Sí hay daño

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Federico VITE


10 Oct 2017

Alucinaciones (Anagrama, 2012), de Oliver Sacks, nos recuerda que la ciencia se nutre, casi simbióticamente, del pensamiento mágico. A Sacks, especialista en neurología, le debemos varios libros en los que refiere situaciones singulares; por ejemplo, el caso de un hombre que, sin problemas oculares, veía a su esposa con rostro de sombrero. El autor del libro que comentamos es un científico que narra con sencillez y claridad algunos de sus casos. Sacks es el creador del libro Despertares, base para la película homónima (Awakenings), protagonizada por Robert de Niro y Robin Williams.

Alucinación, afirma Sacks, es una forma de la conciencia estrictamente relacionada con las sensaciones, una sensación tan verdadera y correcta como si hubiera un objeto real enfrente; lo único diferente es que el objeto no está ahí. Explica que hay diferentes clases de alucinaciones, tantas como sentidos tiene una persona. Lo atractivo de este documento son los personajes, como si de una novela se tratara. Destaco el caso del naturalista Linneo, quien veía a su doble en todas partes y una vez abrió la puerta de su habitación y la cerró rápidamente. Dijo: "¡Oh! Ya estoy ahí". Otros casos son los de Alfred Russel Wallace, quien padeció malaria y en ese trance tuvo la idea de la selección natural; Zelda, una historiadora con el síndrome de Charles Bonnet -alucinaciones que ocurren cuando una persona se está volviendo ciega-, veía cómo las imágenes de un programa de televisión salían de la pantalla del televisor. Sacks también es un personaje de Alucinaciones. Relata sus experiencias con LSD y anfetaminas. Un domingo por la mañana prepara un desayuno para Jim y Kathy, dos amigos que lo visitaban, pero descubrió que esas personas nunca estuvieron ahí.

Sacks precisa que algunas alucinaciones místicas están conectadas con la epilepsia del lóbulo temporal, y si aparecen caras grotescas, éstas suelen estar relacionadas con una actividad anormal en el surco superior temporal. También señala que el origen de las alucinaciones es un misterio y están íntimamente relacionadas con el folklore y la religión. Ciertas alucinaciones pueden haber influido en la idea que tenemos de los monstruos y fantasmas; las visiones de figuras diminutas, asociadas con la migraña, pueden relacionarse con la aparición de duendes o hadas. Pudo influir en la concepción de Dios, explica Sacks, la sensación "primal" de la presencia alucinatoria de un "otro" junto a nosotros.

 Gran parte de nuestra fantasía popular, comenta Sacks, se basa en las alucinaciones, sin las cuales no podemos comprender figuras como los ángeles, las brujas y los alienígenas; tampoco, la obra de autores como Dostoievski, Evelyn Waugh, AugustStrindberg o Amy Tan, víctimas todos ellos de alucinaciones, finalmente chispazos en los circuitos cerebrales.

Para mostrar por qué atrapa de inmediato este documento, cito uno de los diversos casos: "Un día de finales de noviembre de 2006, recibí una llamada de emergencia de una residencia de ancianos en la que trabajo. Uno de los residentes, Rosalie, una mujer de más de noventa años, de repente había empezado a ver cosas, a tener extrañas alucinaciones que parecían extraordinariamente reales. Las enfermeras habían llamado al psiquiatra para que la visitara, pero también se preguntaban si el problema no podría ser de origen neurológico: Alzheimer, quizá, o una apoplejía. Cuando llegué y la saludé, me sorprendió comprobar que Rosalie estaba totalmente ciega, algo que las enfermeras no me habían mencionado. Aunque llevaba años sin ver nada, ahora "veía" cosas justo delante de ella. ¿Qué tipo de cosas?, pregunté. ¡Gente que lleva vestidos orientales!, exclamó ella. 'Con telas drapeadas; suben y bajan escaleras. Un hombre que se vuelve hacia mí y sonríe, pero en un lado de la boca tiene los dientes enormes. También veo animales. Un caballo con un arnés, quitando la nieve, pero cambia sin cesar. Ahora veo muchos niños; suben y bajan las escaleras. Llevan colores vivos: rosa, azul, como un vestido oriental'. Rosalie, mientras alucinaba, tenía los ojos abiertos, y aunque no podía ver nada, sus ojos se movían de aquí para allá, como si de hecho estuviera mirando algo. Ese gesto de mirar o escudriñar no ocurre con las escenas imaginadas; casi todo el mundo, cuando se concentra en sus imágenes internas, tiende a cerrar los ojos o a poner una mirada abstraída. Nadie espera descubrir nada sorprendente o novedoso en sus propias imágenes, mientras que las alucinaciones pueden estar llenas de sorpresas".

Esta compilación de relatos documenta que las alucinaciones, en algunos casos, se pueden explicar mediante la biología. No siempre se habla de locos cuando alguien ve lo que no está y, a propósito de entender la realidad alucinando, me pregunto.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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