Cada temporada de lluvias vuelve la misma explicación: la basura tapó las alcantarillas. Sin embargo, detrás de las inundaciones que afectan calles, viviendas, comercios y la movilidad de miles de poblanos existe un problema mucho más profundo que se ha construido durante décadas y que hoy mantiene a la ciudad cada vez más vulnerable ante las lluvias intensas. La doctora Angélica Pérez Ramos, académica e investigadora del Departamento de Arte, Diseño y Arquitectura de la IBERO Puebla, explicó que las anegaciones registradas en el Centro Histórico de Puebla y otros puntos de la capital no pueden atribuirse únicamente a los residuos sólidos acumulados en el sistema pluvial, sino a una combinación de problemas de infraestructura hidráulica, planeación urbana y gestión ambiental.
Las lluvias del pasado 28 de junio, cuando el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) registró 75 milímetros de precipitación, dejaron calles completamente anegadas, caída de granizo, fuertes rachas de viento, árboles derribados y la muerte de una persona. Para la especialista, este episodio evidenció que la ciudad enfrenta un problema que va más allá de un fenómeno meteorológico extraordinario. Uno de los principales factores, explicó, es que buena parte del drenaje del Centro Histórico fue diseñado para una Puebla mucho más pequeña que la actual. El crecimiento urbano, la expansión de la mancha urbana y el incremento del volumen de agua que debe desalojarse han rebasado la capacidad de una infraestructura que, en algunos sectores, aún conserva componentes con varias décadas de antigüedad e incluso vestigios hidráulicos del siglo XIX.
A ello se suma la pérdida constante de áreas de absorción natural. La urbanización y el aumento de superficies pavimentadas han reducido la capacidad del suelo para infiltrar el agua y favorecer la recarga de los mantos acuíferos, provocando que prácticamente toda la lluvia escurra hacia la red pluvial, que ya opera al límite de su capacidad. La investigadora señaló que el cambio climático también ha transformado el comportamiento de las precipitaciones, haciéndolas más intensas y concentradas en periodos más cortos. Bajo estas condiciones, los sistemas de drenaje construidos hace décadas resultan insuficientes para responder al volumen de agua que actualmente reciben. Si bien reconoció que la acumulación de basura en alcantarillas y bocas de tormenta agrava las inundaciones al impedir el flujo del agua, insistió en que responsabilizar únicamente a este factor invisibiliza problemas de infraestructura y de planeación urbana que requieren inversiones y soluciones de largo plazo. Te puede interesar: Inundaciones en Puebla: las lluvias que han golpeado la capital desde 2020 ¿Qué propone la IBERO Puebla?La especialista de la IBERO consideró indispensable combinar acciones inmediatas, como el desazolve permanente de la red pluvial y una mejor gestión de residuos sólidos, con proyectos de modernización de la infraestructura hidráulica, recuperación de áreas verdes y una distribución más equilibrada de la inversión pública, de manera que no solo se atiendan las zonas de mayor actividad económica o turística, sino también las colonias donde cada temporada de lluvias las afectaciones se repiten. La especialista concluyó que las inundaciones en Puebla deben entenderse como un desafío urbano y ambiental que involucra tanto a las autoridades como a la ciudadanía. Solo con infraestructura actualizada, una mejor planeación urbana y estrategias para fortalecer la resiliencia urbana frente a los fenómenos hidrometeorológicos será posible reducir el riesgo para miles de familias poblanas. Una problemática de añosLas lluvias del 28 de junio de 2026 dejaron una persona fallecida, viviendas y comercios afectados, vialidades anegadas y el desbordamiento del río San Francisco, tras la saturación de vasos reguladores y el aumento en el nivel de ríos como el Atoyac. Desde 2020, Puebla capital ha registrado inundaciones recurrentes en puntos como el bulevar Héroes del 5 de Mayo, Periférico Ecológico, Camino al Batán, La María, Plaza San Pedro, el Centro Histórico y zonas cercanas a los ríos Atoyac y Alseseca. Entre los casos más severos destacan las lluvias de julio de 2024, que colapsaron vialidades, dejaron vehículos varados y afectaron viviendas, comercios y edificios públicos; así como las tormentas de 2022 y 2021, que provocaron anegaciones en San Jerónimo Caleras, San Pablo Xochimehuacan, Reforma Sur y los museos del Paseo de San Francisco.
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