sino en su procesamiento, método de cocción, conservación o en los aditivos que se utilizan durante su elaboración.

Uno de los riesgos menos conocidos son las aflatoxinas, toxinas generadas por hongos que proliferan en cultivos como maíz, cacahuate y frutos secos cuando se almacenan en condiciones de humedad. Estas sustancias no solo afectan a los granos; de hecho, si el ganado consume alimento contaminado, las toxinas pueden trasladarse a la leche y productos lácteos, representando un riesgo adicional para la salud humana.

Otro foco de atención son las carnes procesadas y embutidos. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica productos como jamón, salchichas y tocino como cancerígenos para los humanos (Grupo 1). El riesgo se asocia principalmente con el uso de nitritos y nitratos como conservadores, que dentro del organismo pueden transformarse en nitrosaminas, compuestos con potencial cancerígeno.

La forma de cocción también influye. Alimentos ricos en almidón o proteínas que se tostan, fríen o asan a temperaturas muy altas pueden generar sustancias como la acrilamida o los hidrocarburos aromáticos policíclicos. Las partes muy oscuras o quemadas de panes, papas fritas y carnes a la parrilla concentran estos compuestos, considerados de riesgo cuando su consumo es frecuente.

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A estos factores se suman ciertos aditivos y colorantes utilizados en la industria alimentaria. El aspartame, presente en refrescos de dieta y chicles, fue clasificado como posiblemente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Rojo No. 3, usado en golosinas y cerezas en almíbar, ha sido vinculado con tumores en estudios con animales, mientras que el bromato de potasio, empleado para mejorar la textura del pan, ha generado preocupación por su potencial carcinogénico.

Finalmente, los envases y recipientes de plástico representan otro riesgo silencioso. Sustancias como el Bisfenol A (BPA) pueden migrar a los alimentos o bebidas, especialmente cuando los plásticos se calientan en microondas o se exponen a altas temperaturas, incrementando la exposición a compuestos asociados con alteraciones hormonales y cáncer.

Especialistas coinciden en que la clave no es eliminar de forma radical estos productos, sino reducir la exposición, mejorar las prácticas de almacenamiento y cocción, y fomentar una alimentación más fresca y menos procesada, en línea con los llamados a la prevención que se refuerzan cada Día Mundial contra el Cáncer.