¿Es posible vivir del arte (sin beca) en México?

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Martín CORONA


25 May 2017

¿Para qué sirven las becas que el gobierno federal, los gobiernos estatales y hasta ciertos municipios otorgan a escritores y artistas en nuestro país? Pues teóricamente para apoyar la creación de productos y servicios culturales. Todo ello derivado de que la administración del recurso de la federación debe destinar una parte a las artes y la cultura, digamos que por ley desde que se crea el organismo llamado estado o gobierno. Del mismo modo hay un recurso para la "asistencia pública", como dinero para los más pobres pues, que en México lleva años aprovechado en la lotería. Ese recurso en lugar de dárselo a los más pobres se rifa, se hace en una tómbola que ayuda a quienes venden sus billetes y cachitos de lotería y a quienes resultarán ganadores de esa enorme bolsa de dinero que es ni más ni menos que del propio gobierno. Pero nadie nunca se pregunta de dónde viene el recurso, ni cómo ni por qué deben o no otorgárselo a tal o cual grupo social.

El estado tiene un organismo ahora llamado Secretaría de Cultura : "El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) fue creado con el fin de coordinar las políticas, organismos y dependencias tanto de carácter cultural como artístico. Asimismo, tiene labores de promoción, apoyo y patrocinio de los eventos que propicien el arte y la cultura."

Suena fantástico el objetivo de coordinar políticas, es decir no crearlas, sino coordinarlas de manera que se cumplan a cabalidad y en forma, lo mismo para organismos y dependencias. Si es complejo hablar de qué demonios es la cultura, mucho más complicado cuando se trata de artes. ¿Hablamos entones de la alta cultura para las élites?, ¿hablamos de la cultura popular llamada folclore?, ¿nos referimos a la imitación sistemática de esquemas y estructuras de lo que dicen que es el arte en Europa o Norteamérica?

Lo que nos queda claro es que deben promover, apoyar y patrocinar eventos. Y eso mismo hacen, mediante apoyos directos con elencos, recursos sean materiales o humanos, con ideas y estructuras para lograr ciertos eventos sean festivales, ferias, conciertos, presentaciones y un larguísimo etcétera.

Sin embargo, a quién o con qué criterios se otorgan esas becas y apoyos. De inicio mediante un comité de selección integrado por especialistas en las áreas, que a lo largo de muchos años fueron a su vez becados anteriormente, de manera que buscarán perpetuar su poder y su visión de las artes y la cultura beneficiando a un estilo o tipo de manifestaciones cercanas a ellos mismos.

Y obviamente con más 100 millones de habitantes nunca serán suficientes los apoyos, becas y demás. De modo que durante los últimos años hemos visto desfilar un corto grupo de "los mismos de siempre" que una y otra vez se becan entre sí, de hecho algunas generaciones pasadas se podían referir a sí mismas como "la mafia".

No sería un problema si ese pequeñísimo grupo creara un mercado de las artes que llegara a la gente, es decir que su trabajo creativo y sus formatos fueran incluyentes y tuvieran manera de hacer que la gente gustara de su trabajo y lo consumiera. El mundo actual requiere que todo aquel objeto creativo sea rentable, el público paga por obtener un servicio o un producto y es el consumo en masa lo que da a las industrias culturales su sentido de ser. Pues para nadie es novedad que entre mayor inversión económica más penetración entre el público y mayores ganancias. Sin embargo, las artes en México se han quedado mucho muy atrás de esta idea, imitando esquemas y estructuras que no gustan al público actual, desde salas de teatro vacías porque aquello que la gente puede ver no le interesa ni gusta, hasta librerías con poquísimos títulos de escritores mexicanos que sólo se venden cuando un maestro o escuela obliga a los alumnos a comprarlos.

Entonces, ¿necesita México artistas que sólo vendan su creatividad? No lo sé, pero al menos eso nos daría un parámetro de cómo se puede vivir en realidad del arte. Sin embargo, un país cuya legislación no contempla un rubro específico para las empresas artísticas y culturales, un país cuyo recurso para las artes pasa primero por diversos filtros políticos, un país que durante cincuenta años sólo consumió televisión basura convencido que esa era la máxima expresión de la creatividad, un país cuyos escritores viven alejados de la sociedad, un país de teatros vacíos y creadores inamovibles de su tradición y sus formas, un país en el cual la gente "culta" se preocupa más de parecerse a Europa o Estados Unidos y un tanto imposibilitada de mostrarse sea por vergüenza o porque ni siquiera se les ocurre.

En este país, cambiante, delirante, con enormes derramas económicas de la ilegalidad, ¿es posible vivir de dar servicios artísticos, de generar productos culturales rentables, de generar un mercado local, de pensar en que nuestra mayor riqueza son más de 100 millones de consumidores? ¿O será que los artistas seguirán anhelando malvivir de una beca, esclavos de los apoyos que deberán pelear contra otros, una y otra vez?

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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