Instrucciones para que un país anhele ser conquistado (por usted)

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Martín CORONA


15 Jun 2017

A lo largo de la historia es cada vez más claro que la guerra, la violencia y el conflicto generan poder a corto plazo. Es por ello que hoy me atrevo a publicar estos simples pasos para que usted sea poderoso casi hasta la eternidad. O al menos mientras la gente siga pensando de la misma manera.

Comience por casa. Busqué las características físicas, sociales y culturales de su propio país y dedíquese a predicar que son lo más "culto", "evolucionado", "divino" y "bello" del planeta. Cuando el país o pueblo a conquistar esté convencido de ello pase al número siguiente.

Llame al pueblo o pueblos a conquistar de manera amablemente despectiva. Por ejemplo: "nuestros hermanos involucionados", "los pobres y atrasados", "economía emergente urgente de rescate" y otros que lo hagan ver cómo el bueno de la película. Además deberá inventar parámetros y categorías que lo hagan ver cómo fuerte y poderoso por gracia divina, así que puede hacerle creer a todos que usted es el primero y los pueblos a conquistar los terceros o de cuarta categoría.

No escatime recursos para lograr su cometido. Haga películas, canciones, ropa, libros, universidades, tecnologías y toda clase de productos y servicios que lo hagan ver cómo el elegido por Dios, el repartidor de la democracia, el administrador unívoco de la libertad o el amable regalador de la felicidad. Recuerde que además deberá hacer que el pueblo a conquistar anhele ser como el suyo, sea mediante ropa, maquillajes o hasta cruzas genéticas.

Una vez logrado todo lo anterior. Dedique sus esfuerzos a rechazar, repeler y hacerse la víctima de una invasión sistemática y atroz por parte del pueblo a conquistar. Es decir, culpe a los otros de venir a su territorio, de copiar sus hábitos y costumbres, de querer ser como usted, de luchar por el "bienestar" que usted les vendió antes. Recuerde que los humanos son el único animal que cambia todo su entorno a partir de lo que cree, así que deberá exaltar su fe poniéndola a prueba, negándoles toda posibilidad de acceso a su "tierra prometida".

Construya un muro. Es más no lo haga usted, obligue al pueblo vecino por conquistar a que él mismo construya el muro, haga que con lágrimas en los ojos sienta que está renunciando al paraíso en la tierra que usted previamente le creó en su mente.

Espere. Espere un poco más. No se desespere. Notará que el pueblo vecino comienza a tener una inusitada deferencia hacia usted. Verá que usan su idioma, sus costumbres y hasta su manera de pensar y organizarse.

Sin que usted ni ellos se den cuenta el muro caerá en una fiesta enorme, una celebración mundial para la eternidad.

Haga que ese evento se vea como el símbolo de los valores más altos de la historia humana. Y replique esta fórmula las veces que la historia lo necesite.

Querido aspirante a dictador del mundo espero estos simples consejos le sean de utilidad y recuerde que el peor error que puede cometer es pensar que el dominio, el control y los negocios mundiales tienen rostro y son de índole personal, no pierda su tiempo y su dinero gastando en imagen y posicionamiento de marketing para su rostro, recuerde que el tiempo no se detiene, pero las ideas, la fe y el sentido de vida de los humanos jamás.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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