De los búfalos de agua a Los Rojos

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03 Mar 2016
Israel Velázquez G*

Todo empezó el domingo, con el operativo 28 de febrero en Atlixco para aprehender, ahora lo sabemos, a Ángel Villalobos Arellano, presunto jefe de Los Rojos.

O quizá el inicio fue la detención de Ismael Coronel Sicairos, aquél presunto narcotraficante sinaloense que en el sexenio de Mario Marín Torres fue beneficiado con recursos públicos para que en Puebla invirtiera en criaderos de búfalos de agua, según obra en el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/019/2011.

Lo que ha pasado entre 2011 y 2016 nadie nos lo cuenta: Puebla ha perdido paulatinamente la imagen de ciudad segura. Sea porque aquí viven las familias de los narcotraficantes, sea porque ha comenzado una sangrienta disputa por una plaza apetitosa por el nivel adquisitivo de los jóvenes que estudian en universidades privadas, o bien porque simplemente agotaron a Veracruz, Guerrero, Morelos…

El caso es que la delincuencia organizada está metida en los más altos niveles del gobierno estatal: de eso nos da cuenta que se haya detenido al teniente Marco Antonio Estrada López, ahora exdirector de la policía; Estrada López se dedicaba tranquilamente a robar combustible de los ductos de Pemex.

La descomposición social que se vive en el estado de Puebla nos alcanza a todos: en el linchamiento ocurrido en Ajalpan en octubre de 2015 los habitantes confundieron a dos encuestadores con secuestradores y el martes pasado, en Chapulco, fue lo mismo: los pobladores reaccionaron para impedir un secuestro.

El titular de la Secretaría General de Gobierno, Diódoro Carrasco Altamirano, ha dicho que las policías municipales están siendo rebasadas tanto por la delincuencia como por el hartazgo social, pero ni él ni ninguna otra autoridad dicen qué acciones van a tomar ante lo que se vislumbra como un peligro del que nadie ha librado ni a Tamaulipas, ni a Guerrero, ni a Veracruz, ni a Michoacán.

El pasado 8 de febrero, en el periódico El Financiero el periodista Raymundo Riva Palacio escribía: “La fuga de Joaquín El Chapo Guzmán de la cárcel del Altiplano en julio del año pasado coincidió con una investigación en curso sobre su entorno financiero. Las autoridades buscaban determinar qué personas y empresas formaban la red de lavado de dinero (…) y varias hebras llevaban a desarrollos inmobiliarios para clientes de altos ingresos, cadenas de establecimientos comerciales y franquicias en Puebla, relacionadas con empresarios y políticos, entre los cuales se tienen indicios de vinculaciones con, cuando menos, un exgobernador”.

Sean El Chapo, Los Zetas, Nueva Generación, Guerreros Unidos, Los Rojos…, el caso es que cada vez es menos discreta la presencia del crimen organizado en el estado de Puebla y, para que eso haya ocurrido se necesita el consentimiento de las autoridades, sean del nivel que sean: no hay crimen organizado si no hay colusión del Estado.

Un hecho que resulta revelador: la madrugada del martes en Cuautlancingo un comando armado mató a dos personas y habría secuestrado a 20. Todo, en menos de 30 minutos. Todo, a media calle de la Comandancia de la Policía Municipal de Cuautlancingo. Todo, a unos metros de la oficina del presidente municipal panista, Félix Casiano.

Entonces, no todo empezó el domingo con el operativo en Atlixco. Viene de antes, de muchos años antes…

* Coordinador editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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