La Mars y la educación

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Martín CORONA


06 Abr 2017

Nuestra sociedad está convencida que sólo la escuela, la academia, le permitirá "salir adelante", "ser alguien en la vida" y, en este preciso momento, ganar el suficiente dinero para tener una vida cómoda y tranquila.

Me recuerda tanto a la Edad Media, época de Europa en la cual el conocimiento era exclusivo para quienes dedicaban su vida a la iglesia, fuera como sacerdotes, monjas, monjes o cualesquier figura religiosa.

Gracias a ellos se conservaron textos griegos y romanos, pero se conservaron escondidos de la gente. Mientras el 90% del pueblo despertaba a trabajar en el campo y la artesanía, un pequeño grupo de gobernantes en la total ignorancia también gobernaban asesorados por la iglesia. Y todo para que Dios siguiera dirigiendo sus vidas.

Actualmente, la televisión, el cine, las redes sociales y el internet nos regalan una sensación de conocimiento, de libertad e inteligencia. Claro que nos llenan de información, pero ¿qué tipo de información es ésta? Un cerebro lleno de datos acerca de videojuegos, películas, actores y actrices, memes y trenes del mame más efímeros que una flatulencia en la mano.

Esa es la era de información para la humanidad: llenar el cerebro, usar la memoria para datos simplemente absurdos. Sin embargo, esos datos darán realce social, harán que el individuo pertenezca y quizá, como en el caso de los youtubers, les lleve a convertirse en figura pública a través de ello.

Y aquí entra "La Mars" una adolescente cuyo video se convirtió en trend topic a una velocidad sospechosa, sobre todo si partimos que nada se vuelve famoso sin una considerable inversión económica. Es así como funcionan las redes, a mayor inversión mayor impacto, claro que a menudo se llega a usar a alguien casi sin su conocimiento pleno.

La chica en cuestión expone su punto de vista sobre la escuela, descalificándola del todo, con la furia adolescente y la ignorancia de quien parece no entender bien a bien lo que está diciendo. Y usando su libertad: por un lado la de expresión y por otro la de abandonar sus estudios.

Pareció al inicio una especie de revolucionaria, la respuesta de la gente fue positiva. Creo que a muy pocos gusta la escuela, como tampoco gusta la oficina o el empleo, pero son de esos "males necesarios" en nuestra cultura según gran parte de la opinión pública.

Entonces todo el mundo la satanizó, una niña tonta y rica que invita a la peor transgresión: dejar la escuela. He llegado a su video por los miles de personas que hablan mal de ella y la descalifican por sistema, no por ella misma.

Sin embargo, ella ejerce la libertad que tiene en nuestro país, en México al menos la educación que brinda el estado es laica y gratuita, pero no obligatoria. Nadie puede meterte a la cárcel por no ir o no llevar a tus hijos a la escuela.

Respeto que la educación sea en la actualidad uno de los potenciadores económicos más grandes, de una u otra forma, maestros, alumnos o padres todos gastamos dinero en llevar a los chicos a la escuela, en útiles o colegiaturas; pero creer que sólo con esa inversión el trabajo de crianza está concluido es uno de los más grandes absurdos de nuestra cultura.

Antaño, los cachorros de humano eran responsabilidad de toda la comunidad, posteriormente lo fueron del estado y, ¿ahora? Ahora la escuela-estado dice que la obligación es de los padres, quienes trabajan todo el tiempo para tener dinero para mandar a sus hijos a la escuela. Y la serpiente de la responsabilidad se muerde por la cola.

Los espacios escolares se han convertido en la mayoría de los casos en sitios donde los chicos pasan mucho tiempo, tratando de aprender o ser aleccionados con metodologías frías y muchas veces ya obsoletas. La violencia, la competencia, la segregación y la falta de empatía y valores puede verse ahí con facilidad, ya que son chicos formados por la televisión más que por una crianza de su familia.

Y aquí el asunto catastrófico, ¿Para qué estamos formando a nuestros hijos? ¿Para ser como nosotros empleados de 9 a 6 pm a diario con fines de semana que estiramos todo lo posible? ¿Para ser libres y felices pero incapaces de tener una estructura de pensamiento desordenada y, por ende, incapaces de concretar nada?

Del mismo modo que no comprendemos cómo funciona el internet, los bancos, los nuevos autos y tantas cosas me nos rodean, puedo ver con claridad que no entendemos si asirnos ciegamente a la estructura escolar es la respuesta o explorar nuevas maneras como la escuela en casa y la crianza con apego son caminos válidos.

Me parece que en este desconcierto los gritos y pataletas de un adolescente podrían motivarnos a reflexionar, más que invalidar por sistema lo que no conocemos y nos invade cotidianamente.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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