Obituario a la Constitución del 5 de febrero de 1917

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Este cinco de febrero se celebraron los cien años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de nuestra Carta Magna o Ley Suprema, aunque la celebración es de un fantasma, de una constitución que ha muerto, porque ya no tiene el alma y el espíritu de los prohombres que la engendraron y quizá esto obedezca a que nació en el seno de un sistema enfermo: "el derecho es la emanación de un centro único de autoridad en el orden político" (El estado moderno, por Harold J. Lasky; Barcelona, 1932, pág. 40).

Recordemos que ese centro único de autoridad después de la Revolución Mexicana (1910) en nuestro país, estuvo concentrado por más de ochenta años en un poder caciquil, casi feudal, encarnado en los líderes revolucionarios primero, y después por un poder político dominado por su afán mediato de riqueza, al que no le interesaba ni le interesa, ni la delegación soberana que lo legítima, ni ideología política alguna, ni el servicio público, mucho menos las grandes mayorías a las que representan.

Desde el punto de vista político, las instituciones formales instauradas en esta Constitución, cuyo modelo originario fue el constitucionalismo de nuestro vecino país del norte, rápidamente fueron adaptadas a nuestras propias prácticas políticas, a las que les faltó fundamento ético, moral y de interés colectivo, rápidamente las grandes inserciones que colocaron a nuestra Constitución como la primera constitución social del siglo XX, fueron tomadas para instaurar un conveniente populismo, primero, y simple letra muerta después.

A la fecha habrá que preguntarse si hasta la forma de gobierno adoptada, bajo la variante presidencial, obedeció en algún momento a nuestra práctica jurídico-política; habrá que cuestionar nuestro sistema republicano, ni decir del democrático, del representativo y del federal que nunca fuimos, ni somos.

De los 136 artículos de nuestra Constitución Política, solamente no han sido reformados 22: 8º.- Derecho de petición, 9º.- Derecho de asociación, 12.- Prohibición de títulos nobiliarios dentro del país, 13.- Prohibición de leyes privativas y justicia militar, 23.- Instancias judiciales, 38.- Suspensión de prerrogativas de los ciudadanos, 39.- De la soberanía nacional, 47.- De estado de Nayarit, 50.- Poder Legislativo, 64.- Dieta de los diputados y senadores, 68.- Del lugar de residencia de las Cámaras legislativas, 80.- Del depositario del Poder Ejecutivo, 81.- Del sistema de elección directa del Presidente de la República, 86.- Causas de renuncia del Presidente de la República y su calificación, 91.- Requisitos para ser secretario de Despacho, 118.- Prohibiciones a los estados de la República, 126.- Límites al Presupuesto de egresos, 128.- Protesta de los servidores públicos de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, 129.- Limitantes a la autoridad militar, 132.- De la jurisdicción de los espacios de uso común y 136.- de la inviolabilidad de la Constitución.

Desde luego no se han hecho ninguna reforma para la precalificación y profesionalización de los servidores públicos elegidos por voto directo, ni de los secretarios de la Administración Pública Federal, para que ocupen esos puestos los que se hubieren preparado para ello y sean los más capaces; pues total "vamos a aprender juntos", total, sólo tienen en sus manos el destino de una nación…

Tampoco se han hecho reformas para que los servidores públicos electos concluyan obligatoriamente su mandato y sólo puedan renunciar por causas graves, previa calificación de un Congreso Legislativo que no sea el de su entidad federativa; tampoco se han hecho reformas para el cumplimiento estricto de la ley en el manejo de los recursos públicos y prohibición total para el tráfico de influencias.

A cien años podemos concluir simplemente que nuestra Constitución estorbó a quien asumió el poder y no se aplicó correctamente, habiendo sido creada por personajes de innegable altura histórica, sin realizar los que les siguieron reformas del interés de todos, sino ser mutilada por intereses espurios.

* Catedrática del Tecnológico de Monterrey en Puebla

Las opiniones vertidas en este escrito son exclusivas del autor, no representan posición del ITESM.

preyna@itesm.mx

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