Horizontes

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Tere MORA GUILLÉN


02 May 2017

Recién celebramos el Día del Niño, en lo personal tuve el privilegio de tener una feliz infancia, donde con primos y amigos salíamos a la calle, provistos de un gis, tejas de papel mojado, dibujábamos un avión en la banqueta, e iniciaba la diversión; en otras ocasiones jugábamos "resorte", "las tráes", "matatena" o salían a relucir los juegos de mesa como "lotería", "turista", "submarinos", "basta", "damas chinas", ahorcados, "timbiriche" o "gato". Pasábamos horas entretenidos, compartiendo nuestra imaginación, y cimentando lazos que a la fecha nos mantienen unidos, y recuerdos que nos evocan a nuestros años felices. 

Al menos en mi casa y en el Colegio La Florida, nos instruían y nos hacían ver que había niños no tan afortunados, sin embargo la vida como nuestro juegos era más simple, entre los seres humanos se daba una comunicación interpersonal, muy lejos estaba el futuro que sólo imaginábamos cuando observábamos divertidos y soñadores, a "Los Supersónicos" en la pantalla de la televisión.

Hoy los tiempos son otros, como también los menores, quienes al parecer ya nacen con un chip o dispositivo especial con la habilidad de manejar fácilmente cualquier artilugio de la tecnología, desde un celular hasta una computadora, ante la admiración de los mayores a quienes nos cuesta un poquito más adquirir los conocimientos para manejar los aditamentos y artículos tecnológicos modernos.

Aún recuerdo cuando niña, el entusiasmo que quienes estudiábamos en "La Florida" poníamos a las colectas anuales de periódico, para ayudar a niñas sin recursos que encontraban cobijo con las madres teresianas, en el Internado "María Goretti " de Huejutla, Hidalgo

Los tiempos han cambiado e igual el costo de la vida ahora es más difícil, es increíble y triste observar que en México, conforme a indicadores estadísticos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del 2014 al 2016, murieron por desnutrición más de 12 mil niños hasta de 5 años. Además en seis de cada diez hogares hay niños hasta de diez años de edad y de esa población sólo 66 por ciento viven con seguridad alimentaria, mientras que el resto come poco por falta de dinero, menos de lo que deberían, o aunque tengan hambre no comen.

Asimismo, el Módulo de Trabajo Infantil 2015 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo evidencia que 8.4 por ciento de los niños, niñas y adolescentes –correspondiente a 2 millones 475 mil 989- realizan alguna actividad económica.

En materia educativa las cifras no son menos lamentables, el INEGI asegura que los porcentajes más altos de niños que no asisten a la escuela se reportan en las edades de 3 a 5 años, con 49.3 por ciento, y en los adolescentes de 12 a 17 años, con 36 por ciento, situación que incrementa su vulnerabilidad a la marginación.

Cifras difíciles de digerir, aún más observar que pese a las inclemencias del tiempo, cientos de niños en la Ciudad de México pasan gran parte del día a la orilla de un crucero, jugándose literalmente la vida, ante el riego de sufrir un accidente, mientras sus progenitores ofrecen botellas de agua, dulces, o cigarros, a los automovilistas que se detienen ante la luz roja de un semáforo.

Y la situación de niñas y niños es peor aún, en diversos estados de la República Mexicana; en poblaciones de Chiapas por ejemplo, prevalecen los matrimonios de menores generalmente de 16 años –sobre todo mujeres-, con adultos.

Además este tipo de uniones se da en diversas entidades con altos índices de pobreza y marginación como Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Michoacán. Entonces hay eventos de violencia emocional, física y patrimonial que provocan depresión, alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual e intentos de suicidio.

Escalofriante situación la de nuestros niños, ojalá entre todos Gobierno y Sociedad, podamos resarcir de alguna manera el daño que han sufrido nuestros menores; sanar las heridas de su alma y sus mentes; aliviar sus cuerpos; que sea efectiva la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescente; así como saciar con políticas y cruzadas integradas el hambre y sed de los infantes.

Si queremos un mejor mañana para nuestro México, es momento de tener conciencia y juntos tomar cartas en el asunto. Luchemos juntos por salvar, educar, y hacer felices a los menores, de lo contrario seguiremos forjando delincuentes en potencia a los que igual les de delinquir, vivir que morir.

tere_mora_guillen@yahoo.com.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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