¿Quién se hace cargo de nuestros niños?

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Martín CORONA


08 Sep 2016

"Los niños de ahora no se sorprenden con nada, antes de los cinco años han visto muchas cosas en sus pantallas". En mi oficio escucho frases como la anterior una y otra vez, incluso al bajar de dar un espectáculo la sorpresa de los adultos asistentes es enorme, ¿cómo puedes tener la atención y lograr la sorpresa en los niños de ahora?

Efectivamente, pareciera que es cada vez más difícil sorprender y captar la atención de un niño. Los animales exóticos dejaron de existir con tantos documentales, las historias y los cuentos no parecen llamar su atención, dicen que los juegos les aburren y sólo quieren estar frente a sus pantallas que obedecen a su tacto para mostrarles la naturaleza, las historias y dejarlos jugar mucho antes de aprender a leer y escribir.

Miramos a los niños como estos nuevos monstruos lejanos, nuestros hijos nos enseñan a usar los dispositivos electrónicos en los escasos tiempos que nos deja el trabajo, las redes sociales, el pago de servicios, los trayectos, las cada vez más absorbentes necesidades que nos impone nuestra cultura.

Y esos niños que consumen todo el tiempo azúcares agregadas (tanto en lo dulce como en lo salado) parecieran no poder alejarse de las pantallas. A diferencia de la infancia de muchos de nosotros no tienen un horario de caricaturas, tienen cinco canales especializados, divididos por edades, género, intereses. No son humanos en formación, son clientes desde ahora, diseñados y perfectamente cincelados. Así que los adultos los miramos y escuchamos con asombro, muchas veces con el cariño del coleccionista que mira a diario el objeto amado que nunca se atreverá a abrir, a sacar de su caja o envoltorio por miedo a que pierda su valor.

Y a lo largo de miles de funciones, de más de mil emisiones de radio para niños y familias con otros contenidos, sin tabletas ni pantallas de por medio, me he dado cuenta que hoy más que nunca los niños gustan y necesitan de lo más simple.

En la actualidad, ¿Quién es el responsable de la formación de la infancia?

Antes de la revolución industrial, los niños eran más manos para el campo, ayudantes en el trabajo duro de la familia. Entre más rápido fueran entrenados era mucho mejor, porque se podría elevar la producción y mejorar las condiciones de vida de toda la familia.

Posteriormente, cuando las máquinas ayudaron a la humanidad en sus labores, los niños necesitaron ser formados para otra cosa, para convertirse en ciudadanos y entonces los gobiernos crearon las escuelas para hacer de los humanos pequeños futuros habitantes de un sistema nuevo.

Pero, en este momento en que la escuela pareciera carecer de sentido, en que vemos cómo los gobiernos son apenas intermediarios entre la empresa, el capital y los ciudadanos; ahora que las órdenes de la banca mundial son obedecidas por todos, ¿quién se hace cargo de los niños?

La respuesta es muy simple. Otras empresas desde un sitio muy lejano deciden los contenidos, las maneras, las ideas y valores que impondrán mediante series animadas o con actores en la televisión, en el cine, en la música. Y propios y extraños siguen y se rigen con esas veladas órdenes. Los creativos y creadores para niños están convencidos de que lo único que deben hacer es adaptar lo que Disney, Cartoon Network, Nickelodeon y todas las casas productoras mainstream generan cotidianamente para los niños.

Así que asistimos a una mundialización en la que millones de humanos se formarán con los mismos contenidos, ya que vieron los mismos programas, jugaron los mismos videojuegos y, por ende, tienen los mismos valores y las mismas ideas. Atrás quedaron los tiempos en que el abuelo te contaba historias de su pueblo, te cuidaba un tío o una tía y te mostraba su versión de las cosas.

La naturaleza para nuestros niños está en los documentales.

Los cuentos de la infancia son la misma historia endulcorada y adicionada con valores y esquemas de consumo.

Los juegos para niñas y niños se realizan sentados, alejados del mundo real.

Nos queda, a quienes deseamos hacernos responsables, mostrarles a nuestros niños la naturaleza y sus ciclos, de los cuales somos parte. Compartir con ellos los dos mil años de historia occidental con sus milagrosas historias locales y diversas que aún pervive. Jugar y jugar a muchas cosas que aprendimos y tenemos la responsabilidad histórica de compartir.

Es necesario volver a mirar a los ojos a nuestros niños, alejarlos un poco del absurdo imperial al que los confinamos en el abandono, porque estamos demasiado ocupados trabajando, cumpliendo con las cuotas sociales, ganando dinero para pagar su educación, pero nos olvidamos de lo más importante: el compromiso de hacerlos personas, de compartirles el legado de humanidad que –en mayor o menor medida- nos fue otorgado a nosotros en la infancia.

elmismisimus@gmail.com

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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