¿Es el dinero la única forma de progreso?

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Martín CORONA


12 Oct 2017

En los últimos años la única manera de relación entre las personas es el dinero. Si bien antaño nos unían vínculos amorosos por consanguinidad, ahora nuestras relaciones familiares se reducen a dinero. A los padres y abuelos se les manda dinero para que estén bien. A los hijos se les mantiene en la mejor escuela posible, con los mejores talleres complementarios por la tarde, con los mejores teléfonos o tabletas y todo ello redunda en dinero. Inclusive las bendiciones y los buenos deseos ahora se traducen en apoyos a fondeadoras y proyectos de auto gestión.

La vida familiar se decide con la consigna de unir fuerzas económicas, pues para nadie es nuevo escuchar cosas del tipo: "la amo, pero casarnos es imposible, aún uniendo nuestros créditos hipotecarios no nos alcanzaría para el departamento en Lomas". Y ni qué decir de otro hijo o una pequeña mascota, imposible sin el ascenso, impensable sin un ingreso extra.

Y la vida de la humanidad se reduce a estudiar durante veinte años o más para obtener un empleo que les permita pagar una renta o una casa y tener hijos que, a su vez, estudien durante veinte años para, nuevamente, repetir el esquema hasta ¿el infinito? No.

La estructura de bienestar y esta fórmula de vida que el capitalismo generó después de la Segunda Guerra Mundial están llegando a su punto máximo que, para nada, es ideal en la vida de las personas.

Si bien debemos reconocer ventajas de este sistema económico: disminución significativa de guerras y pandemias, una mejor calidad de vida y hasta su prolongación en muchísima gente, no podemos considerar que este camino nos pueda llevar como sociedad a cosas mejores. Podemos ver a nuestro alrededor una contaminación de la tierra y el aire como nunca antes, la proliferación de nuevas enfermedades que cada vez con más frecuencia se acercan a la vieja idea de pandemia, una desigualdad económica que cae en el absurdo. Sin embargo, la lógica del capital siempre va hacia adelante, hacia el "progreso" y el crecimiento. El conflicto al que nos enfrentamos hoy es ¿a dónde se puede crecer?

Contrario a lo que pudiéramos creer los mercados comienzan a estar saturados, cada vez es más común darse cuenta que basta un par de meses de espera para que los productos y servicios de la economía global bajen sus costos, porque el mercado pide más pero en menores cantidades. De manera que las nuevas estrategias de mercado contemplan a diversos tipos de consumidor de acuerdo a factores como novedad y poder adquisitivo, con lo cual el tiempo depreciará casi todos los productos, por ello siempre la industria estará buscando generar nuevas cosas. Parece un esquema muy bueno, a menos que se tome en cuenta factores como el uso de recursos naturales, la basura y los desechos que producen y, sobre todo, las nuevas maneras de producción que buscan sólo beneficios económicos para la empresa. Este último punto tiene un aspecto muy duro: la robotización, con los cual la mano humana queda sin empleo.

Si en este momento bancos, gobiernos, industrias y hasta servicios se decidieran a invertir en la mecanización de sus procesos habría miles de millones de desempleos. Entonces, de qué manera esos sistemas podrían operar dado que no habría consumidores, ciudadanos ni gente haciendo que el dinero siguiera girando en ese círculo del capitalismo.

Quizá y sólo quizá, sea momento de comenzar a pensar de otra manera nuestra estructura social. Dejar atrás la idea de crecimiento y beneficio a cambio de conceptos nada nuevos pero sí vigentes como calidad de vida o bienvivir (citando a Edgar Morin), en los cuales los gobiernos dejen de hacer negocios para sí mismos y sus grupos y vuelvan a generar estructuras y esquemas de relación en nuestra sociedad.

Sin embargo, para lograr esto es necesario cambiar nuestras maneras de hacer la realidad. En este momento, sin que seamos totalmente conscientes de ello, hay una revolución ideológica, un nuevo pacto en las relaciones humanas, una sociedad que puja por igualdad, respeto y transparencia. Y si no comenzamos a trabajar ahora mismo en estas nuevas formas quedaremos relegados y anquilosados, mirando cómo se nos escapa el mundo. Es momento de re pensar si el dinero, sea en efectivo, en el banco o moviéndose por cualquier vía legal o ilegal, es una base para el futuro próximo de nuestra especie.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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