Miércoles 10 Septiembre 2025

Desde que tenía apenas cinco años, Felipe Hernández Lozano encontró en el campo su mayor inspiración. Hoy, a sus 55 años, recuerda con cariño las mañanas en que acompañaba a su padre a sembrar y cuidar la tierra.

“Él fue quien me enseñó todo lo que sé. Mi papá me transmitió el amor al campo y desde entonces supe que esto sería mi vida”, relata con orgullo.

Felipe cultiva maíz y chícharo, productos que han sido el sustento de su familia y que, asegura, representan mucho más que un ingreso económico. Para él, la agricultura es una actividad esencial, pues de lo que siembran los campesinos depende la alimentación de miles de personas.

“La gente a veces no lo piensa, pero lo que consumimos viene del esfuerzo de quienes trabajamos la tierra. Eso me motiva a seguir, aunque sea difícil”, dice.

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El agricultor reconoce que en los últimos años la producción agrícola ha disminuido de manera preocupante debido al cambio climático. Las lluvias ya no son tan predecibles y, aunque trabaja igual de duro que antes, las cosechas no rinden lo suficiente.

“Uno se esfuerza mucho, pero el clima ha cambiado y ya no se cosecha igual que en la época de mi papá. Eso sí pega”, confiesa.

A pesar de los retos, Felipe no piensa abandonar el campo. Su vocación, afirma, es más fuerte que la incertidumbre.

“Aquí crecí, aquí aprendí y aquí quiero seguir. El campo es vida y mientras yo pueda, seguiré sembrando para que no falte comida en la mesa de la gente”, concluye, con la esperanza de que las próximas lluvias le regalen una buena cosecha.