Un sexenio, la oportunidad perdida

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13 Abr 2016
Israel Velázquez G.

Si bien los electores de Puebla se han tardado para atreverse a elegir un gobierno que no tenga como origen al Partido Revolucionario Institucional, sí pudieron, a partir de 2010, vivir una experiencia inédita en el país.

Fue olvidable la emoción que se vivía en cafés, bares y en las reuniones familiares ante la posibilidad de librarse del marinismo, de tener en las manos, en cada voto, el poder de decidir la derrota de Javier López Zavala, uno de los peores candidatos de que se tenga memoria no sólo en el PRI, no sólo en Puebla.

El 4 de julio de 2010 Rafael Moreno Valle Rosas fue electo como gobernador constitucional del estado de Puebla para el periodo 2011-2017. Fue también el primer mandatario electo de una coalición llamada Compromiso por Puebla en la que participaron el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática, Convergencia y Nueva Alianza, cuyos dirigentes hicieron a un lado diferencias ideológicas –si es que las tuvieron– y se aliaron para derrotar al Partido Revolucionario Institucional.

Cuando recibió su constancia de mayoría en el Instituto Electoral del Estado (IEE) Moreno Valle hizo un llamado a unir esfuerzos: “Necesitamos de todos los partidos: del PRI y del Verde Ecologista, de las fuerzas que conformaron la coalición Compromiso por Puebla, de los ciudadanos que participaron de manera ejemplar en la jornada electoral del pasado 4 de julio, para lograr la transformación del Estado”.

Ahora, cuando otra vez hay elecciones para elegir gobernador del estado, nada queda de aquella posibilidad. Aquella coalición en Puebla pudo quedarse en algo meramente electoral y eso ya era grave, pero retrocedió hasta lo anecdótico.

Ninguno de los actores políticos que tuvieron un relevante papel en aquella victoria aliancista estuvo dispuesto a compartir el ejercicio de poder y a asumir los costos. En su radar nunca estuvo aquel puntito que les indicara que había electores, miles de electores dispuestos a elevar la calidad democrática de un estado que, sabemos, siguió en manos de gobernantes con espíritu priista.

La fortaleza y operación política llevadas al más alto nivel en 2010 se fue encogiendo hasta quedar en un enanismo que nunca contempló, por ejemplo, un gabinete eficiente y profesional.

El gobernador Rafael Moreno Valle quiso repetir la fórmula, pero ya no pudo revertir el desencanto que fue sembrando durante su sexenio. Si bien José Antonio Gali logró la candidatura bajo las siglas del PAN y que lo acompañen Compromiso por Puebla (CPP) y Pacto Social de Integración (PSI), Partido Nueva Alianza (Panal) y Partido del Trabajo (PT), no se le ve el músculo dibujado en 2010 por quien hoy lo impulsa desde Casa Puebla.

Esta alianza llamada Puebla Avanza luce como los edificios del centro histórico que guardan una fachada maravillosa, que evoca lo que fue, lo que pudo ser…, pero su estructura interna o está acondicionada para estacionar automóviles o luce paredes deterioradas, sin techos, sin pisos.

Lo paradójico es que, de acuerdo con la encueta que ayer publicó el periódico El Financiero, aun así le alcanzará para derrotar a una de sus pares, la priista Blanca Alcalá Ruiz, la misma que fue presidenta municipal de la mano de Mario Marín Torres.

* coordinacioneditorial@elpopular.org

* Coordinador editorial en El Popular, diario imparcial de Puebla.

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