Intervenciones rusas, incoherencias del gobierno de Trump y México

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La Rusia de Vladimir Putin se ha caracterizado por emplear tanto la diplomacia blanda como la dura para posicionarse en el plano internacional, y de forma reciente se ha dado a la tarea de generar estrategias para intervenir en procesos electorales en diferentes partes del mundo con el propósito de imponer candidatos afines al Kremlin, como ocurrió en noviembre de 2016 durante las presidenciales de Estados Unidos. Dichas acciones, violatorias a la soberanía de los Estados, podrían ser retomadas, según Washington, en el proceso que servirá para elegir al nuevo inquilino de Los Pinos, lo que sin duda obliga a reflexionar sobre hasta qué punto la injerencia extrajera puede o no ser determinante en la elección del nuevo mandatario mexicano.

En principio de cuentas es preciso señalar que el poderío económico de Rusia, basado en la exportación de gas y petróleo, le ha permitido a las empresas de ese país y al propio Putin influir cada vez más en la toma de decisiones económicas y políticas, así como ampliar su diplomacia blanda a través de inversiones en Europa, Asia y África. Al mismo tiempo, el Estado ruso cuenta con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, es el segundo mayor exportador de armas, sólo debajo de Estados Unidos, y posee el mayor arsenal nuclear, unas 7 mil ojivas en su inventario, 200 más que los estadounidenses, de acuerdo con el estudio más reciente publicado en 2017 por el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).

Sin lugar a dudas, Rusia es un protagonista en el actual orden internacional y es un contrapeso a Estados Unidos, país en el que intervino en 2016 por medio de piratas informáticos para robar información comprometedora al comité de campaña de la entonces candidata demócrata Hillary Clinton y que después fue difundida. A la par, una serie de empresarios y el propio embajador de Rusia en Washington, Sergey Kyslyak, se reunieron con integrantes del equipo de campaña de Trump, incluidos el yerno del actual presidente estadounidense, Jared Kushner, y su hijo Donald Trump Jr, en una clara violación a las leyes electorales y de seguridad nacional estadounidenses.

La injerencia rusa, que se encuentra bajo investigación y ya costó la renuncia de integrantes del gobierno de Trump, no fue el único factor que permitió el triunfo del empresario –habría que considerar el hartazgo de una parte importante del electorado que no se veía reflejado en la propuesta política de Hillary, así como la conexión lograda por el entonces candidato republicano con grupos de ultraderecha, nacionalistas y xenófobos; sin embargo, sí influyó en el desarrollo de la elección presidencial.

Al igual que en Estados Unidos, los rusos han puesto en práctica las mismas estrategias de ciberataques y de "enviados especiales" para impulsar a candidatos en elecciones federales y locales, así como en referéndums y consultas realizados en países como Francia, Alemania, España y Reino Unido. Sus objetivos son simples: 1. Apoyar propuestas o a candidatos que puedan ser afines a Moscú y 2. Desestabilizar la vida interna de esos países para que Rusia se siga consolidando como potencia en el concierto internacional, pues a "río revuelto, ganancia de pescadores".

Al respecto, el pasado viernes 2 de febrero el secretario estadounidense de Estado, Rex Tillerson, aconsejó a las autoridades mexicanas estar alerta ante la posibilidad de que Rusia intervenga en el proceso electoral de julio próximo. La declaración debe de ser tomado con pinzas, ya que Estados Unidos carece de cualquier autoridad moral para dar consejos cuando la actual administración norteamericana hace todo lo posible por ocultar que los rusos apoyaron a Trump en 2016, además basta recordar que la injerencia de Washington en los procesos electorales realizados en diferentes épocas en América Latina y el Caribe era y sigue siendo habitual.

Más le valdría a Tillerson y a las demás autoridades estadounidenses blindarse de la injerencia rusa para evitar que en las próximas elecciones legislativas de medio término, a celebrarse en noviembre de este año, la balanza se incline otra vez hacia candidatos afines a Vladimir Putin, quien desde 2000 conduce los destinos de Rusia y es un modelo a seguir para Trump.

En el plano interno, las posiciones estridentes de personajes como Javier Lozano, que sin pruebas acusa al precandidato presidencial del partido Morena de estar coludido con los rusos, así como la mofa que de esta misma situación ha hecho el propio Andrés Manuel López Obrador, ahondan en el descrédito que se tiene del sistema electoral mexicano.

Al Instituto Nacional Electoral (INE) y a las autoridades federales y locales les corresponde hacer lo que las leyes dictaminan para evitar cualquier injerencia extranjera, ya sea física o virtual, en el proceso que viviremos en julio próximo. La interferencia rusa es una posibilidad, pero también lo es la estadounidense, así que el reto es garantizar cancha pareja para los candidatos, evitar en la medida de lo posible la cooptación del voto, castigar con severidad las actividades ilícitas durante la jornada electoral y propiciar la participación activa de la ciudadanía, no sólo al momento de sufragar, también en el proceso de rendición de cuentas a los próximos gobernantes, a los que siempre hay que recordarles que son empelados cuya responsabilidad es la de generar el bienestar común, no sólo el de sus familiares y amigos.

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Profesor e investigador de tiempo completo adscrito al Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y profesor de cátedra en el ITESM Puebla.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de El Popular, diario imparcial de Puebla

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