El suizo Roger Federer jugará Roland Garros tras tres ediciones de ausencia, con el espíritu tranquilo y con la sensación de que puede dar la sorpresa, como sucedió en el Abierto de Australia de 2017. Entonces, con 35 años y tras cinco años sin victoria en Grand Slam, el helvético recuperó su máximo nivel hasta auparse a una final que, en uno de los partidos más grandiosos que se recuerdan, derrotó al español Rafa Nadal. "Todo dependerá de si soy capaz de sacar los mejores golpes de raqueta. Para mí es un reto, va a ser un torneo fascinante," dijo el suizo, que debutó hace 20 años en París y hace 10 sumó su único triunfo en esa superficie. Lee: Djokovic la tiene difícilFederer aseguró que afronta el torneo en las mejores condiciones, sin problemas de salud más allá de los leves que le hicieron retirarse de Roma, por precaución, convencido de que si hubiera forzado en aquel torneo ahora no podría haber regresado a París. "La última lesión importante es de hace dos años en Montreal; estoy feliz de sentir que pesa a mi edad mi cuerpo se porta bien," dijo. El suizo tuvo tiempo de recordar su primer contacto con Roland Garros, el Grand Slam que menos veces ha logrado, pese a que confesó tener en él "una relación particular", por ser el más próximo a su Basilea natal y por el calor que le da el público francés. También se acordó de su triunfo en 2009, que recuerda con especial cariño porque lo hizo en medio de una gran presión.
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