¿Es real lo que ves en tu pantalla?

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Martín CORONA


22 Dic 2016

En las últimas semanas han ocurrido una serie de eventos muy extraños, todos en la línea de lo desafortunado, de lo inesperado y hasta absurdo. Desde la muerte del secretario de Cultura en México, hasta la explosión de un mercado completo con casi un centenar de muertos. Al mismo tiempo que se crea una polarización de opiniones en cuanto a unos videos de un poblado lejanísimo y casi desconocido para los mexicanos: Alepo en Siria.

Todo ello aderezado por el absurdo de los trending topics o tren del mame en los cuales gente común y corriente se vuelve popular por subir un video "gracioso", "curioso" o absurdo. Me queda claro hoy más que nunca que los humanos nos religamos con los demás, con nuestro grupo social a través de historias. Lo más curioso de todo esto es que dichos "trenes" y las propias noticias no pasan por ningún filtro entre la gente.

Comenzaré por hablar del video del llamado #LadyWuuu cuya similitud fisonómica con el aún mandatario poblano se une perfectamente con su aspiración presidencial. El video original es viejo, absurdo, un fan obviamente gay de un grupo juvenil de antaño grita emocionado. Ese grito se volvió el motor de una campaña de publicidad que ha llevado a su protagonista a estar con las figuras de televisión, promover marcas de autos y seguir en el juego mediático. Sin embargo, a nadie le importa el ¿por qué?, el ¿cómo? Mucho menos el ¿para qué? De encumbrar a un taquero de la Ciudad de México.

El video de los quince años de Rubí no es diferente, una familia de pueblo invita a su celebración tradicional de quince años, con las mismas frases que lo hacemos todos los mexicanos: "están todos invitados", "es su casa", pero promoviendo una manera de celebrarlo con bandas de corridos norteños, con premios y regalos. Sonando tan parecido a una celebración en las pautas de la narco cultura mexicana que es imposible evitar vincular esas maneras con las de quienes ganan mucho dinero de la ilegalidad. Y nuevamente la gente lo recibe con beneplácito, sin preguntarse nada y lo convierte en su tema cotidiano, en su manera de relacionarse con los demás.

Y ahora, en cuanto a una guerra del otro lado del mundo, que se hace visible a través de videos producidos y perfectamente guiados para generar empatía, seguidos de un asesinato ante las cámaras y un montón de ideas que difícilmente podremos entender como mexicanos. Sin embargo, de nuevo nadie se pregunta por qué y quién paga esa difusión. Me molesta sobre manera ver a la clase media mexicana preocupada por cómo ayudar a las víctimas de Alepo, mientras ignora por completo la tragedia a un centenar de kilómetros de su casa: Tultitlán.

Parece muy sencillo preocuparse por los rubios, por los videos maquillados y manipulados. Sin embargo, puede caerse el mundo real y nadie se preocupará. Hemos llegado a un momento tan extraño que afuera de nuestra casa podrían estar acabando con la vida de un centenar de personas, pero mientras no nos lo muestre ninguna pantalla jamás creeríamos que es real.

La muerte de figuras públicas se suma a un manejo mediático del poder político, el rumor de que había muerto el secretario de cultura surgió dos días antes, seguido de su negación, para que justo un viernes previo a que se develaran los recortes al presupuesto de cultura se anunciara como oficial su muerte. Luego, el tema de su enfermedad crónica y su probable imposibilidad para ejercer el cargo viene a mostrarnos con claridad que los medios nunca dicen las cosas como son en el plano de la realidad, sino que generan una construcción ideológica para que funcionen los sistemas. ¿Nos mienten? Claro, todo el tiempo.

Y en todo este caos, quiero dejar claro que es tiempo de volver la mirada hacia nosotros mismos: hacia nuestra familia, hacia nuestra gente amada, hacia nuestra comunidad. En tanto sigamos creyendo sin reflexión en lo que dictan las pantallas seguiremos siendo un grupo de hormigas esclavizadas, fácilmente manipulables.

A diferencia de lo que podríamos creer, las pantallas nos están orillando a vivir cada vez más lejos unos de otros, más alejados y más egoístas con nuestro entorno inmediato. Aprovechar esta época para parar un poco, no es una idea de buenas voluntades, sino una verdadera necesidad.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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