Andrea Lezama y Gabriela Rosas, representantes de colectivas que acompañan a mujeres víctimas de violencia vicaria, cuestionaron los argumentos expuestos por abogados durante una mesa de análisis en Puebla sobre una posible reforma legal para sancionar también a las mujeres por este tipo de conductas. Las activistas señalaron que el debate debe considerar el contexto de violencia de género y los derechos de niñas, niños y adolescentes. Destacaron que la violencia vicaria no puede reducirse a una disputa entre madres y padres ni a la posibilidad de que cualquiera de ellos manipule a sus hijas e hijos. Detrás de esta forma de violencia existen antecedentes de agresiones, relaciones desiguales de poder y mecanismos de control que pueden prolongarse mediante las infancias. Te puede interesar: Escuela Libre de Derecho plantea sancionar a mujeres por violencia vicaria; minimiza la lucha que la hizo ley En entrevista con El Popular, Periodismo con Causa, ambas activistas cuestionaron los argumentos expuestos por abogados durante una mesa de análisis organizada por la Escuela Libre de Derecho de Puebla. Los presentes plantearon reformar la legislación sobre violencia vicaria para sancionar también a las mujeres, bajo el argumento de que ellas “pueden utilizar a sus hijos e hijas para dañar a sus exparejas”. Andrea Lezama, representante del colectivo Madres Exigiendo Justicia Contra la Violencia Vicaria (MEJCLVV), advirtió que este tipo de planteamientos puede desdibujar la naturaleza de la violencia vicaria como una forma de violencia de género contra las mujeres y desplazar la atención de las circunstancias que dieron origen a la exigencia de una protección específica.
La activista aclaró que reconocer la violencia que pueden sufrir los hombres no significa desconocer las condiciones históricas que llevaron a las mujeres a organizarse para exigir mecanismos legales de protección.
Lezama recordó que el reconocimiento de la violencia vicaria es resultado de años de organización de madres, sobrevivientes y mujeres que denunciaron el uso de sus hijas e hijos como instrumentos para prolongar las agresiones y mantener el control sobre ellas. Las infancias también son víctimasUno de los puntos que destacó Lezama es que la violencia vicaria no afecta exclusivamente a las mujeres, sino que también vulnera los derechos de niñas, niños y adolescentes cuando son utilizados para amenazar, manipular o causar daño a sus madres. Explicó que la maternidad y los vínculos materno-filiales pueden ser instrumentalizados por una persona agresora para prolongar la violencia. Entre las situaciones que preocupan a las colectivas están los casos en los que las madres son separadas de sus hijas e hijos desde sus primeros meses de vida.
Para la activista, reducir el debate a la posibilidad de que las mujeres también manipulen a sus hijos e hijas puede impedir que se examine el contexto de violencia en el que ocurren determinadas separaciones, así como las consecuencias que estas tienen para las madres y las infancias. En este sentido, insistió en que las conductas deben analizarse de manera integral, sin asumir que toda disputa familiar constituye violencia vicaria, pero tampoco descartando esta posibilidad cuando existen elementos que apuntan a un patrón de violencia de género. La Suprema Corte validó la protección específicaLezama también cuestionó que, desde un espacio de formación jurídica, se plantearan argumentos sin considerar los avances legislativos y los criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). El 14 de octubre de 2025, el máximo tribunal del país validó las normas federales que reconocen la violencia vicaria como una forma de violencia contra las mujeres. Al resolver una acción de inconstitucionalidad, la Corte mantuvo vigente la protección específica, aunque exhortó al Congreso de la Unión a corregir ambigüedades en la redacción de las disposiciones.
La activista sostuvo que la violencia vicaria tiene un contexto particular y que las interpretaciones jurídicas deben considerar las desigualdades que enfrentan las mujeres, así como los derechos de sus hijas e hijos. Gabriela Rosas: la violencia vicaria no comienza con la separaciónPor su parte, Gabriela Rosas, representante de la colectiva Mujeres por el Derecho al Cuidado y una Vida Libre de Violencia y de Madres Viviendo Violencia Vicaria, señaló que los argumentos expuestos por los abogados dejan fuera elementos fundamentales para comprender esta forma de violencia. Rosas explicó que la violencia vicaria no consiste únicamente en manipular a niñas, niños o adolescentes para que rechacen a alguno de sus progenitores. En los casos que acompañan las colectivas, indicó, puede formar parte de una cadena de agresiones que se ejerce contra las mujeres y que se intensifica cuando intentan terminar una relación violenta. De acuerdo con su explicación, algunas víctimas han enfrentado previamente distintas formas de violencia sistemática y, cuando deciden separarse, divorciarse o recuperar su autonomía, sus hijas e hijos pueden convertirse en un medio para prolongar las agresiones. La representante de las colectivas sostuvo que es necesario analizar los antecedentes de cada caso y no reducir la discusión a la alienación parental, pues esta expresión, por sí sola, no permite explicar las distintas formas de violencia que pueden presentarse dentro de una relación. También señaló que las desigualdades en las responsabilidades de cuidado pueden colocar a las mujeres en condiciones de mayor vulnerabilidad. Mientras muchas madres dedican una parte importante de su tiempo al cuidado de sus hijas e hijos, explicó, algunos hombres cuentan con mayores oportunidades para desarrollar relaciones sociales y redes de apoyo fuera del hogar.
Rosas subrayó que esta diferencia no significa que sea imposible que una mujer ejerza violencia, sino que, desde su perspectiva, el análisis jurídico debe considerar las condiciones materiales, sociales y de poder en las que se producen las agresiones. ![]() Piden fortalecer las herramientas legales existentesLa activista también rechazó que reconocer la violencia vicaria como una forma específica de violencia contra las mujeres implique dejar desprotegidos a los hombres que puedan sufrir agresiones dentro del ámbito familiar. Explicó que existen otras figuras jurídicas, como la violencia familiar, a las que pueden recurrir quienes denuncien conductas de esa naturaleza, siempre que los hechos correspondan a los supuestos previstos en la legislación aplicable. En contraste, recordó que las mujeres tuvieron que impulsar una lucha colectiva para que las autoridades reconocieran las particularidades de la violencia ejercida mediante sus hijas e hijos y establecieran mecanismos específicos para atenderla. Rosas reconoció que la legislación sobre violencia vicaria todavía presenta vacíos y áreas que requieren atención. Sin embargo, consideró que la respuesta no debe centrarse en desdibujar la finalidad de una protección conquistada por las mujeres, sino en mejorar su aplicación y garantizar que las víctimas tengan acceso efectivo a la justicia. En ese contexto, invitó a los abogados que participaron en la mesa de análisis a dirigir sus esfuerzos hacia la transformación de las conductas machistas y la construcción de relaciones igualitarias. También puedes leer: Denuncian colectivas violencia institucional y favoritismo en la Fiscalía de Género de Puebla Los llamó a promover la deconstrucción de masculinidades machistas, así como una mayor participación de los hombres en el cuidado, la crianza y la responsabilidad cotidiana de sus hijas e hijos. Para las colectivas, discutir la violencia vicaria exige mirar más allá de los conflictos entre exparejas, reconocer los antecedentes de violencia y evitar que los derechos de niñas, niños y adolescentes sean utilizados como argumento para minimizar las experiencias de las mujeres que buscan protección y justicia.
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