La tasa de cesáreas en México aumentó de 45 a 55 por ciento entre 2010 y 2023, de acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), mientras que en Puebla el porcentaje llega hasta 65 cesáreas por cada 100 nacimientos en unidades de alta concentración o de atención a derechohabientes. El estudio The impact of excessive caesarean deliveries on gestational age at birth in Mexico: National-level trends, 2010–2023 advierte sobre el incremento sostenido de esta práctica, cuya proporción nacional supera ampliamente el rango de 10 a 15 por ciento que la comunidad sanitaria internacional ha considerado como referencia desde 1985. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que en 2021 las cesáreas representaban 21 por ciento de los nacimientos a nivel global y estimó que podrían alcanzar casi un tercio para 2030.
En Puebla, datos parciales del Hospital de la Mujer correspondientes al primer cuatrimestre de 2026 contabilizaron 490 cesáreas frente a 367 partos naturales, por lo que los nacimientos quirúrgicos representaron alrededor de 57 por ciento del total registrado en ese periodo. La académica Lucía Illescas, coordinadora adjunta del Programa Único de Especializaciones en Enfermería de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, señaló que la cesárea resulta indispensable cuando existe una emergencia médica, pero advirtió que su generalización puede llevar a minimizar los riesgos asociados. Entre los factores que explican el aumento, el estudio y las especialistas identificaron aspectos administrativos, económicos, legales y sociales. Zarela Chinolla Arellano señaló que la saturación hospitalaria y la falta de acompañamiento profesional durante el trabajo de parto pueden incrementar la ansiedad de las pacientes y favorecer la decisión de recurrir a una cirugía. Te puede interesar: A seis años de su medición, violencia obstétrica sigue afectando a una de cada tres mujeres La cesárea tampoco está exenta de riesgos. De acuerdo con las especialistas, puede incrementar en la madre las probabilidades de trombosis, infección y sangrado, además de generar complicaciones en embarazos posteriores debido a la cicatriz uterina, entre ellas una inserción anormal de la placenta. Para el recién nacido, una cesárea programada antes de una edad gestacional adecuada puede aumentar el riesgo de dificultades respiratorias y estancias hospitalarias prolongadas, además de retrasar el contacto inmediato con la madre y la lactancia. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 del Inegi también identificó como una de las principales formas de violencia obstétrica que las mujeres no sean informadas adecuadamente sobre la necesidad de una cesárea o no otorguen su autorización para realizarla.
Illescas subrayó que una cesárea sin indicación médica precisa y sin consentimiento informado puede constituir violencia obstétrica. Las pacientes, señaló, tienen derecho a conocer los beneficios y riesgos del procedimiento y, cuando las condiciones lo permitan, solicitar una segunda opinión. Las especialistas plantearon fortalecer la atención prenatal, detectar y tratar oportunamente factores de riesgo, impulsar el acompañamiento de enfermeras obstétricas, perinatales y parteras profesionales, y mejorar las condiciones de atención tanto en instituciones públicas como privadas para reducir intervenciones quirúrgicas que no sean médicamente necesarias. |