Sábado 01 Junio 2019

Había terminado la foto de todo el equipo antes del comienzo del encuentro, no sólo los titulares, sino toda la plantilla, una novedad en las finales de la Liga de Campeones, a petición de Mauricio Pochettino, el técnico del Tottenham, cuando Andy Robertson corrió a toda velocidad hacia la grada Red en el Metropolitano para gritar, transmitir tensión y agitar a su público.

De vuelta a una final un año después de la derrota de Kiev, el Liverpool ya disponía de un penalti en menos de 30 segundos. Un detalle solo quizá, pero puede que no sólo fuera eso cuando se entra en un partido de tal dimensión como éste, cuando cada concesión se paga carísima.

La final se redujo a un minuto y 49 segundos, realmente. Todo lo posterior lo condicionó ese momento. La mutación del Liverpool en un equipo más controlador, más defensivo, que trepidante y ofensivo; la cansina circulación de la pelota del Tottenham ante un rival que lo basó todo a un gol veloz, provocado por un accidente.

La insistencia del Liverpool y Klopp ya tiene recompensa. Hace un año sintieron la decepción y el desconsuelo un grupo de jugadores que asumió el golpe de inmediato, sin reconstrucciones exageradas, sin cambios radicales, preparado de nuevo para al asalto de la gloria europea.

De Kiev 2018 a Madrid 2019, repetían ocho de los once futbolistas en la alineación titular de Klopp. No figura en el equipo actual el portero Karius, protagonista de aquella derrota con el Real Madrid. Los otros dos jugadores que cambiaban del equipo inicial, Milner y Lovren, aguardaban este sábado en el banquillo. Las tres novedades eran el guardameta Alisson, el central Matip y el medio Fabinho,

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Sí estaban los laterales Trent Alexander-Arnold y Andy Robertson, el central Virgil Van Dijk, los centrocampistas Jordan Henderson y Georgino Wijnaldum y los delanteros Mohamed Salah, Roberto Firmino y Sadio Mané, que sintieron de forma directa la derrota de Kiev. A eso jugó con el 0-1. Marcó al primer minuto y se transformó en un colectivo conformista, alejado de su futbol ofensivo... Menos Liverpool. y más práctico. Apagó a su contrincante y lo sentenció en el minuto 87, por medio de Divock Origi, a la media vuelta, para ser campeón

"No me veo como un perdedor," decía el viernes Klopp, quien había caído en sus tres finales europeas anteriores, dos de la Liga de Campeones, una con el Borussia Dortmund, 1-2 contra el Bayern Múnich; otra con su actual equipo, en Kiev, y otra de la Liga Europa (UEFA).

Tres de tres... hasta la visita de este sábado al estadio Wanda Metropolitano, el momento en el que conquistó, además, el primer título de su era con el Liverpool.

De hace 14 años databa el último triunfo en la competición del club inglés, aquella gesta del 25 de mayo de 2004 en Estambul, cuando niveló un 3-0 en contra frente al Milan, con dianas de Steven Gerrard, Smicer y Xabi Alonso en seis minutos de margen, del 54 al 60, para imponerse luego en la tanda de penaltis.

Una década y media con títulos del Milan, del Manchester United, del Inter, del Chelsea, del Bayern Múnich y, sobre todo, del Real Madrid y el Barcelona, con cuatro cada uno. Un dominio incontestable del futbol español que este sábado entregó el relevo en el trono del balompié al Liverpool.