La dualidad ideológica o cómo apoderarse de un país

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Martín CORONA


16 Feb 2017

En los últimos meses los titulares de la prensa, la televisión y las noticias en general han convertido a Donald Trump en un ícono imposible de evitar. Mucho más allá de ser el presidente de los Estados Unidos, lo han vuelto una figura malvada, un medio para hablar de la parte más incorrecta de los políticamente correctos.

Sin embargo, la aparición de un villano mundial, de un depositario de lo opuesto a nuestras mejores intenciones no es casual, ni mucho menos "peligrosa" para el orden de los planes macroeconómicos, tampoco para el pequeño grupo de poderosos que dirigen al mundo.

Un titular de la semana pasada deja claro lo que afirmo: "Trump es un peligro para la economía global", cuando todo lo malo se enfoca a una persona, entonces aquello que amenaza es sin duda lo contrario, es decir, lo bueno. De modo que si un racista, bélico y maniático de lo malo hace que peligre la "economía global", entonces habrá que ir contra Trump y a favor de la globalización económica.

Lo mismo ocurre respecto a un muro. El siglo XX nos enseñó con el muro en Alemania que todo el sufrimiento, el dolor y la crisis de identidad de tener a una nación dividida deriva (o puede derivar) en una unificación que potencia el pensamiento unívoco. Es decir que después de la caída del socialismo, el capitalismo se consolidó como una postura única a nivel mundial y pareciera que en el juego de los opuestos la búsqueda es al final dejar una sola idea clara: un ganador.

Para que exista esta dicotomía siempre es necesario tener un enfrentamiento, sea de tipo bélico, ideológico o al menos mediático. Y aplicándolo a la idea de un muro entre México y Estados Unidos lo primero es el rechazo de México, sentir una fuerte necesidad de evitarlo, ponernos al mismo nivel y necesitar que no exista una diferencia tan -aparentemente- marcada. Si bien no hay noticias de que realmente se realizará, la sola idea ha llevado a que las opiniones mexicanas sean todas la misma: no queremos un muro. Entonces, queremos estar más cerca, compartirlo todo, no ser discriminados ni segregados, sino pertenecer.

Y ¿qué pasaría si México perteneciera, si toda la industria estadounidense operara en México, con prebendas y todas las facilidades? Si bien habría una fuerte inyección económica, también tendríamos una mayor dependencia, nos convertiríamos más en una colonia, en un modelo nuevo de dependencia.

Me parece que la idea de país, la idea de región no le interesa a la globalización económica, más bien las fronteras poco a poco se irán haciendo menores, se destruirán. Pero para lograr destruir algo se necesita que la gente ya no lo quiera, como pasó con el comunismo y la unificación del capitalismo a nivel mundial.

El hecho de que Trump -ese villano tonto de la tele- refuerce tanto las ideas de fronteras me parece sospechoso, tanto que no dudo nada en que la verdadera intención sea la unificación -luego de un proceso largo o corto-. Y los procesos mundiales no son buenos o malos, pero sí es necesario notar el manejo del pensamiento mundial mediante las dicotomías de pensamiento y valores del ser humano.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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