¿A qué llamamos hoy “política”?

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Martín CORONA


24 Feb 2017

Podemos observar cómo eso que actualmente llaman "la política" llena todos los sectores sociales. Y cuando menciono "política", no me refiero a la cosa pública de Atenas, ni tampoco a las leyes que rigen a un país, sino un modelo de pensamiento del cual vive muchísima gente.

Cuando un burócrata intenta hacer algo nuevo, diverso, mejorar su hacer o los procesos de los demás, todos creen que es porque quiere un mejor puesto, porque desea subir en la escalera política y le prohíben hacerlo. Es que ya se metió a "la política".

Si el jefe de manzana, un vecino o usted mismo decide mejorar su jardín, barrer "su frente" (de su casa pues) o pintar algo que no forma parte directa de su casa, todos le mirarán con duda. Y no dude que el "representante" (que generalmente es alguien que saca alguna ventaja de ese título) le pida que lo evite o simplemente le prohíba hacerlo. La justificación casi segura será que usted "quiere hacer política".

En las escuelas de todos niveles, sea por parte de padres de familia, sean los maestros o, desde la secundaria, de los propios alumnos, todos quieren hacer política. Representar a los demás da la sensación de estar "subidos a un papel", que somos mejores y, además, que podemos hacer muchas cosas que a los demás les están vedadas. Y no mencionaré el caso cotidiano de las mesas de padres, alumnos y maestros cuyos recursos desaparecen de la noche a la mañana de manera que –en serio– no mencionaré.

La política que evita cualquier cambio en la estructura, a menos que sea del nuevo líder, a menos que sea porque lo manda la nueva autoridad. La política de quien no conoce nada de política, la de un grupo de "representantes" cuyo único interés es favorecer a ciertos grupos ayudándose a sí mismos. La política de quienes desconocen la constitución, de quienes obedecen a ciegas llamadas telefónicas fantasmales a las que atienden con diligencia servil, mientras déspotas maltratan a quienes trabajan para ellos y a su alrededor, un juego de ir heredando rencores y viendo quién se la paga.

Atrás, muy atrás quedaron los tiempos de personas formadas para cuidar de su comunidad, llamados reyes, o herederos del compromiso de servir a su grupo social. El formato nunca funcionó, con sus contadas excepciones, como suele pasar con los propios políticos.

La política de la que se habla hoy es la del abuso del poder, aquella que dicta que quien no tranza no avanza, la del juego sucio a toda costa y el dinero por encima de cualquier otro interés. Sin embargo, la sociedad es quien sufre que sus "representantes" no hagan nada por sus representados, que piensen sólo en su propio beneficio en lugar de hacer algo por el grupo social al que idealmente se deben.

Muchos de estos políticos buscan sobre todas las cosas trascender, sea mediante dejar su nombre por doquier o por crear grandes obras y monumentos. Sin embargo, poquísimos han pensado a lo largo de la historia en crear modelos justo de relación y administración entre la gente. Y quienes lograron generar algo así, invariablemente los sistemas capitalistas los han destruido.

En el juego del tren del mame actual resulta política ventilar cuadernos privados, mostrar videos de fiestas, señalar las culpas de otro sin detenerse a analizar las acusaciones de quien tiene el poder. Es una pena que "la política" se convirtiera en esto, pero lo más complicado es que para lo público, para naciones y estados no se ve otro futuro que esa "política" a menos que se agote de tanto abuso y entonces sean las empresas y el capital el único lenguaje entre las personas.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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