Desde que tenía apenas cinco años, Felipe Hernández Lozano encontró en el campo su mayor inspiración. Hoy, a sus 55 años, recuerda con cariño las mañanas en que acompañaba a su padre a sembrar y cuidar la tierra.
Felipe cultiva maíz y chícharo, productos que han sido el sustento de su familia y que, asegura, representan mucho más que un ingreso económico. Para él, la agricultura es una actividad esencial, pues de lo que siembran los campesinos depende la alimentación de miles de personas.
Te puede interesar: Enfrentan infancias de Puebla, discriminación y letargo institucional El agricultor reconoce que en los últimos años la producción agrícola ha disminuido de manera preocupante debido al cambio climático. Las lluvias ya no son tan predecibles y, aunque trabaja igual de duro que antes, las cosechas no rinden lo suficiente.
A pesar de los retos, Felipe no piensa abandonar el campo. Su vocación, afirma, es más fuerte que la incertidumbre.
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