| Esta zona arqueológica manifiesta uno de los legados más preciados en la historia de México, pues sus asentamientos fueron escenarios del preámbulo de la Conquista TIZATLÁN Redacción Tlaxcala es una de las entidades de la República que ha sido de gran relevancia para la historia de México, pues dicha región comprendió diferentes asentamientos de pueblos prehispánicos. Asimismo, su importancia radica principalmente en las crónicas y anécdotas que la historia de México apunta sobre la época referida como la Conquista, el encuentro entre dichas culturas y los exploradores españoles. En ese sentido, uno de los sitios que permite reflexionar sobre este capítulo es la zona arqueológica de Tizatlán, cuyos cimientos son testigos sólidos del florecimiento de una civilización que fue cuna de héroes y artistas. La zona arqueológica de Tizatlán se ubica a 3 kilómetros de la ciudad de Tlaxcala. Este sitio es considerado como el lugar donde se pactó la alianza tlaxcalteca-hispano el 23 de septiembre de 1519, entre el conquistador español Hernán Cortés y el líder tlaxcalteca Xicohténcatl El Huehue o Ueue (viejo), quien de acuerdo con las crónicas era un anciano que tenía más de 100 años de edad. Esta alianza permitió el derrocamiento de uno de los más fuertes y poderosos imperios: el mexica, mismo que dio paso a una nueva época de la historia nacional. El origen de la tiza Tizatlán es un vocablo náhuatl que significa “lugar de la tiza”. De acuerdo con las crónicas, el origen de este sitio se remonta al siglo 14, es decir, al periodo postclásico de las culturas mesoamericanas, sin embargo, fue descubierto en 1927 por Pánfilo Sánchez, vecino de la región. Entre los datos que se tienen sobre Tizatlán, se sabe que fue uno de los cuatro señoríos que comprendía lo que hoy corresponde a Tlaxcala, pues surgió de la separación entre Ocotelulco y Tzompane, este último cuyos sucesores serían los responsables de fundar esta ciudad prehispánica. Cuna de héroes Esta zona arqueológica, lugar del pueblo tlaxcalteca, fue la cuna de uno de los héroes durante la conquista: XicohténcatlAxayacatzin (El Joven), jefe del ejército. La historia relata que cuando llegaron los españoles a negociar con dicho pueblo, el joven guerrero insistió en combatir a los invasores hasta derrotarlos, sin embargo, debido al intenso respeto a las máximas autoridades del pueblo, entre las cuales se encontraba su padre, tuvo que someterse y sellar el pacto con los conquistadores junto con otros tres señores de Tlaxcallán, sin embargo, Xicoténcatl Axayacatzin murió ahorcado en Texcoco, pues se le acusó de haber traicionado a los españoles, dato que en la actualidad ha sido desmentido. Su carácter de guerrero valeroso e inteligente además de heroico lo colocan junto con Cuitláhuac y Cuauhtémoc, penúltimo y último emperador azteca, respectivamente, como uno de los héroes de México. Arte para los dioses Las ruinas de Tizatlán son efigie de una de las más importantes culturas mesoamericanas, la cual montó diversos altares para las ofrendas y tributos a dioses prehispánicos. En ese sentido, en la zona aún se preserva parte del Palacio de Xicohténcatl, donde se encuentran dos altares policromos con la representación de Mictlantecuhtli, dios del inframundo; Tezcatlipoca, dios de la Noche, y Camaxtli, principal deidad de los tlaxcaltecas. Además, los muros de este recinto tienen decoraciones de figuras de animales así como humanos. Cabe destacar que es una de las pocas zonas arqueológicas de México donde pueden observarse el uso de modernos ladrillos, los cuales recubren la estructura principal del basamento, detalle arquitectónico que denota el avanzado sistema de construcción que tenían los tlaxcaltecas. Este sitio permanece abierto al público y se puede visitar el gran basamento, el museo de sitio y la vieja capilla construida sobre los edificios prehispánicos, los cuales sirvieron durante la Conquista como lugar para el bautismo y conversión al cristianismo de los cuatro señores de Tlaxcallan. Leyenda de Motenehuatzin Entre la magia que recubre esta zona arqueológica, destaca la Leyenda de Motenehuatzin, joven hijo del viejo senador de Tizatlán, cuyo nombre significa “el que tiene nombre y por extensión el de renombre”. De acuerdo con la leyenda, cuando era niño Motenehuatzin mostró una gran inteligencia, por lo cual acudió al Cuicacalli, la Escuela de Canto. Asimismo, la leyenda afirma que “se le veía al surgir y ocultarse Tonatiuh (Sol), vagar por los hermosos jardines de Tizatlán, siempre llenos de flores. En los estanque alborotaba a las aves acuáticas. Las hermosas doncellas admiraban al príncipe. ‘¡Motenehuatzin es un cantor!’ Exclamaban los señores principales del palacio” Durante un concurso de oratoria y canto realizado por Tecayehuatzin, rey de Huexotzingo, donde participaban jóvenes de Chalco, Tetzcoco, Tlaxcallán, Cholollán, entre otros, llegó “el más joven de los cantores: Motenehuatzin, quien portaba lujosas ropas donde resaltaban los colores blanco y rojo de los tlaxcaltecas se produjo un rumor de admiración”, dice la historia. Al terminar la interpretación del joven poeta fue ovacionado, “atronaron en la sala voces de exclamación, golpes de muchas manos sobre el piso, roncos clamores del huéhuetl y de los caracoles y continuó con el hermoso evento de la palabra”, dice la leyenda. Motenehuatzin regresó a Tlaxcallán como triunfador del concurso y al abrazarlo su padre le dijo: “Bien mereciste llevar el nombre de Motenehuatzin, tú regirás los destinos de Tizatlán”. |