El fracaso de Mondragón

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19 Mar 2014
RAMÓN ZURITA SAHAGÚN Desde sus tiempos en la secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal se sabía que Manuel Mondragón era solamente una figura decorativa, con buenas relaciones mediáticas que sabía capitalizar. Sus esfuerzos por mantenerse dentro de la estructura gubernamental se focalizaban en el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, de quien se consideraba tutor. Cercano al priismo desde sus tiempos de amistad con Carlos Hank González, Mondragón supo tender redes en otros grupos políticos. De su capacidad como personaje operativo vinculado a la seguridad pública pocos resultados ofreció, aunque los supo vender a buen precio. Su discurso de que el Distrito Federal era una ciudad segura le fue comprado por el general Óscar Naranjo, quien lo ubicó como el elemento capaz y necesario para la reestructuración policíaca que planteaba el regreso del PRI al gobierno federal. Naranjo insistió en que su proyecto requería de un personaje del talante de Mondragón para ponerlo al frente de la estructura policíaca federal. De esa forma, el doctor Mondragón fue incorporado como el elemento idóneo para encabezar esa dependencia, luego del terrible comportamiento de esa oficina durante la administración de Felipe Calderón. La intención de cambiar los modos, formas y operación de la dependencia fueron temas que impactaron en la decisión de designar a Mondragón, considerado como vital para esa funciones por el asesor en esa materia, Óscar Naranjo. Sin embargo, la primera molestia por parte de Mondragón provino cuando constató que el ofrecimiento no era el de secretario o subsecretario, ya que desparecía la secretaría de Seguridad Pública y el cargo sería el de Comisionado, por lo que el anuncio de la creación de la Gendarmería Nacional, fue la moneda de canje. Para ello, Mondragón tuvo que esperar a que se aprobaran los cambios por parte del Senado de la República para entrar en funciones. Con todo y ello, la lucha contra el crimen organizado le mostró que las cosas no eran como parecían, ya que la infiltración por parte de los grupos delincuenciales en las policías y la permanente corrupción fueron factores que impactaron en la decisión de dejar el combate a las fuerzas armadas. Han sido las secretarías de la Defensa Nacional y especialmente la de Marina, las que han combatido con mayor éxito a los grupos delincuenciales, siendo factores determinantes en los golpes dados a los cárteles de la droga, esencialmente. Esos triunfos fuera de la esfera del comisionado, aunados a la separación del general Naranjo del su cargo de asesor, fueron golpes contundentes en contra de un Manuel Mondragón que sintió afectada su vanidad. El comisionado sabía que sus días estaban contados al frente de la dependencia, por lo que argumentó asuntos personales para una salida que ya estaba plenamente anunciada. Sin embargo, al comisionado, como sucedió con Fernando Gutiérrez Barrios, se le ofreció la oportunidad de presentar su renuncia cuando todo mundo sabía que estaban cesados y que sus días se encontraban contados al frente de las dependencias en que se encontraban. Desde hace varias semanas se sabía que la salida de Mondragón era un hecho y que solamente faltaba protocolizarla para convertirla en realidad. La salida de Mondragón es una muestra de cómo se construyen algunos mitos dentro de la política mexicana y como se derrumban los mismos, una vez que muestra su ineficiencia y que la historia detrás de ellos se va edificando con base en mentiras. ramonzurita44@hotmail.com

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