¿Se ha beneficiado México del Libre Comercio?

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Renata ZILLI


10 Dic 2017

Hoy en día, todos escuchamos que el tema del momento es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y vemos que todo mundo opina, consulta, habla, platica en la mesa, con sus papás, con sus amigos, en las noticias, en twitter, etc. Y tratamos de elucubrar si es un acuerdo que ha beneficiado o perjudicado a nuestro país.

Existe un amplio número de estudios (especialmente aquellos que se realizaron cuando el TLCAN cumplió veinte años de su entrada en vigor) que analizan los efectos positivos y negativos que trajo consigo para le economía de México, con la finalidad de hacer un balance de resultados al cabo de estos años. Pero antes de emitir un comentario que apoye o rechace alguna de estas posturas, quiero invitar al lector a realizar un viaje en el tiempo y conocer las causas que nos trajeron hasta aquí, para dar la dimensión de lo que había antes de la era TLCAN.

Si nos remontamos a la década de los 70sy 80s, nos encontramos con un México cerrado, proteccionista, con barreras arancelarias altas, con poca inversión extranjera y dedicado a la exportación de un solo producto y sus derivados, el petróleo (el 80 por ciento de las exportaciones) y cuyo destino final eran los Estados Unidos de América. Por un momento este modelo funcionó ya que los altos precios del petróleo permitían obtener grandes utilidades. Tanto, que el petróleo fue el mejor aval para el gobierno de López Portillo para solicitar préstamos internacionales.

Todo marchaba a la perfección y nos preparábamos para administrar la abundancia, hasta que ocurrió lo inevitable: la caída de los precios internacionales del petróleo. Ahora, imagínese, si aplicáramos la misma lógica de aquellos años a nuestros días ¿Sustentaría usted el modelo económico de un país, en la producción y exportación de un solo producto, que encima es escaso y volátil en su cotización? Desde luego que no. Nadie en su sano juicio haría esa gran apuesta. De esta forma se explica lo que sucedió, pues al estar concentrada toda la exportación en un solo producto, cuando el precio del barril cae entramos quizá en una de las peores crisis financieras de la historia moderna de México. Vale la pena mencionar que los grandes economistas mexicanos como el hasta hace diez días Gobernador del Banco de México el Dr. Agustín Carstens se formara y forjara en este periodo.

Ante esa situación, nuestro país comenzó a buscar otro tipo de recetas y otro tipo de métodos para compensar su balanza comercial concentrada en un solo producto. En ese escenario, México reconsidera entrar al GATT (General Agreementon Trade and Tariffs) y este se convierte en la primera entrada de México en la arena del comercio internacional. Previo al GATT los procesos de importación y exportación eran muy complicados y debido a las altas cuotas arancelaria será muy costoso traer productos del extranjero. En los anaqueles de los supermercados la oferta no era variada y nuestra gama de productos para el consumo era muy limitada. Lo mismo sucedía en la industria.

A la postre, el GATT daría paso a la Organización Mundial del Comercio, de la cual México es parte. En ese camino, México encarrilado en los temas de comercio internacional, hizo mucho sentido empezar a tener un tipo de economía modernizadora, globalizadora, encaminada al desarrollo exportador y a la protección de las inversiones. Este andamiaje principalmente legal y económico nos permitió plantear la entrada de nuestro país al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el tratado más ambicioso de su tiempo.

A la fecha, nuestra economía aún en desarrollo, es estable. Aún el más crítico de la, no podrá negar que las políticas macroeconómicas han sido disciplinadas. Y en lo que refiere a lo comercial, México le ha apostado a la diversificación de sus exportaciones. Actualmente, alrededor del 80 por ciento las exportaciones son de manufacturas, del cual el 30 por ciento corresponde al sector automotriz. Las exportaciones petroleras únicamente representan el 7 por ciento, lo cual también ha contribuido a la estabilidad.

Entonces, ¿se ha beneficiado el país de la apertura comercial? Sin duda. No sólo en el hecho que los productos mexicanos tienen como destino mercados internacionales en los cinco continentes. También hemos sido destino de grandes flujos de inversión extranjera directa, que a su vez se ha traducido en la fuente de cientos de miles de empleos. Desde luego hay temas pendientes en esta materia por resolver, pero al día de hoy, familias, comunidades, ciudades y estados se han beneficiado de la atracción de las inversiones. 

Ahora bien y para finalizar es importante entender que un tratado comercial no puede resolver todos los problemas de una nación. México tiene asuntos pendientes que, de no atenderlos corre el riesgo de caer en un bache económico y nunca dar ese salto tan añorado: la desigualdad, la falta de transparencia, los altos niveles de corrupción, la inseguridad, la baja infraestructura, servicios de salud y educativos deficientes.

Desde luego el próximo presidente de México tendrá un enorme reto, pero también la sociedad civil, las empresas, las universidades, etc. Del mismo modo que cometeríamos un error al esperar que un instrumento comercial resuelva todas nuestras penurias, sería absurdo pensar que sólo el gobierno es el único actor capaz de contribuir al desarrollo de este país. Para convertirnos en un país de primer mundo, primero debemos empezar a pensar como tal.

@renata_zilli
renatazilli@itesm.mx
*Directora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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