Viernes 20 Febrero 2026

En un relato que rompe con la idea de que la ciencia nace solo en los laboratorios y en las ciudades, María Elena Hernández Hernández, académica de la Facultad de Medicina de la BUAP y originaria de Xolotla, Pahuatlán, una comunidad de la Sierra Norte de cerca de 2500 habitantes, comparte su historia. 

En entrevista para El Popular, periodismo con causa, habla de su trayectoria marcada por la valentía de salir de una comunidad indígena, desafiar normas de género y persistir en un sistema educativo históricamente excluyente, que coloca a las mujeres indígenas no como excepción, sino como protagonistas indispensables en la construcción del conocimiento científico.

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La catedrática relata que su camino hacia la ciencia comenzó con una decisión temprana y compleja: salir de su comunidad a los 15 años para continuar sus estudios ante la inexistencia de bachillerato en su localidad.

Salí de mi pueblo desde muy joven, 15 años, porque cuando terminé la secundaria todavía no había bachillerato en mi comunidad”,

Explica durante la entrevista y recuerda que su traslado implicó enfrentar resistencias familiares y normas sociales que históricamente han limitado el acceso de las mujeres a la educación.

María Elena Hernández Hernández, académica de la Facultad de Medicina de la BUAP, recibió la Medalla al Mérito Mujer Indígena 2025, en la categoría de Investigación en Ciencia Básica y Humanidades, otorgada por el H. Congreso del Estado de Puebla
María Elena Hernández Hernández, académica de la Facultad de Medicina de la BUAP, recibió la Medalla al Mérito Mujer Indígena 2025, en la categoría de Investigación en Ciencia Básica y Humanidades, otorgada por el H. Congreso del Estado de Puebla

La doctora subraya que su salida no fue un abandono, sino un compromiso personal.

Salgo del pueblo con ese compromiso moral de poder terminar”, señala que el apoyo de personas cercanas fue clave para dar ese primer paso.

Mujer, indígena y estudiante: romper las reglas para continuar

Hernández Hernández reconoció que su trayectoria estuvo marcada por una triple condición de desigualdad: ser mujer, indígena y provenir de una comunidad con limitaciones económicas. 

“Ser mujer y luego ser pobre, y además ser indígena, ese era el primer gran desafío”, 

En ese contexto, definió la desobediencia como un elemento necesario para avanzar. 

La desobediencia es cuando todos caminan hacia un mismo lado y tú decides caminar hacia otro

Cuenta que no seguir el destino impuesto fue una forma de resistencia.

La investigadora destacó la importancia del acompañamiento docente en su formación científica.

Me encontré con maestras y maestros que podían ver más allá de la idea de que solo los hombres podían hacer ciencia”, añade que su decisión tuvo un efecto multiplicador en su familia y comunidad. 

“Cuando una mujer sale, las demás se animan: hermanas, primas, sobrinas”.

Ciencia con raíz comunitaria: saberes que no nacieron en el laboratorio

Durante la conversación, la académica plantea una crítica directa a la exclusión histórica de los pueblos originarios en la ciencia. 

“La ciencia pierde muchísimo cuando excluye a las mujeres y a las personas de los pueblos originarios”.

Hernández Hernández defendió el valor del conocimiento empírico construido en las comunidades, destacando el uso de plantas medicinales y a las prácticas agrícolas tradicionales.

“Las personas de los pueblos originarios ya sabían muchas cosas que hoy la ciencia apenas está comprobando”

En ese sentido, consideró indispensable el diálogo entre saberes. Advierte que los modelos de desarrollo, turismo y academia suelen ignorar la vida cotidiana y la cosmovisión comunitaria.

“Lo que necesitamos ahora es el diálogo de saberes, no la imposición

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Investigar para servir a la comunidad

María Elena Hernández Hernández es académica del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la BUAP y forma parte del Doctorado en Educación e Investigación para la Salud. 

Sus principales contribuciones se centran en la investigación básica y humanidades, con énfasis en la fisiopatología de enfermedades crónico-metabólicas como diabetes e hipertensión.

Sobre el sentido social de su trabajo, fue clara: “Si lo que hacemos no sirve a la comunidad, no tiene sentido”. 

Explica que su labor busca facilitar la vida a partir de la prevención y la revalorización de la dieta tradicional mexicana. 

“Las personas se emocionan cuando descubren que lo que ya consumían tiene un valor comprobado para su salud”.

Al dirigirse a niñas indígenas que consideran que la ciencia no es para ellas, envió un mensaje directo:

“Si yo lo logré, ellas pueden lograr mucho más; se necesita constancia, disciplina y valentía”.

Finalmente, subraya la urgencia de acercar las áreas STEM desde edades tempranas en comunidades originarias. 

No basta con aprender a leer y escribir; necesitamos una visión amplia de la ciencia desde la niñez y desde el entorno comunitario”.

Para María Elena, recibir la Medalla al Mérito Mujer Indígena 2025, por parte del Congreso de Puebla, no representa únicamente un logro personal, sino el reflejo de un proceso colectivo. 

Al finalizar la conversación, cuenta que este mérito simboliza a su comunidad y a su municipio, y abre la posibilidad de que más niñas y mujeres indígenas se visualicen en la ciencia. 

“Representa todo un pueblo, el poder decir que hay un mundo que nos espera.