BREGANDO

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08 Ene 2013
Jaime Oaxaca  Momentáneamente regresó la suerte de varas a La México  El trabajo de picador de toros es una de las muchas actividades que están desapareciendo por cuestiones de la modernidad. Casi es obsoleto que se piquen los toros aunque la agrupación de subalternos insista que deben poner tres picadores en la plaza México cuando únicamente son dos los que actúan. La suerte de picar a los toros casi está en desuso. Los ganaderos están bajando la bravura a los toros, tanto que cuando los bureles reciben un piquetito se caen. Es algo así como la coleta de los toros que sólo es simbólica. La suerte de varas prácticamente también lo es. La mayoría de las ganaderías que lidian en la plaza México suelen ser debiluchas, blandas, descastadas, sin sangre brava, realmente no se necesita la suerte de varas. Por si fuera poco, la gente que asiste a La México casi no le gusta ver que se piquen los toros, la prueba es que ahora se aplaude cuando a las reses se les da un piquetito y todo mundo contento con ese simulacro. Si en lugar de la parodia de la suerte de varas, los picadores hicieran sangre de verdad, los toros se caerían casi inmediatamente. Más de una vez porque son animales que no han cumplido los cuatro años de edad, los echan con tres, son algo así como adolescentes a los que engordan para que den el peso. Lógico, las albondiguitas carecen de fuerza y se caen inmediatamente, si a eso se le agrega que son descastados, estamos lucidos. Lo malo es que ese tipo de ganado piden las figuras extranjeras, por eso es que en cuanto regresen a La México regresarán las pelotitas cebadas, débiles y descastadas. Vale la pena aclarar que el ganado de Vistahermosa que se lidió la semana pasada, no provocó tumbos por su fuerza o bravura, se les pasó la mano en los “chocolates” que les dieron a los caballos, por eso andaban viajando en su nube, como estaban groguis se caían. Los aficionados, los que entienden el motivo de la existencia de la suerte de varas, los que disfrutan ver un buen puyazo, deben estar agradecidos con el encierro que envió a La México el ganadero Ignacio García Villaseñor, porque fue bravo; me refiero al encierro no el ganadero. Regresando a la corrida 12, el propietario de San Mateo, mandó un hato con trapío, con cornamentas serias, precisamente era el comentario antes y durante el sorteo, abiertamente se podía comentar con el vecino y con los amigos. Cuando el encierro no tiene trapío, sólo en voz muy bajita se cuchichea, el instinto de conservación indica que hay que taparse. Pero el pasado domingo no fue así, los comentarios se hacían sin esconderse. El hato de San Mateo no fue fácil para los toreros, lidiar bravura no es sencillo pero es emocionante. Apareció la suerte de varas, los toros peleaban la gente ovacionaba, así que no debe ser cierto que al público le desagrada la ejecución de la suerte de varas. Hubo buenos puyazos, destacando la pica al quinto de la tarde, Luis Miguel González peleó muy bien con “Peregrino”. Es evidente que sí hay toros bravos en el campo mexicano, pero no los quieren enfrentar las figuras, por eso creo que sólo momentáneamente regresó la suerte de varas a La México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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