¿Trabajamos en la extinción del arte?

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Martín CORONA


13 Oct 2016

No me molesta que tal o cual "artista" baje millones de pesos para hacer algo que no hará nunca, hace a medias o finge realizar. No me molesta que los supuestos creadores se vuelvan empleados de oficinas de cultura y ayuden a aparentar que se hacen grandes cosas, mientras una comunidad artística les envidia el puesto y el presupuesto.

No me enoja que sólo los familiares y amigos de autoridades y empresarios sean quienes pueden ejercer presupuestos para producir productos y servicios artísticos. No me molesta que la mayoría de las convocatorias de apoyos y becas terminen sirviendo para pagar compromisos políticos, deudas de trabajo y hasta para apoyar a los hijos, sobrinos y recomendados de amigos.

No tengo problema con que los presupuestos para hacer libros, presentar teatro o hacer exposiciones termine malversado en proyectos absurdos. No estoy enojado porque las autoridades de cultura y artes están mucho más ocupadas en el trabajo político que en atender a la población. Tampoco hago berrinches cuando un pequeño grupo toma un festival, feria o evento y sólo invita a su cerradísimo grupo de amigos sin que les importe el público y mucho menos la creación o el impacto social.

No me molesta que los propios creadores y artistas crean que su máximo escalón será salir en la televisión para hacer de tapete de figurines vacíos. Para nada debo criticar a quienes gastan los impuestos de su familia, en lugar de pagarlos a hacienda, en hacer hermosas y conmovedoras cosas artísticas y culturales. Tampoco me desconcierta ni enfada que el 90% del recurso destinado a un asunto artístico se vaya en todo el aparato burocrático y administrativo, mientras sólo el 10% se use en el objetivo real para el que está destinado.

Tampoco me molesta que encerraran a las artes y la creatividad en las universidades, generando al final productos para un público pequeñísimo, sectario y elitista. Mucho menos me enoja que investiguen lo mismo que producen y terminen haciendo una entropía absurda, para que cuando salen sus alumnos a la vida laboral todo lo que aprendieron sea más un lastre que verdaderas herramientas para trabajar.

Lo que me molesta es que debido a todas las prácticas antes mencionadas el arte, así como lo entendemos ahora, se acabará.

Cuando los fondos nacionales e internacionales destinados al arte y la cultura dejen de fluir.

Cuando cambien las leyes y el estado ya no destine cantidad alguna a las artes.

Cuando las grandes fortunas no quieran o puedan pasar el dinero por las artes y prefieran cosas como el espectáculo del deporte o el asistencialismo.

Se acabará el arte cuando las instituciones académicas se conviertan sólo en negocios que formen gente para que siga un modelo de producción-consumo. En ese contexto las artes sólo servirán, como ya casi ocurre, como maneras de vender otra cosa, como pretextos para las buenas conciencias.

Se terminará cuando las empresas puedan apoyarse con su IVA en otras cosas, cuando la cultura y el arte sean el mero pretexto para el turismo, la venta de productos o simplemente ya no exista.

Mientras los artistas y creadores están tomando talleres y cursos de gestión y de cómo obtener recursos, olvidan lo verdaderamente importante: hacer. Crear un consumidor y dejar de pensar en "publico", nuestro compromiso es trabajar en generar una necesidad de productos artísticos, hacerlo directamente con la gente, pues en la batalla de las redes y las pantallas es casi imposible crear nuevos contenidos. A menos que se tengan millones de pesos para invertir en publicidad, producción y difusión.

Los artistas y creadores debemos preocuparnos por generar una tradición y crear la necesidad de servicios y productos en diversos sectores sociales. Si bien aún hay inversión de los estados, instituciones y empresas deberíamos usarla a favor del arte mismo y no en beneficio personal.

El mercado más importante en este momento son los niños y los jóvenes, quienes en pocos años tendrán el poder económico y político, son ellos en quienes debemos sembrar y trabajar con mayor ahínco. Los adultos formados hoy pueden ser un sector que consume pero ¿por cuántos años?

Considero de suma importancia que la investigación académica trabaje en crear verdadera tradición artística, en voltear a la sociedad para generar un mercado de consumo verdadero. Aprovechar los apoyos de los gobiernos y las instituciones internacionales para crear un campo de acción amplio apara las artes.

La queja es simple y no sirve para nada, a los artistas creativos les ha llegado el momento de actuar ante la sociedad, pues mientras sigan trabajando en modelos elitistas e ínfimos estarán condenando a la extinción a su arte, aunque ellos puedan llegar a vivir más o menos bien de su quehacer.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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