Lunes 21 Septiembre 2026

En Puebla, 43.6 mil personas trabajaron como artesanas y obreras en la elaboración de textiles durante el primer trimestre de 2026, sin embargo, la tasa de informalidad en esta actividad alcanzó 98%, de acuerdo con información de Data México.

Esto significa que alrededor de 42.7 mil personas dedicadas a la elaboración de textiles en el estado se encontraban en condiciones de informalidad. De ellas, 77% eran mujeres, lo que equivale a aproximadamente 32.9 mil trabajadoras.

La composición de esta fuerza laboral muestra que la actividad textil artesanal en Puebla tiene un marcado componente femenino. Durante el primer trimestre de 2026, 77.1% de las personas empleadas en esta ocupación eran mujeres, mientras que los hombres representaron 22.9%.

Datos nacionales del informe Tejiendo el cambio: por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía-textil en México, elaborado por el consorcio UNIDAS, integrado por Oxfam México, el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC), Ethos Innovación en Políticas Públicas y Fundación Avina, advirtió que la actividad se desarrolla bajo condiciones de informalidad, bajos ingresos, discriminación y limitada protección social.

Mujeres concentran 77.1% de la fuerza laboral dedicada a la elaboración de textiles en Puebla.

Una actividad predominantemente femenina

Los datos de Puebla muestran que las mujeres constituyen la principal fuerza laboral en la elaboración de textiles. Esto coloca a miles de trabajadoras en una actividad económica donde la informalidad prácticamente alcanza a toda la población ocupada.

La situación implica que tener un trabajo y generar ingresos no necesariamente se traduce en acceso a seguridad social, prestaciones laborales o mecanismos de protección frente a enfermedad, accidentes, maternidad o vejez.

El problema también está relacionado con la forma en que se organiza la producción artesanal. El informe de UNIDAS señala que, aunque 63.3% de las personas artesanas se identifica como trabajadora independiente, esta condición no necesariamente representa autonomía económica.

Detrás de esa aparente independencia pueden existir intermediarios, subcontratación oculta y relaciones comerciales asimétricas, además de dificultades para acceder directamente a los mercados. Las artesanas también enfrentan prácticas de apropiación cultural, plagio y regateo, que reducen la proporción del valor final que reciben por su trabajo.

En muchos casos, la producción se realiza desde los propios hogares o espacios comunitarios, donde el trabajo artesanal se combina con actividades domésticas y de cuidados no remuneradas. Esto dificulta que la actividad sea reconocida como trabajo sujeto a derechos.

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La brecha económica también es de género

A nivel nacional, la ENOE 2025 reveló que las mujeres artesanas textiles percibieron un ingreso mensual promedio de 3 mil 699 pesos, mientras que los hombres obtuvieron 7 mil 399 pesos.

La brecha se presenta en un sector donde predominan el pago por pieza, la ausencia de contratos y la falta de tarifas estables. Según los datos utilizados por UNIDAS, 96.6% de las mujeres artesanas trabajaba en condiciones de informalidad, frente a 83.6% de los hombres.

Además, 79.5% de las mujeres artesanas textiles laboraba en micronegocios establecidos en sus domicilios, frente a 49.2% de los hombres.

A estas condiciones se suma una carga de trabajo doméstico y de cuidados 43.6% mayor que el promedio nacional de las mujeres, lo que limita el tiempo disponible para producir, comercializar, organizarse colectivamente y generar ingresos propios.

n México, 96.6% de las mujeres artesanas textiles trabaja en la informalidad, frente a 83.6% de los hombres.

De acuerdo con datos del INEGI citados por UNIDAS, en 2024 la producción artesanal representó 18.4% del PIB del sector cultural y concentró 30.2% del empleo dentro de este ámbito.

Es decir, se trata de una actividad que genera valor económico y empleo, pero que mantiene a una parte importante de quienes la realizan al margen de los mecanismos convencionales de protección social.

UNIDAS propone cambiar el modelo de protección

Frente a este escenario, UNIDAS sostuvo que los esquemas tradicionales de protección social resultan insuficientes para las características del trabajo artesanal-textil, debido a que están diseñados principalmente para relaciones laborales formales y estables.

El consorcio planteó reconocer el trabajo artesanal como trabajo con derechos y desarrollar modelos de protección social y cuidados que respondan a las condiciones territoriales y comunitarias de las artesanas.

Entre sus propuestas también se encuentran fortalecer la articulación entre instituciones, incorporar la voz de las artesanas en el diseño de políticas públicas mediante mecanismos vinculantes y mejorar la producción de información desagregada sobre el sector.

Asimismo, propone impulsar la corresponsabilidad empresarial y modelos económicos más justos, de manera que las personas que producen las piezas puedan obtener una proporción mayor y más justa del valor generado por su trabajo.