Miércoles 04 Febrero 2026

El fútbol en México está atravesando una transformación silenciosa pero profunda. Durante décadas fue entendido casi exclusivamente como espectáculo deportivo y motor económico, pero en los últimos años ha comenzado a asumir un nuevo rol: el de plataforma de responsabilidad social y conciencia ambiental. En este proceso, la Liga MX y algunos de sus clubes más influyentes, como Monterrey (Rayados) y Tigres UANL, han empezado a integrar la sostenibilidad ecológica como un eje estratégico, no solo como un elemento de imagen.

Este cambio no se limita a reducir costos operativos o cumplir con certificaciones. El verdadero alcance está en la capacidad del fútbol para influir en millones de aficionados, normalizando prácticas ambientales responsables en un país donde los retos climáticos, hídricos y urbanos son cada vez más visibles. En México, donde el seguimiento del fútbol y las apuestas deportivas están profundamente conectados al consumo digital del deporte, esta influencia se extiende también a los entornos de apuesta y entretenimiento, donde iniciativas como la oferta de Caliente en México forman parte del ecosistema que acompaña al aficionado en su relación cotidiana con el fútbol.

La huella de carbono del fútbol mexicano: cifras que obligan a actuar

El fútbol profesional genera emisiones de gases de efecto invernadero principalmente a través de tres fuentes: consumo energético en estadios, producción de residuos y transporte, especialmente aéreo. En México, el análisis de la huella de carbono de la Liga MX ha comenzado a apoyarse en estimaciones cuantificables.

Los datos disponibles indican que:

  • Las emisiones por vuelos de los primeros equipos de la Liga MX superan las 2,000 toneladas de CO₂ por temporada, solo considerando traslados aéreos.
  • Los clubes con mayor impacto ambiental son aquellos ubicados en zonas geográficas más alejadas del centro del país. Destacan Xolos de Tijuana (alrededor de 255 toneladas de CO₂), seguidos por Rayados de Monterrey(170) y Tigres UANL (169).
  • Un solo partido de fútbol puede generar entre 5 y 10 toneladas de CO₂, dependiendo de la afluencia, el tipo de iluminación, el transporte de aficionados y el consumo energético del recinto.

Estas cifras explican por qué la sostenibilidad dejó de ser una discusión abstracta y pasó a convertirse en una necesidad operativa para los clubes de mayor escala.

Infraestructura sostenible: el Estadio BBVA como referencia regional

En materia de estadios, el Estadio BBVA de Monterrey se ha posicionado como un caso emblemático de infraestructura sostenible en América Latina. Es el primer estadio de la región que obtuvo la certificación LEED Gold en la categoría de operación y mantenimiento, un estándar internacional que evalúa el desempeño ambiental real del inmueble.

La certificación LEED considera cinco áreas clave:

Eficiencia energética

El estadio utiliza sistemas de iluminación de bajo consumo y automatización que reducen significativamente el gasto energético y las emisiones asociadas.

Gestión del agua

Se emplea agua reciclada para riego y sanitarios, junto con dispositivos inteligentes que optimizan el uso del agua potable, un aspecto crítico en el norte del país.

Calidad ambiental interior

La ventilación mejorada y el uso de materiales de baja emisión contribuyen a un entorno más saludable para trabajadores y asistentes.

Gestión de residuos y materiales

Se prioriza el uso de materiales reciclados y se aplican protocolos estrictos de separación y disposición de residuos.

Movilidad sustentable

El estadio incentiva el uso de transporte público y bicicletas, reduciendo la dependencia del automóvil particular.

Más allá del aspecto técnico, el BBVA funciona como símbolo cultural: demuestra que un estadio moderno puede ser rentable, funcional y ambientalmente responsable al mismo tiempo.

Tigres UANL y la economía circular: del residuo al recurso

Si Monterrey lidera en infraestructura, Tigres UANL lo hace en gestión de residuos y economía circular. El club se convirtió en el primer estadio de México con certificación de “Cero Residuos”, un logro poco común incluso a nivel internacional.

Gracias a alianzas estratégicas con CEMEX y Proambiente, Tigres implementó un sistema en el que los residuos no reciclables se transforman en combustible alternativo para la industria cementera.

