Monosabia desde el pasado 2 de febrero, tiene 17 años de edad, es alumna del cuarto semestre de preparatoria en el Instituto Carlos Pereyra de la ciudad de Puebla, toca el violín, el piano, estudia guitarra, también es integrante del Grupo Misionero Forja que acude a la sierra poblana a realizar labor social con los niños. Pinta al óleo, aspira a ser ingeniera en alimentos; algunos fines de semana trabaja de mesera, o viene-viene; se trata de Guadalupe del Cielo Fuentes Quiroz.
Es la primera monosabia en la historia de la tauromaquia de la ciudad de Puebla. Debutó como tal el pasado viernes 22 en la plaza de toros El Relicario. Karla González lo hace en el coso El Pinal de Teziutlán. Pelo largo, castaño, ojos oscuros que miran a la cara cuando habla, sonriente, agradable en su trato, segura de sí misma, la incipiente monosabia platicó para El Popular, diario Imparcial de Puebla. "Desde hace cuatro años le insisto al Lobo (Gustavo Rugerio, jefe de los servicios de plaza) que me deje entrar al grupo, mi papá es monosabio, mi hermano lo fue por poco tiempo, hasta que el 2 de febrero en Val'Quirico, Tlax., sin esperarlo, El Lobo me dio un playera de las que usaron los monosabios ese día. Así, en el momento que menos lo esperaba ya era parte del equipo". "Nunca quise ser torera, he tomado el capote para torear de salón, me da miedo estar frente al toro. Me siento orgullosa de ser monosabia, no me pagan sólo a los que tiene más experiencia, pero eso no importa, creo que algunos pagarían por estar en mi lugar. Yo estoy ahí, porque me gustan los toros, mi papá me llevaba desde niña a las corridas y me gustó, disfruto del tercio de banderillas; estoy por gusto, por pasión, en un lugar privilegiado, el día que estaba con en el callejón se acercó el matador Rafaelillo a platicar conmigo, eso no lo cambio por nada, veo a los toreros de cerca, sus rostros, sus reacciones, piso el ruedo. "Todos mis compañeros son gentiles conmigo, me cuidan, no tengo trato especial aunque procuro no estar cerca de toriles, mi labor como monosabia es emparejar la arena con el rastrillo". No es cualquier cosa que Guadalupe del Cielo sea parte del grupo de monosabios. Para la tauromaquia es una aportación significativa que una chica menor de edad sea parte de la fiesta. Actualmente lo común es que jóvenes de su edad, mujeres y hombres, estén frente a las plazas de toros gritando que se prohíban las corridas. Irremediablemente la juventud se aleja de la fiesta brava, inclusive en sus escuelas le dicen que la fiesta es para asesinos. Lupita continuó. "No creo en los estigmas ni en los roles definidos de mujer y hombre. Soy hacendosa en casa, me gusta andar en moto, entraré a teatro, me gustan las artes plásticas, la pintura de Romero Brito, un artista brasileño. "No creo que la fiesta se acabe. Aunque a muchos chicos de mi edad no les gusta porque no la conocen, no entienden cómo puede haber arte donde hay sangre y muerte y claro que hay arte, no somos salvajes, está muy bien que quieran salvar el planeta pero hay otras formas de hacerlo. El otro día en misa, el padre de la iglesia del Carmen, dijo que a los aficionados que les gusta la fiesta son asesinos. Me molestó y lo rebatí ahí mismo, le dije que a mí me gusta y no soy asesina. Uy ya me enojé otra vez". No se trata de tomar de bandera a Lupita, ella sólo es una evidencia tangible que a la juventud puede interesarle la fiesta de los toros. Los jóvenes están abiertos nuevas experiencias, en la tauromaquia se puede encontrar: tradición, misticismo, cultura, drama, seda, sol, sangre, muerte, vida, brutalidad, autenticidad, heroicidad, belleza, emoción. Los profesionales y todos los que viven de la fiesta tienen que realizar acciones para motivar a la niñez y a la juventud para que se interesen en acudir a las plazas de toros. Si se quedan quietas estarán apuntillando sutilmente la fiesta que irremediablemente irá al destazadero del olvido. Pocas, muy pocas personas nacidas en este siglo se interesan en la tauromaquia, Guadalupe del Cielo lo hizo porque sus papás se la mostraron. |