EU, consumo político

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08 Abr 2016

Ángel Soriano

Al considerar inviables las propuestas del aspirante republicano a la candidatura presidencial, Donald Trump, el presidente Barack Obama expresó que sus bravatas son sólo para consumo político pues de ponerlas en práctica provocaría un verdadero caos no sólo en la Unión Americana, sino en los países de origen de los indocumentados, especialmente para México, para quien van dirigidas las locuaces propuestas.

 En este sentido, la supuesta nueva estrategia “diplomática” de la cancillería mexicana carece de validez si se toma en cuenta que las propuestas de Trump no sólo son rechazadas por una inmensa mayoría republicana, sino de estadunidenses sensatos, dirigentes sociales y altos funcionarios gubernamentales, por lo que se considera ocioso decir que el simple cambio de embajador resolverá un asunto electoral doméstico.

 Seguramente que nuestra canciller también desea aprovechar el mar revuelto que prevalece en la Unión Americana, para que al fragor de las campañas, se alce en hombros y se cuelgue de un asunto electoral del vecino país, para hacer campaña propia. Es decir, sacar raja de las impopulares propuestas para remover a un diplomático y enviar a otro con “instrucciones” precisas de moverle el tapete y recomponer el giro electoral.

 De todas maneras la reacción de nuestro país ante la andanada del magnate republicano ha llegado tarde y mal. Ya el gran pueblo estadunidense y su mismo gobierno se encargan de descalificar al millonario neoyorquino, experto en el manejo publicitario, bravucón como corresponde para llamar la atención de los medios de comunicación, y vonvertirse en figura estelar del ambiente comicial en su país.

 No es necesario ni una nueva ni una mejor estrategia, la defensa de nuestro país y de su dignidad, de su soberanía y de la no intromisión en los asuntos internos de los pueblos, debe ser una tarea permanente de todos, pueblo y gobierno, porque todos hemos sido ofendidos por el malogrado magnate republicano; y de esas ofensas la representación diplomática en Washington nunca tuvo conocimiento y nunca acusó recibo, al contrario, hubo omisión, tolerancia y ausencia de nacionalismo en la defensa del interés común.

 Obama, de manera sencilla descalificó al magnate: son inviables sus propuestas, se trata de un discurso para consumo político. Son irrealizables las medidas del aspirante republicano a la candidatura presidencial y ha reiterado el Jefe de la Casa Blanca que hay mucho trecho entre la propaganda electoral y el manejo del gobierno de la Nación más poderosa del mundo.

 Al contrario de lo que piensa la cancillería mexicana, no hay necesidad de cambio de estrategia, el poner en su lugar a Donald Trump no corresponde a un gobierno extranjero ni a una embajada. Serán los propios estadunidenses, en especial los republicanos, los que le nieguen la candidatura y los ciudadanos en las urnas los que le den un severo revés, pues se ha dicho, y con razón, que Donald Trump no es un peligro para México; es un peligro para el mundo y la humanidad en su conjunto no permitirá que asuma el poder un fanático más, otro terrorista que acelere otra guerra mundial ni que llegue al mundo entero a otro baño de sangre. Todavía, se supone, hay sensatez en la Unión Americana.

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