El estadio Luzhniki, el estadio emblemático del Mundial de Rusia 2018, proclamará este domingo a los nuevos reyes del fútbol. Los elegidos, Francia y Croacia, se enfrentan en un choque inesperado entre dos equipos que comenzaron el torneo fuera del grupo de los favoritos y que le otorgan a la final un soplo de aire fresco. Sólo estas dos selecciones han conseguido progresar hasta el momento de la verdad, cada uno con su estilo, con sus armas, Francia y Croacia, una desde un modelo eficaz y pragmático y la otra con mayor juego combinativo y muchas angustias, con tres prórrogas y dos tandas de penaltis incluidas, pero sobre todo con una fe inquebrantable. El equipo galo ha sabido encontrar una fórmula que mezcla la sobriedad y la firmeza atrás con la calidad hacia adelante de Antoine Griezmann y el vértigo de Kylian Mbappe. Ambos se postulan, por otro lado, a ser elegidos mejores jugadores del torneo y quién sabe si al Balón de Oro y al The Best de la FIFA, galardones a los que llegaría también ese aire fresco. Aspira también, aunque obviamente sea lo menos importante para los protagonistas, Luka Modric, capitán y referente de esta Croacia junto a Ivan Rakitic. El madridista y el barcelonista, tantas veces rivales en los últimos años y que juntos hacen tan buena pareja. Tácticamente se presenta una final muy interesante. Habrá que ver, de partida, cómo se ha recuperado la selección croata, que llega con un choque más disputado por las tres prórrogas acumuladas desde octavos a semifinales. Buena parte de sus futbolistas acabaron fundidos en el duelo ante Inglaterra y, aunque Zlatko Dalic confía en contar con todos los habituales, hasta el último momento no se sabrá.
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