Una mirada a Narcoamérica

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Yussel DARDÓN


07 Sep 2017

Un fantasma recorre América Latina, el fantasma del narcotráfico, y para hablar de él es necesario contar historias más allá de las cifras, ese modo tan impersonal de explicar la descomposición política y social de un espacio determinado.

El tráfico de narcóticos en América Latina ha pasado de ser un fenómeno aislado para transformarse en un modo de vida, ya que genera unos 320 mil millones de dólares anuales, lo equivalente al 1.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. Latinoamérica es ya Narcoamérica, una región que tiene a 16 de los 25 países más peligrosos del mundo: Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela con más de 30 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Además de México, Brasil, Bolivia, Panamá, Ecuador, República Dominicana y Paraguay.

En diciembre de 2011 tres periodistas emprendieron un viaje por 18 países de Latinoamérica, enfocándose en reportear el tráfico de drogas, quizás el único fenómeno que une a la región, visitando poblaciones cuyos habitantes han traficado porque resulta más redituable que el "trabajo limpio".

Cada una de las historias que recolectaron fue compilada en Narco América. De los Andes a Manhattan, 55 mil kilómetros tras el rastro de la cocaína, una publicación en la que los periodistas Alejandra Inzunza, José Luis Pardo y Pablo Ferri registraron que ni "en los lugares más remotos de la tierra falta cocaína".

El libro está armado más que como un mapa como un rompecabezas, una suerte de piezas narrativas que componen la cartografía de la cotidianidad del narcotráfico.

Así, historias de sicarios, de "mulas", personas que lavan dinero, adictos de Brasil, Perú, Bolivia, intentan devolverle el rostro a las estadísticas para manifestar que muchos de ellos se relacionan con las drogas porque "no hay de otra", personas que intentan ganarse la vida como sea, sobrevivir.

Colombia después de Pablo Escobar, campesinos de Guatemala azorados pro las pandillas de su país y por Los Zetas, Puerto Rico y Panamá como los puntos principales de negocios entre cárteles, un narco que quiere filmar una película, traficantes por casualidad, la desaparición de 43 estudiantes en México, narcomilitares, piratas, favelas, grupos élites oficiales que matan a quien esté enfrente, la legalización de la marihuana en Uruguay… todas y cada una de estas historias son las que hacen del libro algo más que un simple libro de narcotráfico ya que habla de miseria pero también de bondad, de sobrevivencia y de tragedia.

Si bien en este libro -que también funciona como bitácora de viaje- algunas de las historias pareciera no se compenetran del todo con el objetivo de trazar una geografía del narcotráfico, la publicación adquiere una valía particular pues todo aquello relacionado con este fenómeno es multidireccional.

Este libro que destaca por su agilidad narrativa, por la crudeza de sus entrevistas y por la dirección que toma en su conjunto. Sin llegar a perder el rigor de los datos, esta publicación entrega algunas historias que de inmediato se integran a las mejores crónicas que se han escrito sobre el narcotráfico, historias que no son de narcotraficantes de relumbrón, sino de personas cuyo sino es la tragedia. Algunos de ellos, claro está, la abraza y le sonríe como quien sabe que "lo bailado nadie se lo quita".

Narcoamérica… no es un cuaderno de respuestas, sino un compendio que expone desde un recorrido a pie distintas caras del tráfico de estupefacientes, un libro que sabe que tanto la prohibición y la corrupción forman parte del caldo de cultivo de la violencia y la pobreza en la región, un libro que está cierto de que es la hora del cambio.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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