La metáfora de la gasolina

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Martín CORONA


05 Ene 2017

Gasolina pareciera el tema de moda. El tren del mame, pero va mucho más allá. Movilizaciones, tomas de autopistas y carreteras. Discusiones. Teorías conspiratorias. Incremento del 20 por ciento en la gasolina, en el transporte, en los productos que se mueven (que son todos). En lo servicios cotidianos.

La gasolina se volvió la sangre que mueve al mundo actual. Elevar su costo es elevar los ánimos, la neurosis y llegar a cierto grado de locura.

Sé bien que hace mucho olvidamos que nuestros abuelos y bisabuelos valoraban más que cualquier otra cosa su pedacito de tierra para sembrar su milpa. La tierra era su manera de comer y, por ende, de vivir. Ahora la gente que tiene tierra piensa en venderla, construir casas y generar dinero.

El tiempo libre, aquel que servía para pasear en un parque, charlar con los amigos o simplemente no hacer nada se ha convertido en un espacio para ver la televisión, para llenar la cabeza y el corazón de anhelos y deseos casi imposibles. Entre ellos el más deseable y maravilloso es: un auto. Un auto que te dará la libertad. La libertad de ir a donde quieras por carretera, sin embargo nadie repara en la afirmación dolorosa: un auto es más caro que un hijo. Y justo así es y mucho más ahora que el gasolina se volverá un costo inaccesible, como el impuesto de tenencia, el pago de verificación, placas, permisos, infracciones y mordidas. Toda esa supuesta libertad se traduce en: dinero.

Y pocos vislumbran una realidad absurda que puebla nuestros días: las carreteras imposibilitan el libre tránsito en las ciudades y las autopistas hacen imposible viajar si no es con auto o por avión. Y esas carreteras poseen el mismo truco de los parques temáticos, son enormes, dan tres veces vuelta, nunca toman la vía más corta. ¿Por qué? Porque si construyes un camino –por pequeño que sea– tres veces más largo la gente consumirá tres veces más gasolina y pasará más tiempo dentro de su auto.

Cada minuto más dentro de tu auto es una ganancia más para la gasolina. Cada nueva carretera es más dinero para la gasolina. Cada nueva caseta y peaje por donde circularás más rápido acelerando más, es más gasolina.

Y nadie menciona la contaminación por plomo. Pocos son conscientes qué tanto afecta a la salud humana un ambiente poblado de metales pesados. El estrés que mata cada vez a más personas en el juego de la modernidad se relaciona directamente con estar dentro del auto más de la mitad de la vida, para moverse al trabajo, a la escuela, a otro espacio físico para ganar el dinero que sirve para pagar gasolina.

Imagina que tienes un hormiguero, imagina que un día no les das comida, imagina que deben trabajar para que vacíes una cucharadita de azúcar a diario, pero ahora un pequeño grupo ha visto la forma de hacerse con toda el azúcar a cambio de que todos trabajen para ellos.

La gasolina no es un problema, sino el síntoma de una cultura, de un montón de hormigas que esperan su azúcar. Dudo mucho que la gente se esté organizando de manera individual para protestar, más bien intereses corporativos y empresariales afectados envían a sus empleados y grupos a hacer presión.

La gasolina es una metáfora que vale la pena re pensar en el mundo actual.

La gasolina no es una enfermedad, el problema es una sociedad habituada a tal extremo a su discapacidad que es incapaz de mirar de otra forma la realidad.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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