Cuatro toneladas de mansedumbre

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08 Feb 2014
Jaime OAXACA El encierro de Fernando de la Mora no mintió ni se equivocó, salió en Fernando de la Mora; es decir, toritos gorditos, escasos de cornamentas, corniausentes, por lo consiguiente sin trapío, anovillados; desde luego, faltos de casta y sobrados de mansedumbre. A los 4 mil kilos le restaremos el peso de un novillo, el sexto bis, que se empleó en el caballo y acometió a la muleta. Ese novillito de nombre Nevado, sustituyó a un manso que se asustaba hasta de su sombra. La mansedumbre de una res no es motivo de devolución, pero la gente estaba indignada, empezaba a protestar con fuerza, eso le asusta a la empresa, para evitarse problemas le autorizaron al juez de plaza que devolviera al manso de solemnidad. Devolución indebida, pero el 5 de febrero se vale todo. Total, otro aniversario más que la bravura es expulsada de la plaza México, ese es el costo a pagar para tener en el cartel alguna figura extranjera. Es innegable que el 5 de febrero es una corrida de mucho glamur… de caché y lo taurino marcha a segundo término. Pero cuando la bravura no aparece en el espectáculo llamado fiesta brava cuyo ingrediente principal es precisamente la casta… la bravura, todo se va al diablo. Y exactamente fue lo que sucedió con la corrida del aniversario número 68 de la plaza México. Cero bravura, cero emoción, mucha decepción y frustración de un público bonachón, que el domingo pasado emocionado se echó en la televisión el juego del Super Bowl y ahora asistió a la plaza México al súper tazón taurino del 5 de febrero. Fue una pena que el público que llenó el tendido numerado y una cuarta parte del general saliera frustrado. Sucede que empresa y toreros se la van jugando a una carta, llevan ganaderías de escasa bravura con la esperanza que uno embista; que sea bobo pero que embista, luego que le meterán la espada donde sea, para que el juez en turno suelte hartos premios y la gente no salga a la calle con la sensación que asistió a una corrida con empate a cero. Precisamente, por el poco conocimiento taurino de los asistentes no tienen idea de lo que es la ganadería de Fernando de la Mora, mucho menos saben que la bravura no aparece con ese hierro. No falta quienes se van con la finta porque en la tercera corrida, hace tres meses, le dieron arrastre lento a tres animales de esa ganadería que nunca fueron bravos; premios inmerecidos, de esos que se otorgan con regularidad en la plaza México. Existe un asunto curioso. Reses de Fernando de la Mora no acostumbra lidiar el rejoneador Hermoso de Mendoza, se rumora que las compraron para El Juli. A Julián le encanta torear de ese hierro, porque sólo tiene que cuidarse que un toro no lo muerda pero no está afligido por una cornada. Sin embargo, algo pasó que la empresa no pudo ponerse de acuerdo con el diestro madrileño y tuvieron que echar mano del rejoneador que estaba programado para el 23 de febrero. Es triste decirlo pero sin Pablo no se hubiera llenado el tendido numerado. Joselito está en el ánimo de la gente pero aún no es un imán de taquilla. Por eso urge tener un torero mexicano taquillero, porque sólo así se evitará que los extranjeros vengan a defecarse en la fiesta mexicana. Se requiere alguien que se le ponga de tú a tú en la taquilla para que los fuereños dejen de sentirse que están hechos a mano. Al final el gozo se fue al pozo porque Fernando de la Mora mandó a la plaza México cuatro toneladas de mansedumbre.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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