Los resultados son concretos:

  • Entre 2021 y 2022, el club logró transformar más de 105 toneladas de residuos en energía alternativa, un impacto ambiental equivalente a la plantación de casi 4,000 árboles.
  • Desde 2014, en colaboración con Grupo AlEn, se han recuperado más de 96 toneladas de plástico PET durante partidos del equipo varonil y femenil.
  • El club redujo en 98% las emisiones derivadas de fuegos artificiales y sustituyó los confetis tradicionales por versiones biodegradables de papel de arroz.

Estas acciones muestran que la sostenibilidad no es solo una narrativa, sino una cadena operativa completa.

Reforestación y aliados corporativos: cuando el fútbol escala el impacto

El avance del “fútbol verde” en México no sería posible sin el apoyo de grandes empresas patrocinadoras, que utilizan el alcance del deporte para amplificar proyectos ambientales.

GNP Seguros impulsa el programa “Bosque Vivir es Increíble”, mediante el cual se han plantado más de 44,000 árboles en 41 hectáreas del Ajusco, en la Ciudad de México. Este proyecto permite la captura de alrededor de 246 toneladas de CO₂ al año, además de fortalecer zonas de conservación clave.

A través de la iniciativa Gol por México, cada gol se traduce en beneficios sociales y ambientales tangibles, incluyendo acciones de reforestación.

Por su parte, Televisa asumió el compromiso de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en 20% hacia 2030, mediante la instalación de paneles solares y la optimización de su flota vehicular, con una reducción estimada del 25% en consumo de gasolina.

Tensiones y contradicciones: el otro lado de la sostenibilidad

A pesar de los avances, el fútbol mexicano no está exento de contradicciones socioambientales. Diversos análisis académicos advierten sobre los riesgos del llamado “capitalismo verde”, donde la sostenibilidad puede ser utilizada como herramienta de marketing sin resolver daños estructurales.

Algunos ejemplos relevantes:

  • Impacto ecológico del Estadio BBVA: colectivos ambientales calificaron su construcción como un “ecocidio” al haberse desarrollado en el entorno del Parque La Pastora, un área con más de 100 especies registradas.
  • Consumo de agua en el Estadio Azteca: las obras de remodelación rumbo al Mundial 2026 generaron preocupación por posibles extracciones de hasta 560,000 litros diarios, en una ciudad con estrés hídrico crónico.
  • Eventos internacionales: torneos como Qatar 2022 o el propio Mundial 2026 plantean enormes retos de movilidad y logística, aumentando de forma significativa la huella de carbono global.

Estas tensiones obligan a distinguir entre avances reales y discursos incompletos.

El Distintivo ESR y el rol institucional de la FMF

La Federación Mexicana de Fútbol y la Liga MX han sido reconocidas con el Distintivo Empresa Socialmente Responsable (ESR) en múltiples ocasiones consecutivas. Este reconocimiento evalúa la integración voluntaria de prácticas sociales, éticas y ambientales en la operación institucional.

Las acciones de la FMF se estructuran en cuatro pilares: educación, inclusión, salud y medio ambiente. Entre las medidas implementadas se encuentran el uso de paneles solares, sistemas de captación de agua pluvial y programas de sensibilización social.

El objetivo de fondo es claro: posicionar al fútbol mexicano como referente regional en sostenibilidad, mejorando al mismo tiempo su reputación internacional.

¿El futuro del fútbol mexicano será verde?

El fútbol mexicano ha iniciado un camino irreversible hacia la sostenibilidad. Aunque existen desafíos estructurales y críticas legítimas, los casos de Monterrey y Tigres demuestran que es posible alinear éxito deportivo, rentabilidad y responsabilidad ambiental.

El siguiente paso dependerá también de los aficionados. Elegir transporte público, participar en programas de reciclaje y adoptar hábitos sostenibles dentro y fuera del estadio convierte al hincha en actor del cambio, no solo en espectador.

La Liga MX tiene una oportunidad única: utilizar la pasión por el fútbol como motor de transformación social y ecológica, demostrando que el deporte más popular del país puede ser también uno de los más responsables.