Lunes 19 Octubre 2026

Mientras octubre se llena de campañas, listones rosas y actividades de sensibilización sobre el cáncer de mama, las necesidades de quienes viven con esta enfermedad permanecen durante todo el año. Así lo expresó Jessica López, conocida como Yeka, actriz, activista y sobreviviente de tres tipos de cáncer, quien advirtió que la atención no puede limitarse a un mes ni convertirse únicamente en una estrategia de promoción institucional o empresarial.

En entrevista con El Popular, Periodismo con Causa, Yeka resumió esta realidad con una frase: “Yo tengo cáncer todo el año”, al señalar que, mientras durante octubre se multiplican las campañas, fuera de este periodo persisten las dificultades para acceder a estudios de diagnóstico, tratamientos y acompañamiento médico.

También puedes leer: Denuncia Nadia presunta agresión de su expareja mientras enfrenta tratamiento contra el cáncer

La actriz compartió que hace años recibió diagnósticos de cáncer de mama, tiroides y clavícula. Tras someterse a distintos tratamientos, con apoyo de fundaciones nacionales, recursos propios y atención en instituciones públicas, logró superar aquellos episodios. Sin embargo, hace aproximadamente un año le informaron que la enfermedad había regresado en forma de metástasis.

Su experiencia, explicó, le permitió conocer no solamente los desafíos físicos y emocionales que implica enfrentar el cáncer, sino también las barreras que encuentran las personas para recibir atención médica oportuna y mantener sus tratamientos.

 

Del comercio al escenario: convertir su historia en una causa

Aunque su profesión era la actuación, Yeka se alejó durante años de los escenarios para dedicarse al cuidado de sus dos hijos adolescentes y al sostenimiento de su familia como comerciante. Fue después de los diagnósticos y de las intervenciones quirúrgicas que limitaron sus actividades físicas cuando encontró en la escritura una forma de afrontar su nueva realidad.

De ese proceso nació el monólogo Deschichada, más no desdichada, una obra de su autoría que aborda el cáncer de mama desde una perspectiva humana, con la intención de informar, sensibilizar y generar empatía hacia quienes reciben este diagnóstico.

Te recomendamos: Yeka reunirá a mujeres en Puebla con “Sostén-T”, un encuentro de acompañamiento, liderazgo e imagen

A través de esta puesta en escena, Yeka comparte su experiencia sin reducirla a una historia de superación personal. El monólogo también busca visibilizar las necesidades de las pacientes, la importancia de la detección oportuna y las dificultades que pueden acompañar los procesos de atención y tratamiento.

La obra, que ha presentado en distintos espacios de Puebla, se convirtió en una manera de vincular su trabajo artístico con una causa social. Instituciones gubernamentales y asociaciones privadas han contratado sus presentaciones, por las que recibe un pago, pues, aclaró, se trata de su trabajo y una fuente de ingresos para cubrir sus gastos médicos.

Yeka también destacó que, aunque cuenta con el respaldo de familiares y amistades, ha encontrado una de sus redes de apoyo más importantes en otras mujeres que viven con cáncer. Desde su perspectiva, compartir experiencias con quienes atraviesan situaciones similares permite construir una comprensión que no siempre se consigue desde fuera de la enfermedad.

 

Octubre rosa no resuelve las necesidades de todo el año

Para Yeka, uno de los principales problemas es que la sensibilización sobre el cáncer de mama suele concentrarse en octubre, cuando instituciones públicas y empresas organizan campañas, difunden mensajes de prevención y utilizan el color rosa para visibilizar la causa.

Sin embargo, cuestionó que estos esfuerzos no siempre se traduzcan en acceso continuo a estudios, diagnósticos y tratamientos para las personas que los necesitan durante los otros once meses.

La activista consideró que la atención no debería depender de una temporada ni quedarse en la difusión de mensajes, sino convertirse en acciones permanentes que permitan a las pacientes conocer su estado de salud, recibir un diagnóstico y continuar con la atención médica.

También señaló que muchas de las jornadas gratuitas que conoce en Puebla están dirigidas principalmente a mujeres mayores de 40 años, lo que, desde su experiencia, deja una preocupación sobre las personas más jóvenes que presentan síntomas o reciben un diagnóstico antes de esa edad.

De acuerdo con la Secretaría de Salud federal, la mastografía de tamizaje se recomienda generalmente a mujeres de 40 a 69 años sin síntomas. No obstante, esto no significa que el cáncer de mama sea exclusivo de ese grupo de edad: ante cambios sospechosos, antecedentes familiares u otros factores de riesgo, la valoración médica puede indicar estudios antes de los 40 años.

La atención también debe contemplar a los hombres. Aunque la enfermedad es mucho menos frecuente en ellos, también pueden desarrollarla, por lo que la información sobre los signos de alerta y la búsqueda de atención médica no debe dirigirse exclusivamente a las mujeres.

 

Mitos, revictimización y falta de empatía

Durante la entrevista, Yeka recordó que también ha enfrentado experiencias negativas dentro del sistema de salud, particularmente por comentarios y actitudes de personal médico que, aseguró, la hicieron sentirse revictimizada en momentos de vulnerabilidad.

A ello se suma el distanciamiento de personas que, por desconocimiento, han llegado a creer que el cáncer puede contagiarse. La actriz lamentó que estos prejuicios provoquen aislamiento cuando quienes enfrentan la enfermedad necesitan acompañamiento, comprensión y respeto.

Otro de los mitos que ha encontrado durante sus actividades de sensibilización es la idea de que realizarse una mastografía puede provocar que aparezca el cáncer de mama.

Esta creencia es falsa. La mastografía utiliza rayos X de baja dosis para identificar anomalías en el tejido mamario; no provoca la enfermedad. Tampoco todos los resultados anormales significan cáncer, pues algunos requieren estudios complementarios para confirmar o descartar un diagnóstico.

Por ello, Yeka insistió en que recibir un diagnóstico no debe entenderse como una consecuencia de haberse realizado el estudio, sino como una oportunidad para identificar la enfermedad y buscar atención médica.

“Hay que aprender a ponernos también en primer lugar”

Al reflexionar sobre su propia historia, Yeka reconoció que durante años relegó su cuidado personal para atender otras responsabilidades. Dijo que no hacía ejercicio de manera regular, descuidaba su alimentación y vivía bajo mucho estrés, mientras colocaba a sus hijos, el trabajo y las necesidades familiares por delante de las propias.

Sin embargo, su experiencia también permite recordar que el cáncer no puede atribuirse simplemente a los hábitos de una persona: existen múltiples factores de riesgo y no todos son modificables. El autocuidado es importante, pero no garantiza que alguien no desarrollará la enfermedad ni sustituye la atención médica.

Por ello, llamó a las mujeres a prestar atención a su salud, acudir a revisiones médicas, participar en jornadas de detección cuando estén disponibles y buscar valoración profesional ante cualquier cambio en sus mamas. También pidió que las campañas informativas se acompañen de servicios accesibles y de seguimiento para quienes necesitan atención.

Para Yeka, el cáncer no desaparece cuando termina octubre, se retiran los listones rosas o concluyen las actividades conmemorativas. La enfermedad continúa formando parte de la vida de quienes la enfrentan, junto con sus necesidades médicas, económicas y emocionales.

Su mensaje, desde el escenario y desde su propia experiencia, es que la sensibilización no puede ser temporal: requiere empatía, información y acceso efectivo a la atención durante todo el año.