El desierto luminoso de Kenia

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Federico VITE


28 Dic 2017

Qué es el qué (Random House Mondadori, México, 2008, 527 páginas), libro en el que David Eggers recurre al narrador en primera persona para darle voz a Valentino Achak Deng, uno de los miles de niños perdidos de la Guerra Civil de Sudán. Eggers cuenta, sin caer en el melodrama, la travesía a pie de un infante por Etiopía y por Kenia, la vida de un chico que transita de un país a otro, de un continente a otro, para sobrevivir. Salva la vida de los leones que buscan su alimento, ocultos en el paisaje nocturno de la sabana, de los militares que intentan reclutarlo como soldado, de los campos minados; pero sobre todo, del hambre y la soledad. Aunque el autor decidió llamar novela a este documento (para recrear conversaciones con mayor libertad, manipular tiempo- espacio y agregar detalles relevantes sobre el contexto histórico de Sudán), este libro se ubica en la no-ficción, las memorias y la autobiografía. 

Con Qué es el qué, Eggers nos recuerda una profunda y conmovedora sentencia de Gilles Deleuze: toda tristeza es el efecto de un poder sobre mí. Sobre ese andamio emotivo, el autor consigna el triunfo agridulce de Valentino, quien tras largos padecimientos tanto físicos como sentimentales consigue que Estados Unidos, después de neuróticas sesiones burocráticas y entrevistas de evaluación psicológica, le conceda asilo. Presuntamente, el sufrimiento para Achak culminaría con el arribo a Estados Unidos, pero la novela comienza ahí, en un altercado de apariencia doméstica, un robo a mano armada en casa de Valentino. Ese hecho consuma una preocupación vital que verbaliza el protagonista del libro: ¿Nunca voy a dejar de combatir?

El valor de Qué es el qué no sólo radica en la narración del periplo trágico, sino en los dispositivos literarios que usa el autor para revestir este relato de fácil lectura y espléndido manejo del suspenso. A ratos sobreinformada, la novela mantiene siempre el punto de vista del narrador, el humor y el tono agridulce de quien cuenta el pasado esperando atención médica en un hospital, donde tanto el recepcionista como los médicos ignoran a Valentino. Confinan a ese hombre a una silla y espera. Espera, él es muy paciente.

El plus de Eggers consiste en retomar, durante las últimas 100 páginas del libro, la gran apuesta de esa mutación llamada realismo sucio norteamericano: reflexionar sobre Estados Unidos desde diversos puntos de vista. El autor pone en perspectiva los sueños de una población flotante que llega a su país con el anhelo de crecer económica y laboralmente, de ser feliz, pero como lo demuestra Valentino, no bastan las buenas las intenciones. El terrorismo, la delincuencia, los problemas raciales; el odio sumado al rencor social forman parte del caldo de cultivo que puede propiciar un serio problema en Estados Unidos.

Gracias a Mary Williams, activista política relacionada con los niños perdidos que residen en Estados Unidos, hija adoptiva de Jane Fonda (sus padres biológicos estuvieron en las Panteras Negras), Eggers conoce a Valentino AchakDeng, joven sudanés que deseaba contar su historia por escrito, pero no sabía cómo. Mary consumó el encuentro. Eggers grabó las entrevistas con Deng durante tres años y en ese lapso concibieron la estructura del relato. Finalmente, Eggers cuenta la historia de Deng respetando la voz y el punto de vista.

La experiencia de los niños perdidos de Sudán es una de las más impactantes de la historia. Aproximadamente 17 mil infantes, en 1987, escaparon de Sudán cuando las poblaciones fueron invadidas por el gobierno árabe y defendidas por el gobierno musulmán de Jartum. Los chicos formaron grupos y caminaron hacia Etiopía, donde armaron un primer campo de refugiados. En el camino, murieron de hambre, fueron comidos por animales salvajes, fueron asesinados por bombas lanzadas desde aviones (ellos creían que se trataba de comida), fueron secuestrados por murahaleenes que los tomaron como esclavos, fueron reclutados por el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés. De Etiopía también huyeron. Siguieron el peregrinaje hasta Kenia, ahí formaron otro campo. Esta novela, intenta sondear la crueldad de las guerras del petróleo. Cito a Valentino: "He viajado ocho kilómetros en un camión repleto de cadáveres. He visto morir a demasiados niños en el desierto: algunos como si se durmieran, otros después de días de locura. He visto cómo tres chicos morían en las garras de los leones, devorados al azar.Y pese a todo, en este momento, tendido en el sofá con la mano húmeda de sangre, descubro que echo de menos África. Echo de menos Sudán, echo de menos el profundo desierto pardo del noroeste de Kenia. Echo de menos la nada ocre de Etiopía". Me conmueve que alguien como Eggers, un rockstar del mundo editorial, ejercite la compasión y se enfrasque en la empresa Qué es el qué. Todo el dinero que recaude esta novela es destinado a la Fundación Valentino AchakDeng, que se dedica a ayudar a los sudaneses en Estados Unidos y a reconstruir los pueblos en Sudán.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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