Fuego en el mar, ¿qué significa “en sentido estricto”?

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Alfonso ARMADA


05 Dic 2016

Entre citas para sentir amparo. Pero leídas sin mover los labios. Y anotadas a lápiz.

Si al menos fuéramos capaces de huir del espejo negro de la realidad virtual que se va comiendo nuestra vida. Con zarcillos de datos que se van diseminando por los hemisferios del cerebro, como en el segundo episodio de la tercera temporada de Black Mirror. Tal vez entonces podríamos salir de este círculo vicioso, lleno de furia, ruido y diversión atroz que nada significa. Salvo que no vemos ninguna salida al alcance de la mano, al menos en la política, la literatura, el arte. ¿El pensamiento? Entre citas no voy a intentar apagar un fuego, sino todo lo contrario. ¿Qué es en realidad Fuego en el mar? Una de las posibles formas de recuperar la cordura, o de no acabar de perderla, es reduciendo a escombros los lugares comunes, las frases hechas, los latiguillos, los tópicos con los que dejamos cómodamente de pensar. Eso que con desigual fortuna lleva intentando que hagamos Aurelio Arteta, haciendo acopio y derribo de "tantos tristes tópicos". Y es lo que nos proponía George Steiner en Errata"¿qué significa en 'sentido estricto'?". Tratamos desesperadamente de hacernos entender, pero lo logramos en muy pocas ocasiones. En sentido estricto, Fuego en el mar es una película de Gianfranco Rosi rodada en la isla italiana de Lampedusa. Quería filmar un cortometraje de diez minutos para presentarlo a un festival internacional. Durante mucho tiempo, reconoce Rosi, Lampedusa había sido «una maraña de voces e imágenes generadas por anuncios de televisión y titulares impactantes sobre muertes, emergencias, invasiones y protestas populistas. Pero una vez en la isla descubrí una realidad que no se parecía en nada a la que transmitían los medios de comunicación y la narrativa política. Me di cuenta de que sería imposible comprimir un universo tan complejo como el de Lampedusa en unos pocos minutos».

¿A eso se refería George Steiner cuando se hacía una pregunta que no ha dejado de resonar después de Auschwitz, pero también después de Sarajevo, de Ruanda y, ahora mismo, de Siria. ¿Y los que desde el agua (fuocoammare, fuego en el mar, mar de árdorafuego de san Telmo), con nuestra máscara pegada a sus rostros, reflejándonos como un espejo negro, acaso azul cobalto, nos dicen que tal vez ya seamos nosotros, o que algún día podremos serlo?

Se pregunta Steiner: "¿Es posible (formulo esta hipótesis después de sesenta años de magisterio y de amor por las letras) que, tal vez, las humanidades puedan volverle a uno inhumano? ¿Que, lejos de hacernos mejores (por decirlo con total ingenuidad), lejos de aguzar nuestra sensibilidad moral, la atenúen? Nos alejan de la vida, nos dan tal intensidad con la ficción que a su lado la realidad pierde color. Y si eso es verdad, entonces ya no sé qué hacer C¿ómo hallar un método para vivir los grandes textos, los grandes cuadros, la gran música, el gran teatro, y a salir de esa experiencia más sensible, si se puede, a la experiencia humana? Tiene que haber un método, tiene que haber personas capaces de conseguir algo así. Pero prácticamente no he conocido a ninguna". Se lo pregunta Steiner, en Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler.

Yo apunto dos: Simone Weil y Albert Camus. Y desde un suplemento cultural traslado la pregunta al periodismo, en sentido estricto. El periodismo que acaso no está sabiendo dar cuenta exacta, profunda, de lo que está ocurriendo. Aunque para nuestro consuelo, y nuestra buena conciencia, y poder seguir durmiendo a pierna suelta, nos gusta pensar que sí. Mientras nuestro mundo (el de la idea de Europa, y el de los periódicos como baluarte del contrapoder, de la búsqueda de la verdad, del conocimiento al alcance de todo el que quiera saber) se desvanece ante nuestros ojos. Naufraga en el mar de la actualidad.

A fuerza de trabajar con el arte, de cultivar el pensamiento, las ideas elevadas por la estética y la ética (igual que los que trabajan en una ONG), uno creía que serían más sensibles, más humanos, más amables que la mayoría. Y no es así: a menudo hay un abismo entre lo que predican y lo que hacen. Vanidad, egoísmo, celos, envidias, apuñalamientos (en sentido estricto y figurado) de una ferocidad admirable.

Director de ABC Cultural, coordinador del Master de periodismo ABC/UCM y editor de la revista fronterad.

Twitter: @alfarmada

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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