En la antesala del 14 de febrero, la captura y comercialización ilegal de colibríes registra un repunte en distintos puntos del país, impulsada por la práctica de los llamados “amarres”, rituales en los que se utilizan estas aves como amuletos para atraer el amor. Cada año, en vísperas del Día de San Valentín, se incrementa la venta clandestina de parejas de colibríes disecados, pese a que varias especies se encuentran protegidas por la normativa ambiental nacional e internacional. La creencia de que estas aves poseen poderes para influir en relaciones sentimentales carece de sustento científico, pero continúa alentando su extracción ilegal. México alberga 57 especies de colibríes, 13 de ellas endémicas, lo que lo ubica como el quinto país con mayor diversidad en el continente americano. Sin embargo, algunas variedades —pertenecientes a la familia Trochilidae— están enlistadas en la NOM-059 y en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), debido a la presión que enfrentan por la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal. Te puede interesar: Video de regidora con mono araña en Jalisco desata polémica; activistas refutan su versión Además de la captura directa, la destrucción de ecosistemas agrava el declive de sus poblaciones. Los colibríes son polinizadores clave: su relación con las plantas que les proveen alimento permite la reproducción de numerosas especies vegetales, fundamentales para la producción de frutos y semillas. Ante este panorama, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) lanzó la campaña 2026 “El amor no se amarra, los colibríes tampoco”, con el objetivo de desalentar la compra de estos amuletos y concientizar sobre el daño ambiental que generan estas prácticas. La dependencia recordó que la extracción y el aprovechamiento de ejemplares de vida silvestre sin autorización constituyen infracciones a la Ley General de Vida Silvestre. Conforme al artículo 122, fracción II, y al artículo 127, las sanciones pueden ir de 50 a 50 mil veces la Unidad de Medida y Actualización (UMA). La Profepa hizo un llamado a la ciudadanía a no participar en la compra ni en la comercialización de colibríes, al subrayar que un ejemplar muerto no tiene ningún poder para atraer el amor y que su sacrificio sólo contribuye al deterioro de la biodiversidad. |