Viernes 11 de Diciembre de 2015
NEPTALÍ RAMÍREZ REYES El origen de los jóvenes relacionados con atentados terroristas se encuentra principalmente en Irak, Irán, Afganis­tán y Siria. También, se pueden adver­tir en Francia, Bélgica y España. Sin embargo, la situación actual ha cambiado. Por ejemplo, The Washington Post ha documentado que los jóve­nes ligados con el terrorismo se encuentran en alrededor de 50 países, entre los que destacan Inglaterra, Estados Unidos y Australia. Los jóvenes involucrados en atentados terroristas oscilan de los 21 a los 30 años, son solteros, con educación universitaria y proceden de provincias de diferentes países. No son cualquier joven, aun cuando se argu­mente que social y culturalmente tienen pro­blemas de identidad y sentido de pertenencia. Razones sociales y culturales pueden apor­tarse de manera sostenida desde diversas cien­cias. No obstante, es importante reconocer que la acción terrorista de los jóvenes no solamente se debe a su radicalismo religioso o a la ideolo­gía antioccidental. Hay cuestiones estructurales y geopolíticas que han favorecido el desconten­to juvenil, el crecimiento sostenido del terroris­mo y de sus adeptos jóvenes. El terrorismo ha impactado porque se ha hecho presente en Francia, España o Estados Unidos. Se olvida que es producto del terrorismo que no vemos en los medios de comunicación pero que se ha implantado en países del Medio Oriente. A la comunidad internacional europea y a Estados Unidos, donde se ejerce el poder político mundial, pocoha importado la cultura de la muerte que han sembrado en no pocos países del mundo. Las invasiones no sólo han sido militares, tam­bién han sido empresariales, sociales y culturales. Se han extraído los recursos naturales de los luga­res invadidos y de los grupos sociales ahí residen­tes. El efecto ha sido devastador. Pensemos en la cantidad de familias fracturadas, en los niños cuyos padres murieron defendiendo el territorio y sus recursos naturales, en los niños que ven morir a sus padres en una guerra que no es suya y que observan tanques de guerra y armas que destruyen la vida y alteran la cotidianidad con detonaciones incomprensibles a su edad, pero que le introyectan una cultura de la muerte. Un niño que ha crecido dentro de una cultura de la muerte, sembrada desde el exterior, a través de una geopolítica egoísta, no puede salir fácilmente de este círculo vicioso. La geopolítica de la muerte se gesta desde Euro­pa y Estados unidos, a través de un discurso tram­poso y una práctica dolosa. Se apela a la libertad, a la justicia, al orden, a la igualdad, a la paz, a la libe­ración, al desarrollo. Sin embargo, se traduce en sumisión, injusticia, desorden, desigualdad, gue­rra, esclavitud y atraso. A través de esta geopolítica se ha invadido militarmente países de Medio Oriente y se han enquistado empresas en países de África y Amé­rica Latina. En conjunto, esta geopolítica se ha incrustado alterando los sistemas locales, agudi­zando la explotación social y catalizándolas tras­formaciones culturales. Cuando la persona no juega un papel importante en esta geopolítica, como se ha evidenciado en diver­sos países y distintos continentes, tarde o temprano habrá reacciones sociales. En unos casos la respuesta será el terrorismo, en otros casos la movilización social y la resistencia cultural. La geopolítica de la muerte gesta el odio contra las naciones europeas y Estados Unidos, y contra las personas que no necesariamen­te son culpables de esta política mundial.