La frase “nadie es profeta en su propia tierra” suele repetirse como una condena cultural. Sin embargo, el reciente concierto de la soprano Rebeca Olvera en Puebla demostró que ese paradigma puede —y debe— romperse cuando existen voluntad institucional, públicos abiertos y una política cultural orientada a visibilizar el talento local con proyección internacional. También puedes leer: “Otro tiempo vendrá distinto a este”, plantea Fritz Glockner al asumir la Secretaría de Cultura Orgullosamente poblana y con más de 20 años de carrera en Europa, Rebeca Olvera regresó a su ciudad natal para ofrecer un concierto junto a la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla, en una presentación que fue recibida con entusiasmo por el público y que se convirtió en un acto simbólico de reconocimiento a una artista que ha construido su trayectoria lejos de casa, pero sin desligarse nunca de sus raíces.
Radicada en Zúrich desde hace dos décadas, Olvera llegó inicialmente como estudiante al taller de ópera de la Ópera de Zúrich, institución donde hoy es solista desde hace 18 años. Su carrera internacional inició tras su debut en la Ópera de Bellas Artes en 2004 y su triunfo en el Concurso Carlo Morelli, logros que la llevaron a escenarios de Viena, Berlín, Monte Carlo, Rusia y Argentina, además de compartir escena con figuras como Plácido Domingo, José Carreras y Cecilia Bartoli. Su regreso a Puebla no fue solo un concierto, sino un gesto de reencuentro. “Me hicieron sentir en casa”, expresó la soprano, al referirse tanto al público como a la orquesta y a su director, David Hernández Bretón. La respuesta del público confirmó que el reconocimiento al talento local no depende de su lugar de residencia, sino de generar las condiciones para que ese talento sea visible y valorado. En ese sentido, la presentación se inscribe en los esfuerzos de la nueva narrativa de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla por abrir los escenarios públicos a artistas poblanos y poblanas con trayectorias consolidadas, pero que históricamente han desarrollado su carrera fuera del estado. La apuesta es clara: romper la lógica centralista y demostrar que Puebla no solo forma artistas, sino que también puede recibirlos, reconocerlos y celebrarlos.
Más allá del concierto, el mensaje fue cultural y político: el talento local existe, circula por el mundo y merece ser escuchado en casa. Rebeca Olvera lo sintetizó al invitar al público a acercarse a la música clásica y a la ópera, géneros que —dijo— cuentan historias universales desde otra sensibilidad y que pueden conectar con nuevos públicos si se viven en directo. Con proyectos próximos en Europa, como su debut en Un baile de máscaras de Verdi en Zúrich y su regreso al Festival Internacional de Edimburgo, la soprano dejó abierta la puerta para volver a Puebla. Su presentación no solo desmintió un viejo refrán, sino que reafirmó una idea clave: cuando las instituciones culturales apuestan por su gente, el reconocimiento en la propia tierra sí es posible. |