El debate sobre el uso de celulares en las escuelas no debería centrarse en prohibirlos por completo, sino en regular su uso de acuerdo con la edad y el desarrollo de las y los estudiantes. Así lo planteó la Mtra. Mariana Solana Filloy, especialista de la IBERO Puebla, quien advirtió que el uso excesivo de estos dispositivos puede afectar el aprendizaje, pero también reconoció que son herramientas indispensables para la vida cotidiana y la formación académica. La académica consideró que cualquier decisión sobre su uso debe partir del bienestar de las y los estudiantes. Te puede interesar: Prohibir la red a menores, modelo que ya fracasó: experto Indicó que diversas investigaciones en los campos de la neurociencia, la psicología y la psiquiatría han documentado las repercusiones del uso excesivo de dispositivos móviles, particularmente durante la infancia y la adolescencia. Entre los efectos se han identificado afectaciones en la memoria, la capacidad de atención, la autorregulación y los procesos de aprendizaje. En ese sentido, señaló que las instituciones educativas tienen la responsabilidad de establecer criterios claros para el uso de estas tecnologías, especialmente en los primeros años de formación, donde la regulación debe ser más estricta para favorecer el desarrollo cognitivo y emocional de las y los estudiantes.
No obstante, la especialista advirtió que una prohibición total tampoco responde a las necesidades actuales de la educación. Recordó que, tras la pandemia, la incorporación de herramientas digitales en las aulas se aceleró considerablemente, por lo que el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el aprovechamiento de la tecnología y la protección del desarrollo infantil y juvenil. Asimismo, destacó que el acceso a dispositivos móviles forma parte de la vida cotidiana y resulta indispensable para múltiples actividades relacionadas con la información, los servicios financieros, la comunicación y el ámbito profesional. Por ello, las escuelas también deben contribuir a la formación de competencias digitales que permitan a las y los estudiantes desenvolverse de manera responsable en estos entornos.
Desde esta perspectiva, la regulación del uso de celulares debe considerar las características y necesidades de cada etapa educativa, además de promover espacios de reflexión sobre los contenidos que se consumen y los efectos que tienen las tecnologías en el desarrollo cognitivo, emocional y social. La académica concluyó que una estrategia equilibrada permitirá atender tanto las necesidades de aprendizaje como la formación integral de las y los estudiantes, fortaleciendo el acompañamiento que realizan docentes, familias e instituciones educativas frente a los desafíos que plantea la vida digital.
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