La diplomacia decadente

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Mario DE VALDIVIA


12 Feb 2017

Isidro Fabela, diplomático mexicano, historiador, catedrático, literato, exgobernador del Estado de México (a él se atribuye la creación del "Grupo Atlacomulco") y gran pensador a quien por cierto dijo admirar el presidente Peña (pero ya se le olvidó), escribió un ensayo político hoy relegado: Los Estados Unidos contra la libertad, en el cual advirtió los peligros de la vecindad con la gran potencia en que se convirtió ese país a inicios del siglo 20.

Por la brutal torpeza de Pancho Villa al atacar el inerme y pequeño poblado de Columbus en Nuevo México (no confundir con Columbus, Texas o Columbus, Ohio), el gobierno estadounidense decidió enviar en 1916 y 1917, un destacamento militar de 15 mil hombres a territorio mexicano para dar caza a Doroteo Arango (nombre real del forajido); fue la llamada "Expedición Punitiva" (Comandada por Pershing y Einsenhower).

El infame ataque villista a una aldea indefensa, provocó la consecuente ira del gobierno americano y, a pesar de que tres años antes ya había ocupado el puerto de Veracruz (ahí andaba McArthur), esta vez la incursión se hizo a territorio chihuahuense, con propósito específico de atrapar a Villa, pero no hubo declaración de guerra ni mensaje hostil contra el gobierno de Carranza.

Pero la Punitiva era, por cualquier lado, una intervención armada en país extranjero, un país débil, en plena convulsión revolucionaria y sin ejército unificado, más bien no había ejército sino bandas desorganizadas que constantemente cambiaban de bando. Villa representaba una de las muchas facciones que desató la revolución maderista y luego la traición huertista. Pancho Villa quería ser presidente y había contado con la simpatía de los Estados Unidos de América, que le financiaba uniformes y armamento para la "División del Norte", hasta llegó a prestarse para que se filmaran algunos de sus combates y sirvieran para la nueva industria cinematográfica.

Sin embargo, Estados Unidos reconoció a Carranza como presidente y eso causó el encono villista, por eso atacó Columbus, para provocar al vecino y propiciar una invasión que al gobierno carrancista le hubiera costado una desigual guerra con la cual hubiéramos perdido más territorio y totalmente la soberanía.

La operación diplomática de Fabela a favor de Carranza fue determinante en 1916-1917 para que las intervenciones armadas extranjeras no concluyeran en ocupación total ni en fraccionamiento de nuestro territorio. Carranza se afianzaba y se ocupó de proponer una nueva redacción constitucional cuyo congreso sesionaba precisamente en los meses de la Expedición Punitiva, sin los riesgos de la confrontación armada y gozando plácidamente de las delicias queretanas, para promulgar una constitución que garantizaba a los Estados Unidos (y a otras potencias), la exploración, extracción, comercialización y exportación de petróleo y minerales.

La constitución carranclana permitió el abuso de las compañías petroleras americanas, holandesas, inglesas y francesas. El chiste duró 20 años y la prepotencia desmesurada de las petroleras, amparadas por esa constitución que cumple cien años y que todos festejan, fue finalmente detenida por la expropiación cardenista de 1938, basada en una ley expropiatoria y que requirió enmiendas constitucionales, pero eran "los buenos tiempos de Franklin Delano Roosevelt" como dijera el viejo maestro potosino Don Jesús Silva Herzog.

Fabela fue diplomático de verdad: embajador o representante en Francia, Inglaterra, España, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Alemania. Escribió la Historia Diplomática de la Revolución Mexicana, Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional. Actor relevante en la política exterior y dio lustre a México.

Hoy, Luis Videgaray, el aprendiz improvisado, sin experiencia de internacionalista, avergüenza a México y pone en evidencia la decadencia del Estado mexicano en tiempos de una devastadora crisis política con Estados Unidos.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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