Patadas de ahogado

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Martín CORONA


17 Ago 2017

Cuando en el mundo alguien creyó que cada uno sirve para una cosa diferente que el otro, comenzó un juego muy tonto, una serie de ideas que hoy construyen la realidad que nos rodea. Si alguien leyó en Charles Darwin que la evolución de las especies es porque hay fuertes y débiles, aptos y desechables y lo creyó como un dogma -sin análisis, sin dudas, sin grises- entonces comenzó a ser racista.

Y ahora resulta que no es correcto serlo, cuando generación tras generación fuimos formados con esas ideas. Ya mismo el cine, la televisión, los libros y hasta la música dejan claras las ideas que sostienen al racismo en su esencia. De hecho, el liberalismo capitalista al darle importancia al individuo, a sus decisiones e ideales, sus emociones e ideas lo orilla al racismo. Sobre todo porque el capitalismo como sistema fue creado y puesto en marcha por un grupo de gente rubia que ha dejado clara su supuesta supremacía sobre los demás. Y lo ha dejado claro usando a la misma educación, diversión y promoción para ello.

En términos biológicos podríamos creer que cierta raza (y dale) de perro o gato, es más o menos inteligente que otra, de acuerdo a capacidades y formas medibles para los humanos. De manera que su valor siempre será en función de aquello que obtienen los humanos de ellos, lo cual nos recuerda tanto a las épocas de la esclavitud, en que los negros por no tener "alma" no tenían valor de iguales que los rubios. Y cómo olvidar aquel santísimo comunicado en que el Papa fue informado por Bartolomé de las Casas de que los indios sí tenían alma, con lo cual detuvieron el genocidio sistemático.

En casa

Ya mismo en casa, con nuestros propios hijos. Para nadie es nuevo que el hijo más rubito, el güerito, resulta ser el "más bonito" e, inocentemente, los padres le damos unos gramos más de carne para que no se quede chaparro, porque seguro que al tener más oportunidades hasta nos ayuda. Es muy frecuente en México ver cómo los jefes son de un tono de piel más claro, a veces ligeramente, a veces ayudados por el maquillaje, pero difícilmente verás a un rubio nacido en México realizar los trabajos más pesados físicamente. La propia idea de un jefe, de alguien que manda sobre los demás ya denota supremacía, un pueblo que tiene claro que alguien tiene más poder que el resto, que está sobre la ley que ha jurado proteger. El racismo, la idea de superioridad o supremacía está ligada por completo a la política y las estructuras de producción actuales.

Pero, ¿por qué ahora ya no?

¿Por qué no podemos seguir tranquilos haciendo que los rubios ricos hagan y deshagan con nuestras vidas y tiempo a cambio de un poco de dinero, televisión basura y futbol?

Los tiempos han cambiado, sin embargo, nadie nos ha mostrado aún cómo será ese cambio. Es decir que podemos luchar por los derechos de igualdad de todos, pero ¿en qué tipo de sistema sería posible llevarlo a la práctica?

En la actualidad, un mexicano moreno promedio acepta ser mandado por un güerito, pero jamás por un igual. Restaurantes, hoteles, universidades, calles y barrios tienen un leve dejo de desprecio por la tonalidad en la piel, persiste el racismo como parte del sistema mismo.

El hecho de que una persona pueda tener más dinero, poder y bienes sólo por sus capacidades es la base del racismo. Ya que esas "capacidades" están restringidas a una historia de vida, incluso a un estilo de alimentación. Imaginemos a dos estudiantes, ambos con excelentes promedios. Uno ha cursado su sobresaliente carrera en la educación pública, mientras que otro lo ha hecho en la educación privada. Obvio uno es moreno y el otro rubio, no hay más (al menos en México).

Ambos son muy inteligentes y capaces, pero quién estará a cargo de la dirección general y quién en la subdirección (ejecución). Es lamentablemente simple.

En la actualidad, revitalizar el conflicto racial y la idea de supremacía es muy tonto, quizá hasta absurdo. Todos sabemos que el dinero no tiene color, del mismo modo que no queremos enfrentar una realidad cada momento más dura: la nueva dictadura del algoritmo. Labores manuales, oficios técnicos y hasta algún que otro oficio creativo pasarán a manos de computadoras que mediante algoritmos dejarán sin utilidad a millones y millones de puestos de trabajo que hasta hoy ejercen los seres humanos.

Quizá para gente como Trump o los mexicanos que aún se autoconsideran de una élite (llámese políticos, empresarios, religiosos, etcétera) el racismo sea un campo de batalla; sin embargo, creo que es más un distractor, una manera de no enfrentar el problema profundo que pondrá a la humanidad en un nuevo mundo. Claro que antes de ello quizá podremos comprar un gen para ser rubios, un gen para ser despóticos, un gen para tener barba cerrada, un gen que en unos años no servirá para nada.

Más que sea bueno o malo, el racismo en este momento de la historia es -sin duda- un absurdo de esos que los mexicanos llamamos patadas de ahogado. 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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